El gran desafío de Karina K - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El gran desafío de Karina K

La actriz se luce interpretando a la peor cantante lírica de la historia y se convierte en lo mejor de la obra.

La composición que hace del personaje, una mujer bastante mayor que ella, es brillante. Souvenir es una nueva oportunidad para que Karina K se luzca y la actriz la sabe aprovechar muy bien.

En su búsqueda de Florence Foster Jenkins, Karina encontró un arsenal de recursos altamente rendidores. Con un andar lento, expresiva gestualidad, una acertada postura corporal, la impostación de la voz y un vistoso vestuario que remite a la época, construye a esta soprano estadounidense que vivió entre 1868 y 1944 y que se hizo famosa como la peor cantante lírica de la historia que, pese a eso, triunfó en Broadway. Un desafío para Karina que, siendo dueña de una voz afinada, logra desentonar con gracia; equivoca las notas en los lugares exactos, de modo que su desafinación resulta natural.

El texto, que a nivel dramatúrgico presenta algunos problemas, favorece de todos modos a la actriz: porque es un libro para sólo dos intérpretes y el peso protagónico está repartido entre ellos y porque su personaje es sumamente querible. Souvenir es una obra de Stephen Temperley, que se centra en la vida de Florence Foster Jenkins desde la mirada de Cosme McMoon -a quien interpreta Pablo Rotemberg-, el pianista que acompañó a Florence durante los últimos 12 años de vida de la cantante. La puesta muestra los ensayos, los recitales que ofrecen juntos (primero en una sala más íntima y luego en el Carnegie Hall) y el vínculo entre la cantante y el pianista; pero por momentos las situaciones se vuelven reiterativas.

Dirige el espectáculo Ricky Pashkus, quien buscó imprimirle dinamismo con recursos como la entrada de Pablo Rotemberg desde la platea. Renata Schussheim capturó con el vestuario la esencia de un personaje extravagante, que en su último recital luce un vestido por canción.

A Pablo Rotemberg le falta todavía afianzarse en su rol. No le tocó un personaje fácil: como relator, tiene mucho parlamento; en la representación de situaciones, debe sostener a Florence. Protagoniza gags cómicos y momentos emotivos, además de tocar hábilmente el piano en vivo.

Ella dice convencida que tiene oído absoluto. Cosme procura preservarla de las burlas del público y de algún modo, sobre el final, termina mintiéndose a sí mismo sobre el talento de esta dama de la sociedad, proclive a la caridad. El desenlace, onírico.

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