Christian Petersen y Sofía Zelaschi volvieron a encender los fuegos de uno de sus proyectos más queridos en el corazón de la provincia de Buenos Aires. Se trata de Paraje Ruta 8, el restaurante de estilo campestre que inauguraron en septiembre de 2025 en San Antonio de Areco.
El local reabrió sus puertas este fin de semana y rápidamente despertó el entusiasmo de quienes siguen de cerca la carrera del reconocido chef y su propuesta de cocina simple, honesta y bien argentina.
La reapertura tiene un significado especial para Petersen, que atravesó semanas de preocupación por su salud. A fines de diciembre, el cocinero fue trasladado de urgencia al Hospital Alemán tras sufrir una descompensación durante una excursión en el volcán Lanín.
Recibió el alta el 6 de enero y comenzó una recuperación progresiva. Hoy, ya más repuesto, decidió volver a ponerse al frente de sus emprendimientos gastronómicos, celebrando la vuelta de Paraje Ruta 8 con un mensaje cargado de emoción para sus seguidores.
ASÍ ES “PARAJE RUTA 8”, DE CHRISTIAN PETERSEN
Ubicado sobre el kilómetro 105 de la ruta 8, a pocos minutos de Areco, el restaurante fue pensado como un parador cálido para quienes viajan por la zona y buscan una pausa lejos del ruido de la ciudad.
Desde su apertura original, Petersen había destacado el espíritu del proyecto como un espacio de encuentro, trabajo en equipo y comunidad, valores que también forman parte de su forma de entender la cocina.
El local abre de martes a domingo, de 8 de la mañana a 6 de la tarde, lo que permite disfrutarlo tanto para desayunar como para almorzar o merendar. La propuesta gastronómica apunta a los clásicos que nunca fallan y que conectan con la memoria afectiva de muchos argentinos.
En la carta se pueden encontrar medialunas recién horneadas, tostados, huevos revueltos y platos contundentes como milanesas acompañadas con fideos, una combinación bien de bodegón que remite a las mesas familiares de domingo.
Lejos de una oferta extensa o sofisticada, Paraje Ruta 8 apuesta por preparaciones simples, bien hechas y con ingredientes nobles, una marca registrada de Petersen a lo largo de su trayectoria. La idea es que cada plato sea reconfortante, sabroso y sin vueltas, en sintonía con el entorno rural que rodea al restaurante.