Tener una "vagina perfecta" ¿tiene sus riegos?

El rejuvenecimiento vaginal es una práctica quirúrgica cada vez más popular, aunque nadie habla de sus riesgos.

Las operaciones quirúrgicas para mejorar la apariencia de los órganos sexuales por motivos físicos o psicológicos están en aumento.

En Argentina tenemos los casos de famosas como Alejandra Padrón que confesó "haberse arreglado la nena" y de Adabel Guerrero que contó que se hizo una cirugía para reducir los labios vaginales ya que le provocaba molestias.

Ante este fenómeno, investigadoras británicas del University College de Londres realizaron un estudio para conocer sus riesgos. Lo que hicieron fue revisar todos los estudios que existen sobre cirugía estética vaginal.

Según los numerosos estudios de mujeres británicas que fueron examinados por las investigadoras, las principales razones para la cirugía son: insatisfacción por el aspecto de la vagina, baja autoestima y dificultades sexuales.

Para una de las autoras del informe, la ginecóloga Sarah Creighton, lejos de aliviar los problemas sexuales, la intervención quirúrgica de la vagina podría aumentarlos al dañar los nervios del área, afectando la sensibilidad y la satisfacción sexual.

Creighton también indica que las mujeres que se someten a estos procedimientos podrían tener problemas en el parto –desgarros y hemorragias- similares a los que pueden enfrentar quienes han sufrido mutilaciones genitales.

Sin embargo, no todos los cirujanos plásticos opinan lo mismo. En contraposición hay quienes creen que las advertencias del citado informe exageran los riesgos del procedimiento.

El ex presidente de la Asociación Británica de Cirujanos Plásticos, McGeorge le dijo a la BBC que la operación estética "se trata esencialmente de remover un poco de carne flácida y de dejar unos labios con aspecto elegante. La intervención no afecta la función sexual".

Por su parte, la cirujana Angelica Kavouni, experta en cirugía vaginal, opina que no es correcto "aterrorizar a las pacientes" con la idea de consecuencias negativas a largo plazo, y que "cualquier intervención mal efectuada acarrea riesgos, pero si se hace adecuadamente no tiene por qué".

Las intervenciones más frecuentes consisten en reducir el tejido de los labios vaginales y se ofrecen como solución a distintos problemas: algunas mujeres se quejan de que se sienten incómodas al usar ropa ajustada o al usar una bicicleta, mientras que otras dicen sentirse avergonzadas delante de sus compañeros sexuales.

Al respecto, Creighton y la psicóloga Lih-Mei Liao –la otra autora de la investigación- cuestionan el valor ético de ofrecer cirugía para resolver ese tipo de inseguridades.

Según las expertas, lo que causa tales ansiedades es la presión social y la publicidad de "una apariencia genital homogeneizada y prepúber". Como alternativa a la cirugía, opinan Creighton y Liao, es preferible el apoyo psicológico.