Los Süller, una familia muy normal

Cuando algunos creían que estaban superados, el Clan Süller volvió con plantel completo a copar la televisión.

Antes que Ricardo Fort, los gatos, Virginia Gallardo y las canciones de Sandro y Pitbull cantadas con voz impostada en Miami; existieron Los Süller. Mucho antes que Zulma Lobato, Anabela Ascar y las piñas de Torry y sus secuaces; existieron Los Süller. No existía el Eje del Mal de la revista, Carmen Barbieri ni se había inventado el Metacril para ponerse en los glúteos y Los Süller ya hacían de las suyas. Casi tanto como los Tinayre-Legrand o los Ortega, y pese a quien le pese, Los Süller son una pieza importante del mundo del espectáculo argentino.

A excepción de algún exabrupto aislado de Silvia, el circo de la paternidad de Guido o algún escándalo de poca monta; en los últimos años la televisión le dio a esta familia de mediáticos poca pantalla. Hasta ahora.

Los Süller volvieron con todo y quieren revancha. El regreso se dio, como en una buena secuela de Hollywood, de la mano de un personaje secundario que salió de las sombras con grandes revelaciones. Se trata de Marilyn, la hija de Silvia. La bella joven ya había sido noticia en 2007 cuando se sentó en el living de Susana y contó que había decidido escapar de la casa materna para refugiarse en lo de su tía. Ya no soportaba más a la ex de Silvio Soldán.

En ese momento su aparición sorprendió a algunos, pero se dio en el marco de la participación de su primo, Sebastián Graviotto, en la quinta edición de "Gran Hermano". Con una dicción que hace sonar a Silvina Escudero como una chica del interior y el latiguillo "boló" a flor de piel; Sebastián podría ser tranquilamente un personaje de Fernando Peña, con su look de Punta del Este y su inocultable pasión por las cámaras.

El público, sin embargo, no se entusiasmó mucho con el sobrino de Silvia y duró menos en el reality de Telefe que Martín Lousteau en el Ministerio de Economía, dejando descolocada a Marilyn. Pero la semana pasada fue entrevistada casi sin querer a la entrada de un boliche por "Infama" y se despachó contra su madre y su tío, Guido.

"Hicieron de mi apellido una burla, no quiero tener nada que ver con ellos", dijo con algunas copas de más la joven. Ni lerdo ni perezoso, Santiago del Moro –una suerte de Chucky, el Muñeco Maldito local- la llevó a los estudios de América y dejó que se descargara sobria contra toda la prole. Su primo Sebastián, obvio, se mantuvo bien cerca y la ayudó con algunos argumentos.

A pesar de los años de anonimato, y de jurar mil veces que ella no quería fama, la más chica de los Süller se movió como una profesional y dejó en claro que tiene la belleza de su progenitora en sus años mozos.

Tan fuerte fue su aparición, que Silvia terminó internada de urgencia y saliendo al aire con el suero puesto desde su celular con Viviana Canosa, entre sorprendida y enojada por la buena performance de su retoño en pantalla. Pero ni bien le dieron el alta, eligió su mejor peluca y se instaló en el sillón de la ex colorada, que cada vez ve más lejos su viaje a Haití y sus misiones solidarias.

Inspirada por el tema que mejor maneja –los bolonquis familiares- Silvia se descargó con todo contra su hermana, su madre, su hija, su sobrino y los Graviotto en general. Desde acoso sexual hasta drogadicción, no hubo delito o vicio que no le recriminara. También se sumó Guido a la pelea, secundado por Tomasito, que a esta altura nadie sabe bien qué demonios hace ahí, pero se mete y levanta el rating.

Mientras crecen las sospechas de que Marilyn y su primo sólo quieren entrar en "Bailando por un sueño" –que este año tendrá a varios hijos de famosos entre sus filas- el Clan Süller sigue copando programas y amenazando con hacer revelaciones que, francamente, a nadie le interesa realmente.

Quizás sea hora de pedir una muestra de sangre y comprobar si no existe en los Süller una suerte de gen televisivo mediático, que los lleve a vivir todas sus alegrías y miserias a través de una pantalla de televisión...

¿Qué hazaña les falta hacer a los Süller?