El minimalismo, ese estilo sobrio que reinó durante años con sus espacios vacíos y paletas monocromáticas, comienza a ceder terreno.
En su lugar, emerge una propuesta mucho más sensorial y expresiva: el “maximalist style”, que celebra la abundancia, la superposición de elementos y la construcción de atmósferas cargadas de identidad. Y Florencia Peña lo entendió perfectamente: encaró una remodelación completa de su casa para alinearse con esta revolución decorativa que llegó para quedarse.
DE LA AUSTERIDAD AL CONFORT ESCENOGRÁFICO
El cambio es radical. Donde antes había paredes en bruto y ambientes desprovistos de ornamento, ahora se despliegan espacios cuidadosamente diseñados, con capas de texturas, iluminación atmosférica y piezas de mobiliario con fuerte presencia visual. La propuesta es clara: los interiores vuelven a ser protagonistas, lugares que no solo se habitan, sino que se viven, se sienten y se exhiben.
En el recorrido que compartió por redes sociales, Florencia dejó ver cómo cada rincón de su hogar responde a esta nueva lógica: blancos suaves, grises elegantes, toques dorados y textiles de alto gramaje que invitan al descanso. Todo convive en armonía, pero sin temor a la abundancia.
DORMITORIOS CON PERSONALIDAD Y VESTIDORES DE LUJO
El dormitorio principal es una oda al diseño contemporáneo. Un respaldo de cama geométrico con detalles metálicos funciona como pieza focal, mientras que una banqueta tapizada en rosa empolvado aporta feminidad y contraste. La iluminación indirecta perimetral refuerza la arquitectura del espacio y crea un clima íntimo y sofisticado.
El vestidor, por su parte, deja de ser un simple espacio de guardado para convertirse en un verdadero walk-in closet digno de revista. Con puertas vidriadas de perfilería oscura, estanterías expuestas y distribución estratégica de las prendas, el lugar funciona como una galería de moda personal. Cada elemento tiene su lugar, pero lejos de la frialdad funcional, el espacio respira elegancia y sensorialidad.
EL REGRESO DE LA DECORACIÓN CON ALMA
Esta tendencia no es caprichosa. Responde a un cambio de paradigma en la forma de habitar los espacios. Después de años de pandemia, el hogar volvió a ocupar un lugar central en la vida cotidiana, y con eso llegó la necesidad de que los ambientes reflejen personalidad, historias y emociones. Los objetos decorativos recuperan su valor simbólico, y los materiales nobles —mármol, madera, metal, terciopelo— vuelven a ser los protagonistas.
Florencia Peña lo resume con su remodelación: más es mejor. Los almohadones, las lámparas de diseño, los espejos gigantes y los muebles con volumen dejan de ser “extras” para convertirse en el corazón del diseño interior.