El especial regalo de Maradona a su hijo Diego Fernando - Ciudad Magazine

El especial regalo de Maradona a su hijo Diego Fernando

Ciudad.com te cuenta en exclusiva cómo fue el esperado encuentro entre Diego y su hijo, a 90 días de su nacimiento. Qué le obsequió, qué dijo, su emoción. Toda la info, en esta nota.

Diego Maradona le regaló una cruz de oro similar a la que usa. Y se la colocó simbólicamente. (Fotos: Web y revista Gente)

"Es igualito a mí", suelta Diego antes de alzarlo y llenarlo de besos. Afuera llueve. Adentro, también. Son las lágrimas de Diego, que deja caer por un instante esa coraza de hombre todopoderoso, para entregarse a la más sana emoción: la de un padre que tiene por primera vez en brazos a su hijo.

"Es igualito a mí".

Noventa días pasaron desde que Diego Fernando Maradona Ojeda llegó al mundo hasta que su papá, el hombre más famoso del mundo, lo conoció en persona. Tres meses en los que corrió mucha agua bajo el puente. Y en los que los escándalos estuvieron a la orden del día. Pero ahora, con Diego Armando Maradona (52) parado delante de su hijo, no hay polémica que pueda interrumpir ese momento.

"Es igualito a mí", suelta el Diez antes de alzarlo y llenarlo de besos. Afuera llueve. Adentro, también. Son las lágrimas de Diego, que deja caer por un instante esa coraza de hombre todopoderoso, para entregarse a la más sana emoción: la de un padre que tiene por primera vez en brazos a su hijo.

Pasan los minutos y Maradona no deja de mirar a Dieguito Fernando, que de repente empieza a llorar. Entonces Diego no lo duda y pide una mamadera. Se sienta con el bebé y se la da con sumo cuidado. Verónica Ojeda (35) observa en silencio la imagen que imaginó tantas noches de soledad. El padre de la flamante mamá también está allí, acompañando a su hija y a su nieto. "Diego se enloqueció con el nene. Lo mimaba, lo besaba, no lo podía creer", le contaría luego a Martín Rojas, periodista de radio La Red.

En un momento, Diego saca algo de su valija. Es una cruz de oro, igual a la que usa él. Se acerca a su hijo y se la coloca simbólicamente.

En un momento -según pudo saber Ciudad.com- Diego saca algo de su valija. Es una cruz de oro, igual a la que usa él habitualmente. Se acerca a su hijo y se la coloca simbólicamente. Y se vuelve a emocionar en la noche de Ezeiza, en esa casa-quinta del barrio El Trébol donde convivió varios años con Verónica.

Ochenta minutos dura el encuentro entre padre e hijo. Sin Skype, sin interrupciones, sin intermediarios.

Afuera lo espera una maraña de periodistas deseosos de un testimonio suyo. Afuera, Diego volverá a ser el Diego menos agradable. Adentro de esas cuatro paredes, por un instante, Diego Maradona fue el padre que soñó Verónica Ojeda. El padre que se merece Diego Fernando.

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