Oscuro Metal

Ante 8.000 personas los ex Black Sabbath presentaron un nuevo disco con un concierto breve, pero contundente.

Una magistral lección de historia en clave metal. Así vivieron la presentación de Heaven & Hell las 8.000 personas que llenaron el jueves el Luna Park. El grupo, que arrancó su show puntualmente a las 21, retoma la esencia datada en 1980 de Black Sabbath, aunque hoy con más arrugas y experiencia. Casi 30 años atrás, Ronnie James Dio reemplazaba a un conflictuado Ozzy Osbourne y grababa tres álbumes con la banda insignia del género pesado: Heaven and
Hell
, Mob Rules y Dehumanizer.

El póker Dio-Iommi-Butler-Appice interpreta temas de esas obras sumándole su último disco en estudio: The Devil You Know, editado hace semanas. La reciente salida del álbum, con el desconocimiento obvio de los temas, quebraba el clima de furor que desplegaron temas de Black Sabbath de la "era Dio" como Mob rules, I, Time Machine y Falling Off the Edge of the World.
La ambientación del show fue austera pero demostraba pura identidad heavy. Por un lado, un telón de fondo simulaba una pared de hierro remachada, y por otro, una cortina de cadenas por detrás del estático bajista Geezer Butler y el imperturbable Tony Iommi, que sintetizan a Heaven & Hell como metáfora metalúrgica.

El show se lo robó el carisma de su pequeño (en estatura) gran cantante: Ronnie James Dio, responsable de popularizar los clásicos cuernitos. Con una voz que no acusa el paso de los años y una sonrisa permanente, el "duende del heavy metal" se daba el lujo de estrecharle la mano a los fans apretujados en la valla. Y sin dejar de cantar. ¡Unico!

Un gran solo de batería de Vinny Appice, con partes de su instrumento ubicados en posición vertical y elevados a los costados, daba más potencia a un show que pasaba de la emoción de Children of the Sea a la fuerza de Bible Black.

El mítico Iommi, con su eterno sobretodo negro y cruz dorada en el pecho, distorsionaba el comienzo de Die Young con un gran solo de guitarra que demostró porqué el violero, al cual le faltan las primeras falanges de dos dedos de su mano derecha, es la génesis misma del metal.

Párrafo aparte para el tema que da nombre al grupo. En casi quince minutos, Heaven and Hell resumió oscuridad y potencia musical con efectos visuales. Por sobre el escenario dos sistemas de luces, similares en forma a tubos fluorescentes, descendían y formaban sobre los músicos una cúspide lumínica alternada en celeste y rojo en clara referencia al combo cielo-infierno.

Para el final, Neon Nights, canción pegadiza si las hay: aportó pogo y emoción a esta hora y veinte de show. Dicen que de lo bueno, poco. Así fue con Heaven & Hell.

(Pablo Raimondi - Clarín)