Milo Pérez, el hijo de Soledad Fandiño y del músico puertorriqueño Residente, atraviesa una etapa clave de su crecimiento.
A los 10 años, el niño vive en Estados Unidos, donde comienza a construir su propia identidad lejos de la exposición mediática constante, pero con una vida marcada por el deporte, el arte y una crianza enfocada en el equilibrio emocional.
Instalada desde hace un tiempo en Miami, Soledad Fandiño tomó la decisión de reorganizar su vida personal y profesional con un objetivo claro: priorizar el bienestar de su hijo. Aunque su relación con René Pérez terminó en 2018, ambos lograron sostener un vínculo respetuoso y cooperativo.

LA VIDA DE MILO PÉREZ
La cercanía geográfica con su padre fue un factor determinante en este nuevo capítulo. Vivir en la misma ciudad permitió fortalecer el lazo cotidiano entre Milo y Residente, aportándole al niño una estabilidad emocional fundamental en una etapa de pleno crecimiento. Lejos de los escándalos y con un perfil bajo, la familia apuesta a una rutina ordenada y contenida.

En su día a día, Milo combina el colegio con actividades extracurriculares que reflejan intereses variados. Por un lado, el fútbol ocupa un lugar central. El niño entrena en un club local, donde aprende valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la constancia.
Para Fandiño, el deporte funciona como una herramienta clave para canalizar energía y fomentar hábitos saludables.

Pero el costado artístico también empieza a ganar protagonismo. En los últimos meses, Soledad compartió en redes sociales imágenes de una presentación de su hijo en un concierto del conservatorio donde estudia.
Sobre el escenario, Milo interpretó una pieza del reconocido musical Hamilton, demostrando seguridad, soltura y una sensibilidad que llamó la atención de quienes presenciaron el show.




