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Rodrigo Lussich reveló la clave de su boom en TV, ante el debut de El Show de los Escandalones: "Tenía que perder para ganar"

Rodrigo Lussich reveló la clave de su boom en TV, ante el debut de El Show de los Escandalones: Tenía que perder para ganar
Rodrigo Lussich reveló la clave de su boom en TV, ante el debut de El Show de los Escandalones: Tenía que perder para ganar

El hombre que con su impronta renovó Intrusos en menos de seis meses arrancará su propio programa en América, y habló de todo con Ciudad. Su agradecimiento a Jorge Rial, su adolescencia "criando chanchos" y sus dudas respecto de la paternidad.

El 2020 fue una verdadera revolución para Rodrigo Lussich (47), quien transita un presente impensado, al menos en el cercano-lejano final de 2019. El periodista había arrancado el año como conductor de Confrontados junto a Carla Conte, pero la decisión de El Nueve de cambiar el horario del programa hizo que fuera incompatible con ATR, el ciclo que conducía hasta hace un mes en radio Pop.

Y lo que a priori fue un problema, muy pronto se transformó en la oportunidad de su vida cuando entendió que para "ganar" antes debía resignarse a perder un poco. La apuesta le salió como un pleno de ruleta, ya que además de haberle dado frescura, humor y mucha información a Intrusos, este sábado a las 20 por América será el gran debut de El Show de los Escandalones.

“Jorge Rial me llamó para sumarme a Intrusos apenas supo que no seguía en Confrontados. Ahí me planteé que tenía que perder (el rol de conductor) para poder ganar".

Jorge Rial me llamó para sumarme a Intrusos apenas supo que no seguía en Confrontados. Ahí me planteé que tenía que perder (el rol de conductor) para poder ganar. Si me quedaba enganchado en la cuestión del ego, la jerarquías o etiquetas, no lo hacía. Entonces, me pareció que la estrategia era distinta y que era perder para ganar, entre comillas. Creo que a veces hay que hacer esas movidas, es lo que más nos cuesta en las carreras, sobre todo cuando supuestamente se llegue a algún lugar, cosa que yo dudo. Cuando uno llega se queda aprisionado y cuando uno más llega menos libertad tiene. Me corrí de ese lugar porque no me conducía a ningún lado si me quedaba atrapado en esa ecuación”, razonó Lussich en una entrevista con Ciudad.

Paradojas del destino, el hombre que en seis meses transformó Intrusos en su temporada 20 arrancará con su nuevo proyecto a tres semanas de terminar "de forma arbitraria a raíz de un cambio de directivos” su ciclo radial.

A modo de anticipo, el uruguayo adelantó su show de TV: “La idea es conservar el espíritu auténtico del segmento de Intrusos, ampliarlo y hacerlo crecer. Es un show de espectáculos, con toques de humor. Siempre desde una mirada descontracturada, acelerada, con ritmo, canciones, baile. Los integrantes del equipo, conformado por Anamá Ferreira, Nati Jota y Sheila González, van a ser mis cómplices como lo hacen en el programa Rial y los demás compañeros de Intrusos. Con esto han pasado cosas muy locas como que les guste a los chicos, sin que haya estado pensado para ellos. Pero en un punto me transformo en un chico jugando en una escalera, y los pibes ven a uno de ellos. No porque me haga el nene, pero hay una cosa lúdica del fluir como quien sale a jugar a la vereda que hace que los chicos vean a un par ahí. Y eso como fenómeno fue muy interesante”.

"Rial me dio toda la libertad para hacer el segmento de Los Escandalones en Intrusos, me bancó, fue generoso y funcionó".

-¿Cuál fue tu contrapropuesta para sumarte a Intrusos como panelista cuando te llamó Rial?

-Lo que hice fue pedir un segmento que pudiera conducir dentro del programa. Eso es lo que pasó y Rial me dio toda la libertad para hacerlo, me bancó, fue generoso y funcionó. Eso también ayudó porque cuando las cosas funcionan, funcionan; y sino es mucho más difícil sostenerlas en la tele donde uno depende tanto del rating. Y funcionó también porque fue genuino, auténtico y no hubo especulaciones en el medio. No es que pensé en hacerlo para que después me den un programa. No, lo hice porque era la que me tocaba y me quería divertir.

-¿Cuánto influyó Jorge para que tengas el programa?

