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Julio Bocca: El gran DT

Dirigió anteayer, por única vez, la "Gala de estrellas de la danza", en el Teatro Real de Madrid. Recibió una ovación. En
una charla íntima reconoció que no extraña bailar, que vive feliz en Montevideo, y que ahora come y toma lo que le gusta.

No pudo ver el último partido de la Selección, pero sabe que la Argentina ha jugado mal. Sabe, porque sabe de fútbol, que "hay muchas figuras, pero no hay equipo. Cada uno hace su juego, como aislado, pero la pelota no circula, no se abre la cancha, no se ve, o no veo yo todavía, una idea integral". Su mirada llega dos días después de la derrota ante Paraguay y un día antes de la "Gala de estrellas de la danza" -con representantes de distintos países-, que lo tendrá como director artístico ante un Teatro Real colmado. Y, 24 horas después, terminada la función, queda claro entonces que los once bailarines que eligió para montar un soberbio espectáculo en la emblemática sala de Madrid lo mostraron como un sutil armador de equipos, donde el todo, finalmente, fue más que las partes. Julio Bocca, el gran DT del dream team de la danza.

Fiel a su estilo de ego dominado, aún en los tiempos del American Ballet Theatre, confiesa que "esto no lo hago para mí. Lo disfruto, claro, pero no lo pienso desde mí: quiero un espectáculo de nivel y voy a defender ahí arriba lo que es este arte". Lo dice en la noche del viernes, con una bermuda azul y una remera con la cara del Negro Olmedo. Al día siguiente, ya de traje oscuro y emoción instalada, se hace eco de sus palabras y sube al escenario para el saludo final -justo cuando Eleonora Cassano lo va a rescatar de las penumbras de entre cajas-, pero apenas cae el telón, desaparece. Y cuando se abre, él ya no está.

De los 6 minutos y 40 segundos que duró la ovación, Bocca sólo estuvo frente al público un instante, lo suficiente como para ser agradecido. Y en escena, dos bailarines españoles, tres argentinas, dos daneses, un cubano, un brasileño, un francés y un alemán (ver Función...) reciben el apaluso sostenido de las 1.750 personas que fueron testigos de una gala de excelencia, como hacía años -"en años de Maia Plissetskaia o Natalia Makarova", dirá él-- no se realizaba.

En charla con Clarín, cerca de la madrugada del sábado, luego de una jornada de 15 horas de ensayo general con pocos testigos -estuvo en la mesa de luces atento a cada pasada, con la precisión y la rigurosidad tan suyas-, toma una cerveza y se distiende. Durante el día, hubo tiempo para "un desayuno fuerte y un yoghurt de frutilla". Dice que está "medio gordito" y muestra una panza que no se ve.

"Desde que me retiré -hace dos años- estoy comiendo y tomando libremente, pero cada tanto hago alguna dieta como para no descontrolarme", confía el hombre que alquiló su casa en Buenos Aires y se mudó a Montevideo, donde "hago una vida muy serena y más acotada, ya sin tanta locura... Tengo una casita de dos dormitorios, ¿para qué más? Con los años fui aprendiendo a vivir sólo con lo necesario. Antes tenía un lugar enorme y usaba un solo cuarto".

A los 42 años, el bailarín reconoce también estar "más tranquilo, sin tanta presión. Hasta hace un tiempo era más calentón, era bravo. Y cuando era chico me costaba mucho pedir disculpas. Ya sin la exigencia de la carrera, me aplaqué un poco. Igual, veo que hay cosas que no cambié, porque sigo pendiente de cada detalle mínimo y no paro hasta que no se resuelve un problema, pero sin enojo. Comprobé que en la calentura es muy difícil solucionar las cosas".

Tipo maduro, Bocca habla de su oficio. Y de la Argentina: "Me dolió mucho que el Gobierno entregara semejante cantidad de dinero para que todos puedan ver los partidos de fútbol, sin saber si todos, además, quieren verlos. No me parece una medida muy coherente. Primero, como egoísta, hubiera querido que esa plata se destinara al Teatro Colón, que es un lugar cultural, educativo y respetado mundialmente. Y luego, que fuera para los chicos que no tienen para comer, para la educación y para la salud, las tres bases fundamentales de una sociedad digna".

Presidente de la fundación que lleva su nombre, adelantó que "el 15 de octubre pasamos parte de la escuela de diseño, producción y dirección artística al edificio que Mauricio Macri -jefe de Gobierno porteño- nos cedió en La Boca. Y el año que viene empezaríamos con los cursos gratuitos para niños y adolescentes... Es un modo de incentivar a aquellos chicos de la comunidad que no tienen recursos a que estén desarrollados en el arte. Y la idea es que en el 2011 podamos iniciar las clases de primero y segundo grado escolar relacionados a lo artístico".

Su decir pausado no pierde la gracia ni en la previa a la gala ni en el después, cuando junto a un grupo de compatriotas y los bailarines internacionales celebra, en un restaurante argentino, la función del Teatro Real (fundado el 19 de noviembre de 1850, una joya arquitectónica de cara al Palacio): empanadas, provoleta, carne, papas fritas y panqueques de dulce de leche. Para algunos. Para otros -unos pocos de la larga mesa- un menú más liviano en calorías.

Director del Ballet Argentino, admite que "esto fue un desafío muy importante -jamás bailó en esa sala- porque nunca había estado frente a figuras tan fuertes, tanto consagradas como de la nueva generación. Y, con mucho respeto y cuidado, me animé a indicar y a corregir algunas cosas sabiendo que cada uno tiene su propio maestro, como lo tuve yo". Palabra de un hombre que aprendió bastante más que a bailar como los dioses.«