Eddie Fitte, el periodista sexy de Telenoche que camina entre leones y elefantes

Desembarcó en el noticiero central con impactantes informes y documentales. Ciudad.com dialogó en exclusiva con el muchacho que despierta los suspiros de sus fans. ¡Conocelo!

Eddie Fitte en un mano a mano con Ciudad.com

Eduardo Giménez Fitte (27) se crió en Pilar y su familia se dedicó a la actividad agropecuaria. “Mi entorno fue de gente muy paqueta”, desliza el periodista que no se conformó con la seguridad de una clase social acomodada y continuó buscando un estilo propio, hasta mutar y convertirse en el inquietante señor Eddie Fitte, el cronista que anda con leones y elefantes en los informes especiales que hace para Telenoche. Además, integra el panel de En Síntesis, también por El Trece.

Este martes, por caso, estrena a las 20hs Memorias de un elefante, un documental filmado en Tailandia que relata el misterio detrás de aquellos que pintan con su trompa. Mano a mano con Ciudad.com, nos adentramos a su -hasta ahora- misterioso mundo...

"Soy un gordo adelgazado. En 5to. grado pesaba 82 kilos, tenía más tetas que mi madre. Si soy relativamente mordaz, es porque fui gordo y no me pude defender cuando me cag... a palos", deslizó Eddie con frescura.

-¿Tu alter ego es Eddie Fitte?

-Nunca usé el apellido Giménez porque siempre tuve rechazo al apellido doble y todo lo que eso significa. Vengo de una familia aristocrática. Yo no sé si soy un chico bien... Nunca quise tener que ver con el campo ni con los abiertos de polo. Siempre traté de mantenerme alejado de la agenda de la clase alta porque me producía rechazo, pero es el lugar de donde vengo y no lo voy a negar.

-¿A qué edad comenzaste a trabajar?

-A los 15 hacía coberturas para un fanzine muy under que se llama La Negra, y aún existe. Iba a cubrir recitales y la nota terminaba siendo la experiencia del periodista que escribía la nota. En ese momento no tenía el abc del periodismo, hacía crónicas. El valor agregado era tener la acreditación en la mano y no pagar.

-De los recitales que cubriste ¿cuál fue el que te impresionó más?

-En esa época estaba creciendo mucho Callejeros y estaba en pleno furor el rock stone. Recuerdo que estaba en Cemento, no sé si tocaba La Veinticinco o Callejeros, pero nunca lo había visto con tantas bengalas y tanto fuego artificial, en un lugar que tenía el techo a 1.80. Me dejó sumamente impactado. Era impresionante ver 50 bengalas en un lugar cerrado. Ahora lo pienso y me parece un horror. A pesar de que Omar Chabán salía todo el tiempo a putear a los pibes y decía que paraba el show, eso era imposible, las bengalas formaban parte del folclore rockero.

EL OTRO EDDIE FITTE. Su vida personal no tiene la adrenalina de sus informes en TV: “A me gusta mucho dormir y estar en casa. No me gusta salir, después de estar en el canal todo el día lo único que quiero es llegar a casa para estar con mi novia (está en pareja desde hace 8 años con Carolina, una nutricionista de 24 años)  y mi perro. Ella es el cable a tierra que tengo, me acompañó en la muerte de mi viejo y en mil cosas más. Siempre estuvo conmigo, hasta cuando me levantaba a las 5 de la mañana, cuando trabajaba en la empresa de catering, y ahora su novio se desnuda en la mesa de Mirtha Legrand. Estoy muy contento de estar con ella”, reconoce sin timidez. 

Sobre su formación, se destacan sus estudios en la UBA algunos años, pero no le gustaban las cátedras y terminó abandonando la universidad porque él quería estudiar Comunicación y no ser "un profesor de letras". Finalmente, ingresó a TEA y luego de tres años hizo la pasantía en Clarín, lugar donde comenzó a forjar sus primeros pasos en el periodismo.

"Ella es el cable a tierra que tengo, me acompañó en la muerte de mi viejo y en mil cosas más. Siempre estuvo conmigo", dijo el periodista sobre su novia, Carolina, nutricionista de profesión.

-¿En qué sección estabas en el diario?

-En Policiales. La primera nota que me tocó cubrir fue la de dos chicos carbonizados por un rayo que cayó en una pileta de verano, en Florencio Varela.  El editor me pidió que no volviera al diario hasta que no tuviera los testimonios de los padres. A mí me pareció terrible y me fui dando cuenta de que el periodismo de diario estaba muy alejado a lo que quería hacer yo. Pero ese año aprendí un montón. Después de eso hice cosas para el suplemento y Ñ.