-El hecho de darle el lugar que le dio al segmento de Los Escandalones hizo mucho y también su “ok” para que sean un programa. ¡Así que muchísimo! Además, Jorge me va a "regalar" dos bailarines para que me acompañen. Empezó como una broma, porque Rial siempre me dice que tendría que tener bailarines que me acompañen cuando bailo mis canciones, pero por la pandemia no se puede y siempre jorobamos con eso. Pero ahora el programa tiene una canción propia que escribió Daniel Vilá, que es compositor de muchos temas de Patricia Sosa o las revistas de Carmen Barbieri, y Jorge se ofreció a poner presupuesto para sumar bailarines. Así que Gustavo Wons, el coreógrafo de Kinky boots y muchos otros musicales, y gracias a la gestión de Guido Záffora, va a hacer la coreo del programa con dos ex Bailando.

"Antes sentía la omnipotencia de pensar que todo dependía de mí y la frustración es muy grande si después el rating no acompaña".

-¿Cómo es tu relación con Jorge Rial delante y detrás de la cámara?

-Es igual. Él conmigo tuvo una generosidad muy grande, y no lo digo de chupamedias porque llegué a donde llegué antes de trabajar en Intrusos. Esto me consagró un montón y me dio una visibilidad enorme, pero creo tener mi camino previo. Pero estoy muy afianzado gracias a la generosidad de Jorge. No tengo más que palabras de agradecimiento y grata sorpresa porque yo tampoco sabía cómo iba a reaccionar cuando me llamó. Él me aseguró darme una libertad bárbara y hacer todo para que la podamos romper juntos, pero no siempre pasa con los conductores porque suelen ser muy mezquinos, y Rial es impresionante la generosidad que tuvo. La complicidad que logramos tiene que ver con el camino transitado, creo que me respeta por los lugares a los que he accedido antes de llegar ahí, y yo lo respeto por quién es. Si se respeta al otro se camina a la par, y nos manejamos como pares.

-¿El show de los Escandalones será lo más personal que hayas hecho hasta ahora?

-Es así. Este el mi proyecto más genuino, lo que más se me parece. Y cuando uno encara un proyecto que tiene que ver con uno es muy difícil que no funcione desde la honestidad del proyecto, más allá de los resultados numéricos. Nadie duda que el creador de Los Escandalones soy yo, y el que pone el cuerpo para mandarse cagadas o divertirse soy yo. Ahí no hay ficción ni nada forzado. Por eso funciona. La gente compra cuando siente la identificación.

"Es la primera vez que voy a tener mi programa en un punto absoluto. Infama fue heredado, un formato de Santiago del Moro y no había manera de imprimirle identidad. Y Confrontados tenía una conducción compartida y eso te quita peso específico".

-Casi que es tu debut como conductor por así decirlo...

-Es la primera vez que voy a tener mi programa en un punto absoluto. Infama fue un programa heredado y era un formato de Santiago del Moro, no había manera de imprimirle identidad a un programa que tenía tantos años. Y Confrontados era un programa periodístico básicamente que tenía mucho mi sello, pero que tenía una conducción compartida y eso en un punto te quita peso específico.

-Te definiste como un enfermo del minuto a minuto. ¿Cuán pendiente del rating vas a estar?

-Aprendí a decir “me excede”. Antes sentía la omnipotencia de pensar que todo dependía de mí y la frustración es muy grande si después el rating no acompaña. Hoy por hoy en la tele el cielo y el infierno están mucho más cerca y un punto de rating hace a la diferencia. De todas formas, me sigue importando porque aunque lo cuestionemos sigue siendo la vara de nuestro destino. No lo puedo ignorar.

"Que esté Adrián Pallares como productor en el proyecto lo hace redondo. Un poco porque este programa refleja mi esencia y es mi proyecto más genuino, y hacerlo con Adrián es el sueño de mi vida".

-Vas a estar acompañado por tu socio y amigo Adrián Pallares como productor.

-Sí. Que esté Adrián como productor en el proyecto lo hace redondo. Un poco porque este programa refleja mi esencia y es mi proyecto más genuino, y hacerlo con Adrián es el sueño de mi vida. Nunca trabajé con él en tele en estar relación y era algo que añorábamos hace muchos años. Adrián fue mi productor en radio, somos socios en la web hace muchos años y somos amigos desde hace mucho más. Está todo planteado para disfrutar y estar contentos por el solo hecho de hacerlo. 

-¿Cuánta fantasía para adornar los versiones tienen tus escandalones o chimentos?

-El chimento no es información. En todo caso si se confirma se transforma en información, sino se queda en chimento. Yo trabajo en base a chimentos, rumores, trascendidos, al lleva y trae, cosas que se dicen y no siempre se terminan de comprobar. Sobre todo cuando dependen de la confirmación del entrevistado, y sabiendo sobre todo que el famoso es muy mentiroso por definición, y es la palabra de uno contra la del otro. Ahí nos quedamos atrapados en un lugar que no le sirve a nadie. A mí no me completa que el famoso me confirme desde el lugar que juego. No se me va ni el prestigio ni la credibilidad en tanto y en cuanto yo propongo una convención cuando hago el chimento, no esto prometiendo que voy a vender la cura del coronavirus, sino que los voy a divertir un rato en base a chimentos de famosos.

