Con apenas 21 años, Margarita Páez, la hija de Fito Páez y Romina Ricci, decidió abrirse camino con proyectos propios que combinan teatro, música y emprendimientos culturales.
A los cinco años empezó a estudiar piano y creció en un entorno donde la música, la actuación y la creatividad siempre estuvieron presentes. Sin embargo, con el paso del tiempo fue el teatro el espacio que más la atrapó.
En 2024 debutó profesionalmente en la obra “Al borde del mundo”, presentada en el Centro Cultural San Martín, donde compartió escenario con actrices como Justina Bustos, Ailín Salas y Paula Kohan. La experiencia marcó el inicio de una etapa en la que decidió apostar de lleno por la actuación.
Margarita Páez apuesta al teatro y a proyectos propios
En 2025 volvió a subirse a las tablas con la obra “Un ritual de paso”, dirigida por Ana Kowalczuk, que se presentó en el Teatro Provincial de Rosario, la ciudad natal de su padre. La obra, que mezcla humor y reflexión sobre los rituales cotidianos de la vida, significó además un reencuentro simbólico con las raíces familiares.
En paralelo, la joven también sorprendió con un proyecto inesperado: un emprendimiento de moda circular en Palermo, donde junto a amigas vende ropa de segunda mano seleccionada, con una mirada sustentable y alejada de los circuitos tradicionales de la moda.
El peso del apellido y su decisión de hacer su propio camino
Ser hija de una figura tan influyente como Fito Páez podría ser una ventaja, pero también un desafío. Consciente de eso, Margarita dejó en claro que su intención es construir una carrera basada en su propio trabajo.
“Voy a hacer mi propio camino”, aseguró en una entrevista, una frase que resume su postura frente al peso de su apellido.