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Guillermo Francella y la química en escena junto a Peter Lanzani en El Clan: "No parecía que fuera su ópera prima"

El protagonista del film de Pablo Trapero, en la que se luce como un macabro Arquímedes Puccio, habló mano a mano con Ciudad.com.

Guillermo Francella habla de El Clan, mano a mano con Ciudad.com

En agosto de 1985 la sociedad argentina se desayunó con la detención de Arquímedes Puccio, su esposa y tres de sus hijos, cuando la Policía rescató a Nélida Bollini de Prado tras permanecer 32 días secuestrada en la casa San Isidro. Así como nadie podía creer que el vecino bonaerense, y padre del habilidoso rugbier del CASI Alejandro Puccio, podría ser un criminal a sangre fría, Guillermo Francella produce esa misma impactante incredulidad en su interpretación del hombre de cabeza mitad canosa, mitad calva, aspecto inofensivo y trato amable.

A poco de cumplirse las tres décadas del encarcelamiento de los delincuentes, y frente al estreno de El Clan en el cine, su protagonista reflexionó mano a mano con Ciudad.com respecto al rol que podría marcar un hito en su trayectoria. Es que, en realidad, gran parte de la sorpresa que provoca ver a Francella interpretar un personaje de doble faz, como devoto padre de familia y criminal a la vez, tiene que ver con que en su momento no se conocieron ni difundieron tantos datos precisos sobre su biografía.

"No fue sencillo encarar esta interpretación, fue necesario ensayar mucho, hablar con Trapero de lo que quería, lo que buscaba, qué necesitaba contar de un personaje que sabíamos que era un chacal, pero del que no sabíamos mucho cómo era su comportamiento cotidiano. Logramos ser austeros en los movimientos".

Así, la trama del film dirigido por Pablo Trapero demuestra que Arquímides no era un simple contador, sino que fue vicecónsul del ministerio de Relaciones Exteriores durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, pasando por diferentes cargos públicos hasta convertirse en un oscuro agente de la Secretaría de Inteligencia durante la última dictadura militar. Con lo cual, su estrecha relación con los militares pinta de cuerpo entero el cuadro de época.

-Pasaste de ser un actor que hacía reír con una simple mirada, a uno que, con igual gesto, genera miedo con un personaje macabro. ¿Cómo fue esa transformación?

-Compleja. No fue sencillo, fue muy necesario ensayar mucho, hablar mucho con Trapero de lo que quería, lo que buscaba, qué necesitaba contar de un personaje que sabíamos que era un chacal, pero del que no sabíamos mucho cómo era su comportamiento cotidiano, cómo hablaba, caminaba o miraba. Fuimos construyendo a Arquímedes poco a poco, estábamos ávidos de cómo lo podíamos caminar... una vez que lo transformamos en lo estético con el cabello, la panza y la ropa de los 80'. Después, sabíamos de qué modo él realizaba los delitos, los secuestros y todo porque estábamos muy informados. Pero fuimos construyendo cuál era su verdadera personalidad dentro de la casa, en la parte social y fue muy útil todo ese proceso. Muy minucioso, de movimientos ajedrecísticos. Pero estamos satisfechos porque logramos lo que buscamos, logramos ser austeros en los movimientos, en una economía absoluta. Eso se trató y se buscó, como la cosa tan nefasta del tipo tranquilo haciendo los deberes con la hija, planeando el delito inmediato que va a cometer en horas, con una tranquilidad que era perturbadora.

"Peter es un chico muy jovencito pero con un enorme profesionalismo. También creíble, verosímil, muy metido. Tiene actitud, más allá de la buena energía o buena vibra que puede tener un actor para trabajar o componer".

-¿Cómo fue trabajar con Peter Lanzani, siendo su debut en cine, cuando tenían tanta complicidad, tanto en las escenas como en los crímenes?

-Muy placentero, un vínculo fantástico, un chico muy jovencito pero con un enorme profesionalismo. También creíble, verosímil, muy metido. Tiene actitud, más allá de la buena energía o buena vibra que puede tener un actor para trabajar o componer. Hablo también de su preocupación por esmerarse, su preocupación por investigar. Todos los días traía algo escrito que charlaba con Trapero y conmigo de cómo imaginaba ese ratito que tenía, esa participación. No parecía que fuera su ópera prima, sino que parece haber estado haciendo todo el tiempo cine. De verdad que me encanta verlo como lo ha desarrollado y lo bien que está.

-Cambiando de tema, tu hijo Nicolás también es un joven actor. ¿Cómo lo estás viendo ahora con Selva Aleman con Madres e hijos en el teatro?

-Muy orgulloso por él. Yo viví la experiencia de compartir con Nicolás una película que hicimos juntos, Corazón de León. Después, su paso por televisión en Aliados y en Viudas e Hijos. Ahora, él siempre tuvo ganas de hacer teatro, pero teatro puro, de texto. Tuvo el llamado de Selva y estoy muy feliz con lo que hace. También me encanta su compromiso, es de este tipo de personalidades como Peter; son chicos de la misma edad, 24 años. Pero tienen como tantas horas de vuelo... Nicolás no las tiene tanto, pero tiene este profesionalismo que amo. Con una intensidad que me gusta que tenga y está haciendo lo que ama, que no es poca cosa.

-¿Vas a viajar al Festival de Venecia?

-Voy a viajar a Venecia con mucha expectativa, hacía muchos años que una película argentina no competía. Así que tengo ganas y, en Italia, debe ser algo bien visceral. Bien como lo soy yo.

-¿Preparaste algún grito de guerra para festejar en el caso de ganar?

-Ya mandé el "¡Vamos!" en el Oscar. No sé... Ojalá que así sea. Ojalá que la reconozcan, pero repito, ya estar ahí en competencia va a ser muy valedero.