"Up, una aventura de altura" en Cannes

Un filme animado en 3D, divirtió y emocionó en el arranque del encuentro.

La primera sorpresa este año en Cannes fue ver la imagen de la Palma de Oro, con que abre cada proyección, en tres dimensiones. Y había que tener anteojos 3D puestos para ello. Para empezar a disfrutar del Festival bien enfocados...

No se nota que haya menos acreditados por la crisis o la gripe porcina. La sala Debussy ayer por la mañana estaba abarrotada -y nadie estornudó- para ver Up, la maravillosa película de Disney/Pixar con que Cannes decidió con acierto abrir esta 62ø edición. Thierry Frémaux, delegado general del Festival, se permitió una broma al presentar el filme en 3D. "Esta es la foto del día", dijo desde el escenario, y enfocó su camarita hacia la platea, donde todos teníamos puestos los anteojos especiales.

La historia de Carl, un viejito que acaba de enviudar, perder el amor de su vida y para cumplir una promesa a su amada decide ponerle globos llenos de helio a su casa, elevarse y marchar hacia las Cataratas del Paraíso, en Sudamérica, acompañado sin quererlo por un niño explorador, emocionó hasta las lágrimas. Up, una aventura de altura va a convertirse en un nuevo clásico de Pixar, en la senda de Toy Story o Buscando a Nemo. En la Argentina se estrena el 11 de junio.

Con el toque emotivo propio de Disney (Russell, el niño explorador, tiene madre, no así padre, como le pasa a Andy en Toy Story, y en tantos otros clásicos), todo el prólogo del filme en el que se presenta a Carl de niño y cómo conoce a Ellie, hasta casarse y enviudar, tiene una potente carga afectiva que termina tiñendo el relato por venir. Carl, algo sordo, corto de vista y ayudado con un bastón, y Russell -el nieto que no pudo tener porque con Ellie no pudieron criar hijos- se encontrarán en su viaje en globo(s) con Kevin, un pajarraco multicolor, un "rara avis", una especie nunca encontrada a la que persigue una jauría de perros con collar que les permite hablar (!), entre ellos Dug, un perro que es familiar directo del can de Las trillizas de Belleville.

Los sueños incumplidos, el amor eterno y el amor propio, la lealtad, lo que uno es capaz de perder por el otro, el respeto por la naturaleza, y adónde dejamos que nos lleve el destino son algunos de los temas que aborda el filme del director de Monsters, Inc. Con muchos más resortes para emocionar a los adultos que guiños sobre películas, y una trepidante aventura para los más chicos, Up propone un comienzo fuerte, bien arriba. ¿Habrá acaso en la competencia por la Palma, a la que no aspira, alguna película que la supere?

La proyección también desterró el temor por el subtitulado, ya que se afirmaba que el efecto tridimensional acarraería dolores de cabeza o una mala visión. Nada de eso sucedió.

"Abrir Cannes, uno de los eventos más prestigiosos del mundo con nuestra décima película de Pixar es un gran honor", eludió John Lasseter, pope de la compañía, a la pregunta sobre por qué Up no estaba en competencia. "No lo decidimos nosotros", se atajó el director Docter.

En la conferencia de prensa abundaron en anécdotas: que si Carl se parece en sus rasgos a Spencer Tracy o a Walter Matthau, cuando en verdad es una síntesis de los abuelos de los directores, "con su cabeza cuadrada, de tanto estar encerrado en la casa", los homenajes "al cine de los años 40 y 50 con que crecimos", las 40 veces que rehicieron una secuencia (el encuentro entre Carl y los suyos con el villano Muntz), la influencia de Miyazaki, el 3D como "un nuevo juguete con el que nos preguntábamos cómo usarlo, pero no para enrostrarle las cosas al público en primer plano, sino para prolongar la dimensión de la escena". Y, si al fin y al cabo se trata de un filme para toda la familia, todos mencionaron a sus hijos, y Lasseter se mostró demasiado políticamente correcto cada vez que accedió al micrófono.

Tras la apertura de gala, con madames et monsieurs de largo o esmoquin, cuyo maestro de ceremonias era el actor parisino Edouard Baer, todos nos disponíamos a asistir a la "Opening Night Party" de Up, en la mismísima playa del Hotel Carlton, donde ya desde la mañana había cientos de globos de colores atados. Porque el cine es un negocio, claro, pero bien vale una fiesta para celebrar este acontecimiento anual, y esta entrañable y divertida película.