"Para mí el chimento no tiene rigor periodístico, sino me dedicaría a hacer un noticiero".

-Así y todo, te trajo problemas…

-Sin ir más lejos, hace poco conté un rumor instalado que decía que Laurita Fernández y Marcelo Tinelli podían tener algo. Nunca sabremos si lo tuvieron o no, claramente ellos lo desmintieron y al mismo tiempo volvieron con sus parejas. ¿Eso hace que no haya sido cierto? La verdad que no. ¿Yo dije que era una información “hecha y derecha”? Tampoco. Si jugamos el juego y aceptamos las reglas entre el público y quien lo hace, en mi caso, que somos los únicos que importamos, el juego está planteado. En base a eso, uno lo cuenta de una manera televisiva y divertida, yo quiero entretener y que se queden conmigo y disfruten. Yo trabajo desde ese lugar. Son estilos. Yo respeto al que lo hace más sesudo, pero para mí el chimento no tiene rigor periodístico, sino me dedicaría a hacer un noticiero.

-¿Se desprecia al periodismo de espectáculos?

-A los periodistas de espectáculos se nos endilga y pregunta mucho sobre los límites. Y la verdad es que no entiendo por qué hay tanto prejuicio sobre nuestros límites cuando en realidad periodistas mucho más serios, importantes, con jerarquías y títulos corren el límite de la verdad todo el tiempo, con operaciones mucho más peligrosas que las que hacemos nosotros. En definitiva, lo nuestro es ingenuo. A lo sumo podemos endilgarle una historia de cama a un famoso, pero a ellos les encanta que hablemos, incluso para desmentir una noticia.

"Creo que es muy complicado hoy en día entretener y hacer humor porque si es por los que se van a ofender no podríamos hablar de absolutamente nadie".

-Hace poco te enojaste muchísimo por la denuncia que te hicieron ante el Inadi por un segmento que ya no está en Intrusos y fuiste muy enfático…

-Fui enfático porque de verdad me dio bronca que busquen por ese lado, que se indignen. Están en todo su derecho, que denuncien, pero me pareció un planteo muy hipócrita. Hubo otro caso que tuvo que ver con un fallido y un comentario desafortunado que tuvo que ver con la comunidad trans (N del R: “Una mujer que viene con sorpresita”) que sí en todo caso asumo que fue una burrada y que tuvo que ver con una cuestión de verborragia mal controlada. En ese caso sí me mandé una cagada y que hubo motivos para ofenderse. Pero con lo del segmento me parece que con un llamado por teléfono y un llamado de atención por parte de la gente indignada alcanzaba, pero si denuncian están buscando criminalizar y lo que busca es tener trascendencia en la prensa. Creo que es muy complicado hoy en día entretener y hacer humor porque si es por los que se van a ofender no podríamos hablar de absolutamente nadie. Me parece que hay que poner las cosas en su justo contexto. Nada más.

-En Polémica en el bar tuviste un cruce con Chiche Gelblung en vivo y al día siguiente en Intrusos contaste que sufriste 20 años de "forreos". ¿Qué balance hacés de tu relación laboral con Chiche?

-Probablemente Chiche influyó en mí mucho más para bien que para mal. Y si tengo algún vicio no se lo tendría que endilgar a él, sería injusto. Lo que pasó con él tuvo que ver con una situación absolutamente personal. Es contradictorio porque de verdad le tengo afecto. Fuimos socios en un sitio de noticias y trabajamos juntos en todos los estamentos jerárquicos. Y lo que disparó mi bronca fue que ahora que no estamos en una relación de jefe y empleado, que tampoco lo justificaría, sino que somos pares, me tire una chicana o ninguneo como las que me hacía cuando era mi jefe y que padecí. Hoy por hoy no le doy lugar. Al día siguiente me pidió disculpas, pero en ese momento estaba bastante enojado y preferí esperar. Estaba enojado y quería tener mi proceso para trabajar el enojo y lo tuve. Cuando salió de su internación le mandé un mensaje y él me lo respondió muy afectuoso, porque además el cariño es sincero. Lo quiero mucho a él y a su familia, pero al aire estuvo como el orto. También sé que ni siquiera fue personal, sino que tiene con su estilo de hacer shows televisivos, pero era un juego que no tenía ganas de jugar.

"Mi mejor momento va a ser cuando me consagre como un conductor exitoso y tenga una carrera mucho más popular, cuando de verdad me sienta súper popular".

-¿Es verdad que de chico criaste animales de granja?

