"Vendí una camiseta de Maradona al cantante de Massive Attack"

Osvaldo Santander colecciona todo -pero todo- lo que tenga que ver con el fútbol y, sobre todo, con los mundiales. Una habitación de su casa de Banfield es un santuario de remeras de equipos y selecciones, pins, entradas, muñecos, bufandas, llaveros. Además de tener una increíble anécdota maradoniana, intercambia objetos con personas de todo el mundo, hasta de países como Burkina Faso, Togo, Guínea, Argelia y Costa de Marfil. "Una vez les pedí algo de futbol y me mandaron una sandalia de antílope", recuerda.

¿Te gusta mi música? Cómodo frente a la PC de su casa en la ciudad portuaria de Bristol, Inglaterra, esa fue la pregunta que soltó Robert del Naja, líder de Massive Attack, a mediados del 2002. Al otro lado del chat, en un pequeño departamento de Banfield paralelo a Camino Negro, Osvaldo Santander (41) le aseguraba que "no, todo bien, pero me gusta U2". El puente entre ellos tenía un responsable: Diego Maradona. Santander publicó en ebay.com una camiseta de Argentinos que Diego usó en 1981 y el británico desenbolsó 2500 dólares para comprarla. "Me dijo que la quería para su padre que es napolitano (¡!)", cuenta Osvaldo, quien todavía retiene el gesto de disgusto cuando exprime la anécdota.


"La remera no era mía. Me lo ofreció un vecino que la tenía porque había enfrentado a Diego en esa época. Me pedía 300 dólares. Tenía la plata, pero como hacía unos meses que estaba sin laburo tenía miedo de necesitarla. Yo sabía que si me quedaba la camiseta, jamás la iba a vender. No podía hacer eso. Entonces le dije que me la dejara dos meses que se la ubicaba seguro. Hoy me arrepiento muchísimo de no habérsela comprado", dice.


Es que para entender porqué las paredes de la casa de este Licenciado en Publicidad y Diseño Gráfico no lucen orgullosas la roja del Bicho que se puso el Diez, apenas hace falta internarse en el primer pasillo a la izquierda, ahí pegadito a la cocina. La primera habitación que asoma guarda todas las respuestas: miles de pins, muñecos, montón de banderines, bufandas, botellas, latas, entradas, llaveros, remeras. Todo un santuario que los fanáticos del fútbol desearían llevarse a la tumba, como los emperadores egipcios hacían con sus riquezas. Ocurre que Osvaldo Santander es desde hace 20 años un coleccionista de fútbol empedernido, al que la pasión de los mundiales, sobre todo, lo pueden más que su San Lorenzo querido.

Sobre uno de los escritorios posan dos entradas recién saliditas del sobre. Si bien no pasarían el desafío de la blancura, parecen lejos de contraer hepatitis. "Son del mundial 94. Pagué siete dólares con gastos de envío. No existe: dos entradas por $20, ¿dónde lo viste?". Entre las difíciles ubica, claro, a las del mundial de 1930 que valen "mil dólares, seguro". A centímetros de esas "antigüedades" una carta recién llegada tiene el membrete del Zaragoza. "Le mandé cartas a todos los clubes de España y a la FIFA diciendo que era coleccionista y les pedí si me podían mandar cosas. Y así van respondiendo". De la multinacional del fútbol recibió postales hermosas de todos los mundiales que al dorso tienen los resultados de todos los partidos.

Osvaldo pide un segundo. Abre un cajón y saca su Biblia. Una carpeta enorme donde descansan, entre cientos de perlitas, el ticket de la final del Mundial 94 que, obvio, adquirió por chirolas, cuatro entradas del partido Inglaterra-Trinidad y Tobago, de Alemania 2006, que le compró a la familia Smith "por quince dólares" y un fixture del torneo local de 1960 que incluye un mapa de la ciudad con la promesa de construir el aeroparque donde hoy está el Autódromo. En la antesala al armario donde se encuentran 80 casacas –hay una del alemán Litvarsky de México 86, otra que usó el Borussia Monchenglagbach contra Boca en 1978, de Riquelme, de Gago, de Cervera, varias de Francia que le envió un colega y una del cuervo firmada por el Gallego González, entre otras-, se ubica un banderín de Togo, que le mandó la confederación de ese país, en 1992.

"Es que intercambio con gente de África también. De Camerún, Argelia, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea. Hubo uno que le dije mandame algo de fútbol y me mandó sandalias de antílope. De Camerún me han llamado a las seis de la mañana. El tipo quería relacionarse, comentarme cosas", cuenta y se ríe Santander. "Esto te abre mucho la cabeza. Socialmente, culturalmente es espectacular. Estoy lleno de invitaciones para ir a montones de lados del mundo. Pero bueno, no es fácil trasladarse", asegura Osvaldo, quien sueña con poder ir a mundial -"lo más lejos donde estuve fue Uruguay, para un partido de eliminatorias para Francia 98", explica-. Y concluye: "Muchas de las cosas que junté, hoy estarían en el cinturón ecológico. Ese es el valor cultural del coleccionista".