-¿Siempre tuviste libertad para escribir con tu estilo?

-Siempre todo tuvo mi cuota de personalidad. Tuve esa bendición de que tanto mis editores del diario como los de la televisión quisieron conservar “eso” de mí que llaman frescura. Siempre se trato de cuidar eso. Me retan cuando dejo de ser yo, y eso es lindo.

-¿Sos un gran lector…?

-Soy un lector pochoclero. Siempre cito la frase de un escritor, Chuck Palahniuk que dice:  “Los viejos buscan arte, y los jóvenes espejos”. Por eso no puedo leer nada en donde no me vea reflejado. Entre mis autores favoritos están John Fante, Charles Bukowski y Jean Paul Sartre, que los tengo tatuados.

UNA CUESTIÓN DE ACTITUD. A medida que fue creciendo, Eddie pasó por diferentes etapas donde formó su paladar de buen lector. Sin embargo, ciertos autores latinoamericanos no le gustan: "Borges me psicotiza, es un laberinto en el que no quiero entrar. En cambio Rodolfo Fogwill, Fabián Casas o Enrique Symms me parecen maravillosos". Sin embargo, antes de su actual oficio, pasó por un abanico de diferentes trabajos: fue bachero para una empresa de catering, puso pistas de baile, trabajó en cuatro call centers, fue cadete en un sanatorio y hasta asistente de un contador. Todo ello, hasta que pudo insertarse en el mercado laboral periodístico. ¿Una "debilidad confesa"? Reconoce que se pone muy nervioso cuando está al aire y que le cuesta redondear sus ideas. Por ese motivo prefiere la escritura, ya que encuentra un lugar donde puede explayarse más, incluso en Twitter.

-Escribiste un libro, ¿de qué se trata?

-Se llama Un culo viejo en mi ventana. Son 12 cuentos cortos de ficción pura, el prólogo lo hace Zambayonny y los dibujos son de Diego Pares. El año que viene lo presento con Fabián Casas en la Feria del Libro.

-¿Ves televisión?

-Me fascina la tele, los programas de espectáculo. Miro Intrusos, Este es el show y C5N porque me dan morbo. Me parece que hoy prendés la tele y ves a los periodistas halagando a la persona que tienen enfrente. Me parece un poco choto la industria de salieris de Marce. Para mí el es genio pero me da pena que haya tanta gente tratando de emularlo.

-Sos un periodista 2.0. Tenés mucha actividad en Twitter… ¿te peleas muy seguido?

-Hay un nivel de furia… cualquiera,escondido detrás del anonimato, se anima a hacer cosas que solito no las hace. Yo en la cancha le tiré una zapatilla al referí y, si no hubiera estado amparado en el anonimato de 5 mil hinchas, jamás lo hubiese hecho. Twitter es eso, nunca te van a encontrar. Además, si estoy jugando a provocar, es parte del juego que te puteen. Me vivo puteando con la gente y me re divierte, siempre le dedico un tiempo a #atiendoboludos cada vez que llego al canal.

-¿Te crees un sex symbol?

-Ni en pedo. Soy un gordo adelgazado. En 5to grado pesaba 82 kilos, tenía más tetas que mi madre. No hay nada más hijo de put... que un gordo adelgazado; y si soy relativamente mordaz es porque fui gordo y no me pude defender cuando me cagaban a palos. Entonces, desarrollé una legua de samurái.

-Tenés tatuado a la Coca Sarli, ¿la conociste?

-Me la tatué a la Coca para hinchar las pelotas. Me parece un símbolo transgresor y no hay nada que le molestara más a mi abuela. Ahí te das cuenta que soy un cheto tonto. A Sarli la conocí cuando reestrenó India en el BAFICI. Fue algo genial, le mostré el tattoo, no sé si fue mi encuentro soñado con la Coca, pero llegué a estirarme la manga. Siempre me sentí protegido por los tatuajes, tengo un rechazo muy grande por mi cuerpo, calculo que por haber sido obeso. Pienso que todas las personas que se tatúan tienen algo para ocultar. Cuando me saco la remera pienso que la gente no me va a estar mirando la “buzarda” o los flotadores y se distrae con los tatuajes. Hablo de mí.

-Un balance de fin de año…

-El 2013 fue el peor año de mi vida: perdí a mi viejo y a mi abuela. Me dolió un montón y pensé que no iba a salir. Por suerte este año cumplí un montón de sueños que no pensé que se iban a dar. Comí con Mirtha Legrand, fui a Sudáfrica a conocer los leones en su hábitat, estuve en Tailandia con los elefantes y por Tokio. Creo que tuve mucho culo...

¡No te pierdas el video mostrando sus numerosos (y muy originales) tatuajes!