-Las ovejas son pura ficción, pero sí crié chanchos, caballos, gallinas. Cuando vinimos a Buenos Aires, al campo de Pilar donde todavía sigue viviendo mi familia, nos pusimos una chacra y vivimos de la faena y la huerta. Fue entre los 13 y los 17 años y mí era lo más difícil del mundo porque soy muy citadino, pero era chico y había que colaborar. Tuvimos una vida muy hippie, de aportar todos en la casa y fue parte de mi formación. Y no solamente eso. Cuando vinimos a vivir a Argentina, que tenía 11 años, vendíamos café en la calle en San Miguel. Yo salí a laburar desde muy pendejo. De chico hice teatro a la gorra, trabajé en plazas ayudando a otros artistas, en Brasil vendía comida de chico a mis 7 u 8 años. Tengo una cultura del laburo de toda la vida, porque en mi casa nunca faltó pero tampoco sobró. Esta vida tan libre y azarosa me llevó por un montón de caminos. Por eso no me puedo quedar quieto.

-¿Esa cultura del trabajo influyó para que aceptes sumarte a Intrusos?

Sí. Más allá de la necesidad económica, no me podía quedar en mi casa mirando el techo porque sino me volvía loco con la idea de que eso pase. No me soporto sin trabajar.

-¿Cómo va la convivencia con Juan Pablo?

-En realidad no vivimos juntos. Él tiene su casa en Lomas de Zamora y yo la mía en Capital, pero como tiene un trabajo esencial en una empresa de telefonía por la cual se traslada todo el tiempo, eso hace que venga a casa tres o cuatro veces por semana, o pasamos un fin de semana juntos. Pero no vivimos de forma permanente. La convivencia es un plan pendiente que quizás inclusive se dé antes del casamiento. Pasamos mucho tiempo juntos y es un paso próximo a dar.

"Si no me termina de caer la ficha de la paternidad y Juan Pablo está totalmente decidido lo voy a acompañar en el proyecto desde mi lugar".

-La cuarentena pospuso sus planes de casamiento. Ahora, ¿en qué estado el proyecto de ser padres?

-Sigue siendo algo a conversar y a seguir trabajando, sobre todo yo en mi terapia y mi fuero íntimo. Yo tengo más contradicciones, no me siento tan preparado y por momentos siento que no tengo las bases tan sólidas para criar un hijo. También me da miedo la manera de acceder a la paternidad. La subrogación de vientre me genera muchas contradicciones. El tema de la adopción me genera muchos miedos. Es algo que no tengo absolutamente interiorizado y Juan Pablo lo tiene mucho más decidido. Ojalá que en algún momento encontremos un punto en común para avanzar en el proyecto. Puede pasar que Juan Pablo decida ser padre de todas formas, pero yo preferiría que sea un proyecto al que me suba de forma genuina, pero no porque quede bien hacerlo. Quiero que sea algo natural. Pero si a mí no me termina de caer la ficha y él está totalmente decidido, lo voy a acompañar en el proyecto desde mi lugar. Será cuestión de transitarlo.

-¿Y cuál creés que sería tu mejor momento?

-Lo mejor de la profesión es la permanencia, es el hecho de estar vigente laburando, estar en la rueda o rodar. Después podemos tener mejores o peores días, estar en diferentes jerarquías del medio, pero el tema es no bajarse de la rueda. Yo laburo hace 25 años y nunca salí de la rueda. Ese es el mayor mérito. Pero si me preguntás desde lo personal, mi mejor momento todavía no llegó, y va a ser cuando me consagre como un conductor exitoso y tenga una carrera mucho más popular, cuando de verdad me sienta súper popular. Ese va a ser el mejor momento.

"Nunca voy a ser carne de redes sociales, no es mi lenguaje porque soy de otra generación. Mientras haya tele y radio, voy a seguir por ahí, sino tendré que volver a hacer teatro callejero".

-¡Pero sos muy popular! ¿Aspirás a conducir en el prime time de la semana como Ángel de Brito?

-Me siento re popular, pero quiero ser más popular. Nunca voy por el lugar de los otros, pero claramente me gustaría conducir un big show propio. Yo siempre apunto a la superación personal, a llenar espacios y ser distinto de todo el resto. No quiero ser ni Rial, ni De Brito, ni Marley ni Chiche. Quiero ser yo. Ambiciono tener mi propio show televisivo en un horario central, ser un número uno en la profesión y voy por eso. Además, me gustaría tener un lugar mucho más importante en la radio, que es camino que en algún punto está en sus inicios aunque hice mucha radio pero que no desarrollé tanto como la tele. Nunca voy a ser carne de redes sociales, no es mi lenguaje porque soy de otra generación. Mientras haya tele y radio, voy a seguir por ahí, sino tendré que volver a hacer teatro callejero.