La pelea por el preservativo

Algunos hombres se niegan a usar condón: entre la pérdida de erección y el "se corta el clima", ¿cuál es la solución?

Probablemente todas las mujeres nos hemos topado con algún caso de hombre peleado a muerte con el preservativo. Está el que se niega a usarlo porque dice que no siente nada, el que asegura que se rompe la espontaneidad del avance sexual y el que, sencillamente, pierde la erección en el camino de ponérselo.

Es que para muchos el preservativo es un aliando ingrato. Evita riesgos en la relación, pero puede resultar molesto en ocasiones. En cualquier caso, algunos hombres realmente no logran lidiar con él y justo en el momento en el que ratones añejos están por convertirse en realidad y esa mujer esquiva está dispuesta a dejarse penetrar, la gomita se interpone y el amigo pierde contundencia.

Hay un término más o menos científico o médico para estos casos: disfunción eréctil por uso del preservativo. Son casos en los que los hombres sienten que el condón viene a ser algo así como la criptonita: basta que se lo acerquen y superman se debilita. Pero lo cierto es que no hay nada en el condón que implique la pérdida de erección: no es ni porque aprieta, ni porque se interpone entre tu piel y su piel, no. En todo caso es alguna idea que secretamente ronda por la mente asociada al forro.

Como sea, para combatir este tipo de situaciones y las otras, o sea, hasta para dejar sin excusas a los que dicen "odio el forro", "no siento nada", "etc", los sexólogos en general recomiendan erotizar el preservativo.

Es decir, hacer que el condón pase a formar parte del juego, cosa de que no corte la espontaneidad, ni corte nada. Que sea como un chiche sexual más, como una mano más, una felatio más. Ahí es donde las mujeres tienen que adoptar un rol creativo y lograr convertir el preservativo en una bombita de placer.

Es que si el momento de poner el condón es también el momento de una excelente mamada, el hombre puede llegar a cambiar su opinión sobre el látex en general. Así que aprender a ponerlo con los dientes (sin romper, por favor) puede ser una gran estrategia. Piénsenlo, practíquenlo.


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