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¿Las religiones unen o dividen?

Acá llega una nueva entrega del Curso de Espiritualidad Práctica para todos. Por Claudio María Domínguez.

Amigos del alma y del corazón, Gracias por estar allí siempre y por el camino de ida y vuelta del amor que expresan. Somos eso: Amor, y cuanto más lo sabemos, sentimos, y compartimos mas armoniosa se torna esta experiencia en el planeta, como seres divinos viviendo en un cuerpo humano. En estos días pasados, se dieron momentos entrañables en las charlas, con tanta juventud, que se acerca por curiosidad, por entusiasmo, comprendiendo lo rápido que pueden cambiar las informaciones recibidas, que siguen generando sufrimiento y vacío existencial. Siempre estamos a tiempo, pero es verdad, que a más edad, mas agotados están los receptores de las células, por haber transmitido, y creído como real, tanta negatividad, miedo, culpa y castigo.

Es glorioso ver familias enteras, venir un día, y regresar los siguientes, con un rostro de alegría creciente y un corazón anhelante por zambullirse en estados de dicha, con estos mensajes del alma, sobre la maestría interna, la luz como nuestro elemento natural y la decisión heroica, pero rápida de cambiar de vida, y decirle adiós al sufrimiento mental, y a la negociación permanente que nos hace confundir ganarnos la vida, con tener una vida. El mensaje es absolutamente ecuménico, es decir respetuoso de todas las creencias, sin pertenecer específicamente a ninguna, religioso de la vida, no de una religión en particular. tal como están barajadas las religiones actualmente, no cumplen en nada con el termino literal, re-ligare, volver a unir, más bien separan, resisten, rechazan y matan, a quien tenga un concepto diferente de lo que uno cree en su mente absurda, que es la verdad.

Medio planeta mata concretamente a la otra mitad, o con las armas, o con las palabras, con la violencia o con la indiferencia y el abuso. Nos seguimos creyendo religiosos por ir al templo y repetir de memoria una formulas, en forma epidérmica, que no modifican nuestra vida? Nos engañamos creyendo que rezar un rato, y confesarnos una vez por semana, nos hace compensar el odio, o el rencor que destruyen cada célula del cuerpo. Es hora de ser reales, sinceros, y darnos cuenta de que hemos engañado al planeta, pero no podemos mentirnos más a nosotros mismos. La pregunta se impone una y otra vez: Somos felices? pregúntense esto gente divina: Sos feliz? y si no lo sos, porque? que estuviste haciendo en tu vida hasta ahora para no serlo? Que estuviste pensando? que estuviste sintiendo? que estuviste haciendo? no será hora entonces de pensar, sentir y actuar diferente?

Las familias luchan desde que empieza el día, porque cada miembro quiere prevalecer con su opinión y gusto de las cosas, y por un rato creen que ganan, que se imponen, y lo único que logran es perder primero al otro y finalmente a ellos mismos en la contienda, que acaba con la energía corporal en forma acelerada.

¿A quien le ganamos, si nos perdemos a nosotros mismos?
Cuando dejamos el cuerpo, ¿a quien nos llevamos? ¿Que obtuvimos? ¿Adónde vamos? ¿Que recibimos?

Es mucho más interesante plantearse la maravilla del alma, la posibilidad en un cuerpo de amar y sanar y ayudar a que el otro sane, descubriéndose a si mismo en su potencial ilimitado, que ser tan mezquinos, de creer que nuestro quiosquito patético, es el único, que merece existir.
Obviamente no pensamos en el karma, en la causa y el efecto, en la cosecha de lo que se siembra, y cuando apuntamos hacia alguna reflexión al respecto, ya se nos fue la vida, de nuevo, vida tras vida, en estado de amnesia, de incomprensión, de irrealidad. Es maravilloso ver como una minoría despierta a su percepción del cambio profundo, en el aquí y ahora, y hace que su energía se expanda y comienza a crear una realidad diaria, gloriosa, entretenida, pero ilimitada, sin sufrimiento, sin miedo, sin recuerdos que atormentan, solo con amor, amor, y más amor.

Un amor compasivo, tanto por nuestro propio ego que todavía coletea un rato y por el ego de los otros, que nos recuerda en forma diaria, los pequeños residuos que permanecen en nuestra mente, y que si nos mantenemos atentos, podemos ir manejando con sabiduría.

Una persona verdaderamente religiosa, ¿necesita todavía una religión en particular? Una persona que abraza la totalidad de la existencia y que ama todas las formas de vida, d¿esea todavía pertenecer a algún grupo en particular? Percíbanlo ustedes en su corazón, amigos queridos.

www.claudiomdominguez.com.ar

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