Jim Carrey: "He tenido navidades muy oscuras cuando no era feliz"

 El actor encarna a ocho personajes en "Los fantasmas de Scrooge", adaptación del "Cuento de Navidad", de Dickens. Carrey habla del filme y de su difícil relación con las fiestas.

Jim Carrey se ríe cuando le recuerdan que él es uno más en la lista de los que actuaron el clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens, detrás de la rana René, Barbie, Mr. Magoo y Mickey Mouse. Su actuación en Los fantasmas de Scrooge, la versión animada en 3D dirigida por Robert Zemeckis que estrena este jueves, es excepcional ya que el actor debe interpretar ocho personajes, incluyendo al protagonista en diferentes etapas de su vida y a los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras. "Lo increíble de todo esto es que yo odio la Navidad tanto como Scrooge y el Grinch, y Hollywood se empeña en contratarme para hacer películas navideñas", revela Carrey.

En Los Angeles, rodeado por los otros excelentes actores que lo secundan en la película (Bob Hoskins, Colin Firth, Robin Wright, Gary Oldman), Carrey termina aclarando que sus problemas navideños se terminaron junto con su infancia depresiva y que ahora, después de años de terapia, aprendió a disfrutar las fiestas en paz.

"Lo que más me atrajo de esta película, además de la posibilidad de poder trabajar con un genio como Robert, es que la historia de Dickens habla de redención y de la posibilidad de que todos los seres humanos terminemos encontrando la luz que llevamos escondida adentro", reflexiona.

Es conocido el interés por la espiritualidad del comediante, a quien sus colegas describen como "único". "Solo él -dice Zemeckis-, podría haberle dado vida a Ebenezer Scrooge y a los fantasmas navideños con tanto derroche de talento". La película fue filmada con la técnica de "captura de movimiento" -que Zemeckis ya usó en El expreso polar y Beowulf-, en la que se le ponen marcas en la cara y el cuerpo a los actores y se los hace actuar como si fuera en el teatro para luego capturarles digitalmente las expresiones faciales y corporales y traducirlas a imágenes animadas. El parecido de cada uno de los personajes con los actores que los interpretan es increíble y es fácil ver a Carrey detrás del Scrooge animado.

Aunque la película fue calificada como sólo apta para menores de 13 años en los Estados Unidos, Carrey opina que los más chicos pueden verla sin problemas. "A los chicos les encantan las historias de fantasmas. Le mostré algunas imágenes a Evan (el hijo de su mujer Jenny McCarthy) que tiene siete años y se fascinó. A esa edad les gustan las historias de suspenso y de terror, creo que eso está en la naturaleza humana".

Dickens narra en su relato la historia de un viejo avaro y ermitaño que detesta ver gente feliz y odia especialmente la Navidad. Hasta que un 24 de diciembre se le aparecen fantasmas que lo hacen recorrer su historia y entender por qué se ha convertido en lo que hoy es.

"Podría ser una historia actual, quizas Robert cree que eligió reinterpretar a Dickens, pero la verdad sea que Bob fue elegido para recordarnos esa historia que representa la codicia y el egoísmo financiero que nos ha llevado a la ruina. En ese contexto, Scrooge sería un empresario cabrón de los muchos que circulan por ahí". Carrey, afectado él mismo por los problemas financieros en Wall Street, le da más significado todavía a su metáfora.



¿Qué opinión te merece un tipo como Scrooge?

Creo que en el fondo es un chico abandonado. Hay que entender en este mundo a la gente que no es amada; muchos problemas parten de ahí. En la película se ve como hasta los 35 años todavía intenta ser positivo, pero luego abandona el optimismo y se convierte en ese anciano oscuro y renegado. Parece que está basado en un personaje real, un miembro del parlamento tan avaro que usaba todos los días la misma ropa.

¿Fue obra tuya agregarle esa cuota de oscuridad?

Quise capturar su amargura, que claramente es el resultado de una vida sin amor. Y eso se traduce en su salud, me lo imaginé con artritis y también con problemas de acidez, por lo que la amargura emocional debía sentirla también todo el tiempo en su boca. Puede ser muy vil, pero en el fondo está gritando, pidiendo ayuda. Es un hermoso personaje para componer, alguien que no puede amar porque siente que nunca fue amado.

¿Su redención lo hace interesante?

Yo no creo que haya gente mala, creo que adentro de sí mismas, las personas tienen el potencial de realizarse y convertirse en buenas. Cuando Scrooge se redime sobre al final, más que una transformación, lo que ocurre es que reaparece un alma que siempre ha estado ahí. Su propia psiquis regresa en la forma de esos fantasmas y espíritus para recordarle quien es de verdad.

¿Fue muy complicado interpretar a tantos personajes?

A veces fue muy confuso, especialmente cuando tenía que trabajar de fantasma y de Scrooge, y ambos estaban comunicándose entre sí. Tuve la suerte de contar con la ayuda de un gran actor, y uno de mis mejores amigos, Cary Elwes, quien se hacia pasar por mi otro yo en esas escenas. Me encantó poder desarrollarlos a todos, cada uno con su acento particular, con sus sutilezas. Todos los personajes fueron interesantes de interpretar. Psicológicamente, Scrooge me dio lo que me gusta, la posibilidad de romper a pedazos a una persona para sacar lo que hay oculto encerrado en su interior.

Has sido el Grinch de Dr. Seuss antes que Scrooge. ¿Por qué crees que te toca actuar personajes tan antinavideños?

Creo que, de alguna manera, Scrooge es el Grinch original. Esa pregunta de "¿por qué yo?" me la he hecho muchas veces. Y creo que al final todo termina teniendo sentido. He tenido Navidades oscuras cuando no era feliz. Puedo entender muy bien ese sentimiento de aislamiento, de sentir que uno no es lo suficientemente bueno y de no querer que la gente te vea quebrado. Y por eso terminás convirtiéndote en ese odiador profesional de las fiestas. Si uno mira bien, hay mucho dolor escondido adentro del que dice odiar la Navidad.«