La dura historia de vida de Abel Ayala, el boxeador de El Maestro: "Hasta los 7 años me hicieron creer que mi mamá era mi hermana"

El artista reveló su terrible infancia, en la que eligió abandonar la casa de sus abuelos en Berazategui para vivir en las calles de Constitución. Conocelo.

Abel Ayala, el actor de El Maestro, reveló su dura historia de vida. Foto: Instagram.
Abel Ayala, el actor de El Maestro, reveló su dura historia de vida. Foto: Instagram.

La infancia de Abel Ayala (29) fue muy dura, y su vida un ejemplo de superación si se tiene en cuenta sus orígenes hasta su presente como actor de El Maestro. El artista que interpreta al boxeador novio de Carla Quevedo en la ficción de eltrece vivió en situación de calle, pasó por un hogar de chicos carenciados, y todo comenzó a mejorar cuando a sus 12 años el director Juan Carlos Desanzo lo eligió para que protagonizara El Polaquito en cine.

Tras tener roles destacados en Sos mi hombre y El Marginal en televisión, o Permitidos y la biopic Francisco – El padre Jorge, Abel repasó su camino al éxito. "Soy un pibe que tuvo suerte y ganas de crecer. Siempre quise estar mejor, no sé por qué… porque el ejemplo que viene por herencia no tiene que ver con la prosperidad. Hasta mis 7 años, mi mamá era mi hermana. Me la vendieron como mi hermana. A mi papá no lo conozco, no sé quién es. Y mamá murió de cáncer de mama hace tres años", confesó en una nota con la revista Paparazzi.

Sin avergonzarse de su historia, el padre de Paloma (4) y Amanda (2) continuó: "Mis abuelos son muy pobres, pero es muy típico en personas que vienen arrastrando la pobreza de generaciones anteriores. Nadie me daba bola, vivía prácticamente en la calle. A los 9 años decidí irme de Berazategui, de la casa de mi abuela, para no volver más. Me hubiera encantado tener una familia que me proporcionara todo lo que necesitaba, pero no fue así y no estaba bien en mi casa. No había comida, dormía en el piso. Es tremendo el sufrimiento que cargás por no llevar una vida digna".

Luego, detalló el calvario que atravesó: "Es feo vivir en la calle, pasan cosas tremendas. Más allá del frío, todo el tiempo tenés que buscar un lugar dónde dormir donde nadie te vea, porque te pueden cagar a palos, robar, orinar, violar, pinchar. Es re heavy. A mí no me gustaba porque era pobre, pero sano. Nunca robé, me drogé ni nada".

Agradecido de su devenir, Abel Ayala aporta su granito de arena para solidarizarse con personas que viven lo que él mismo padeció: "Hace un año doy charlas con un psiquiatra para ayudar a otros. Mi historia me pone en contacto con la gente".