Tango for export

Con Patricia Sosa, Raúl Lavié, Maximiliano Guerra y Mora Godoy, el show aborda el tango con un claro tono "for export".

De a ratos parecido a una clase de historia de tango para turistas -con algún que otro guiño doméstico que podría dejar afuera a un no rioplatense-, Puerto Buenos Aires, el nuevo musical de Madero Tango, entrecruza la línea de la nostalgia con la renovación del género. Lo hace a través de las voces de Raúl Lavié y Patricia Sosa y la danza de Maximiliano Guerra y Mora Godoy.

Con coreografía y dirección de Gustavo Zajac (Víctor Victoria, El hombre de la mancha) el es pectáculo alterna entre lo clásico y lo vanguardista, con el puerto, la inmigración y la fusión de culturas como eje. La narración arranca con un puerto viejo como escenario, desde donde "zarpan" temas como El choclo, Mi Buenos Aires querido o Tinta roja, y termina anclando en un puerto moderno donde se muestran fusiones tecnológicas que llevan al tango hasta el plano electrónico.

Mientras se cena con el río de fondo, el espectáculo transita por escalas bien variadas durante dos horas: desde un Carlos Gardel en pantalla al que Raúl Lavié se le atreve en un dúo, hasta un juego de humor ideado por Lavié en el que junto a Sosa se retan en una teatralización de pareja cual Pimpinela del tango. Ahí es donde Sosa, ajena al tango pero firme en ese terreno, se toma la licencia de adornar pasajes con sus temas más escuchados (Aprender a volar o Endúlzame los oídos) y el público local festeja el guiño.

Maximiliano Guerra abre y cierra el show con sus solos de tango y juega a ser el "narrador omnipresente que une a los personajes en escena", según explica Zajac. En tanto, Godoy aporta su sensualidad, plasticidad y acrobacia a ciertos pasajes, acercándose de a ratos a la imagen de una vedette sin plumas.

En un principio, Puerto Buenos Aires abría con un video futbolero que recorría la historia a través de archiconocidas imágenes como la del "Barrilete cósmico" de Diego Maradona, en voz de Víctor Hugo Morales, o las demás proezas criollas, Mundial por Mundial. Las imágenes se reemplazaron finalmente por la de personajes autóctonos diversos como Astor Piazzolla, Roberto Goyeneche, Tita Merello, Nélida Roca y hasta Mirtha Legrand. Una tipología de la argentinidad.

En ese intento por abordar el tango desde distintos costados, el vestuario no pasa desapercibido: los artistas lucen más de 100 trajes y 60 pares de zapatos. Con diez bailarines en escena y la orquesta dirigida por el maestro Humberto Ridolfi, el espectáculo, sin embargo, no se limita al tango, sino que incorpora instantes de otros géneros como el malambo, el flamenco, el folclore y hasta el jazz, para dar cuenta del encuentro de culturas en ese puerto donde se pasa del tango bailado por hombres en los orígenes hasta un cierre emotivo con un Piazzolla de fondo (Adiós Nonino) en los pies de la dupla Godoy-Guerra.

Sucesor de Bien argentino, el anterior espectáculo de Lavié en el mismo local, Puerto... deja la sensación de inclinarse más al for export, por precios y por espíritu didáctico. Podría no terminar gustándole a un tanguero claramente purista, pero tanto despliegue visual conforma al más desprejuiciado.