Es un cabeza dura - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Es un cabeza dura

Ruggeri no digiere que Grondona le impida sumarse a la Selección de Maradona. Cómo fue el mano a mano que tuvo con Bilardo, para tratar de lograr "el indulto".

Oscar Ruggeri está acostumbrado a jugar al límite. Siempre. Así se presentaba en su época de jugador, así se presentaba cuando fue entrenador y ahora, mientras trata de sumarse al cuerpo técnico de la Selección, también así se presenta, según pudo comprobarse ayer al aparecer sorpresivamente en el Complejo de AFA para tener un cara a cara con el manager Carlos Bilardo.

Cabeza dura crónico , Ruggeri trata de lograr el indulto de Grondona para que finalmente se pueda sumar como mano derecha de Maradona. Pero el Jefe, cuentan, no piensa abrirle el candado. Lo tiene desde hace tiempo entre ceja y ceja, "por hirientes declaraciones" que Don Julio todavía "no digiere ni perdona".

Maradona presiona para tenerlo a su lado, junto a sus otros laderos: Mancuso y Lemme. Pero el presidente de AFA no quiere ni oír hablar del tema. ¿Cómo le cayó la intempestiva irrupción de Oscar en la práctica vespertina del seleccionado? Mal, muy mal. Pésimo, agregan otros que conocen la interna de este entuerto futbolero.

Fue la última carta que puso sobre la mesa Ruggeri, antes de resignarse a quedar afuera del Mundial 2010. "Jugatela", le susurraron al oído y el tipo, un valiente en definitiva, cruzó el portón del predio de Ezeiza, _esta vez mansito, sin alardes patoteriles_ en su camioneta 4 x 4 y se expuso a que las cámaras reflejaran su ruego público ante el impoluto Narigón.

"¿Y qué querés que haga?", le espetó Bilardo.

"No me podés dejar afuera...", pidió Ruggeri en privado. "Vos fuiste campeón del mundo, tenés que poder, cómo no te van a hacer caso... Yo me rompí el lomo ocho años por la Selección... Me pelee con todos. No estás haciendo por mí lo que yo hice por vos". Duro, durísimo. Un detalle: el Cabezón en todo momento se tapó la boca, para evitar que a la distancia algún astuto le leyera los labios. Luego, ante el acoso periodístico, no se apartó del formalismo: "Vine a Ezeiza para agradecerle a Diego y para hablar con Bilardo". No más que eso, mientras lejos de ahí, Julio Grondona caminaba por las paredes y se acordaba, en fila, de cada uno de los parientes de Ruggeri.

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