Lejos del ritmo frenético de la televisión y de la exigencia constante de la alta gastronomía, Germán Martitegui encontró en el Delta del Paraná un refugio personal donde la vida se ordena de otra manera.
En una isla a la que solo se accede en lancha, el chef construyó una casa ecológica, austera y completamente integrada al entorno, pensada para desconectarse del mundo urbano y reconectar con lo esencial.

No se trata de una vivienda permanente ni de una propiedad pensada para el turismo. Es, más bien, un espacio de retiro, un lugar al que Germán Martitegui llega después de semanas intensas de trabajo en MasterChef y en sus proyectos gastronómicos para bajar revoluciones y recuperar calma.
Desde el primer momento, el acceso marca la diferencia: no hay autos, calles ni ruidos de ciudad. Todo comienza con el recorrido por el río, que ya funciona como transición hacia otro ritmo de vida.

ASÍ ES LA CASA DE GERMÁN MARTITEGUI EN EL DELTA
La construcción responde a una lógica de bajo impacto ambiental. Predomina la madera en su estado más natural, combinada con fibras y materiales nobles que se adaptan al clima húmedo del Delta.
La casa se eleva levemente del suelo para respetar las crecidas del río y permitir que el agua circule sin afectar la estructura. No hay una estética forzada ni lujos innecesarios: el diseño acompaña el paisaje, se mimetiza con la vegetación y parece formar parte del ecosistema.

Uno de los aspectos más llamativos es que la vivienda funciona sin electricidad ni servicios tradicionales. La luz natural organiza los días, marca los horarios y define las actividades.
No hay enchufes, pantallas ni electrodomésticos que interrumpan la experiencia de estar en plena naturaleza. Todo está pensado para una vida simple, donde el tiempo se mide por el sol, el clima y el movimiento del río.




