Jorge Rial, a fondo: la historia jamás contada de la adopción de sus hijas y por qué las cambió a una escuela pública

El conductor habló de todo en una profunda entrevista con la revista Pronto. Su violenta infancia y una decisión de vida. 

Jorge Rial, a fondo. (Foto: Web y Ciudad.com)
Jorge Rial, a fondo. (Foto: Web y Ciudad.com)

"En el colegio le hicieron bullying a Morena y por eso ahora las cambio a una escuela pública. No quiero que sean dos nenas de papá, quiero que vean que hay otra realidad, que la calle es dura. Estoy seguro de que van a encontrar más amigos y solidaridad que en la privada".

Es uno de los nombres indiscutidos del periodismo de espectáculo y se ha convertido en una figura magnética de los medios. Jorge Rial (53) alterna sus días entre Buenos Aires, donde lleva adelante Intrusos, y Carlos Paz, donde se encuentran instaladas sus hijas, Morena (16) y Rocío (15), y su novia, Loly Antoniale (27), de temporada con la obra Los Bañeros.

Allí, en la increíble casona que alquiló en las sierras cordobesas, Rial abrió las puertas de su intimidad y mostró al "Jorge más profundo", en una entrevista con la revista Pronto. Su infancia en Munro con episodios de violencia explícita, la relación con Loly y las ganas de ser padres, los problemas médicos de Morena, los detalles del proceso de adopción de sus hijas, la tentación de estar con otras mujeres, el sexo, su enfrentamiento con Silvia D'Auro, y más.

LA RELACIÓN CON LOLY

-“Fue la mejor Navidad de mi vida, pensá que no tengo familia. En realidad, mis hijas eran mi familia y esta vez acá éramos un montón. Mariana me regaló una familia, para Nochebuena éramos 27, y en Año Nuevo, 17. En esas reuniones, yo soy uno más, no soy el tipo de la tele. Me ven como la pareja de Mariana, eso está clarísimo. No tengo ningún lugar especial”.

-“Lo más lógico cuando un tipo se separa no es volverse a poner en pareja tan rápido. Podría haber salido con un montón de mujeres o haber vivido en Tequila. Yo decido no hacer nada de eso. No soy un tipo de la noche y me gusta estar en pareja”.

-“En algunas cosas, tengo más aguante yo y ella se sorprende. No estoy hablando de sexo, obviamente, aunque también ahí... Tengo ganas de casarme y de tener hijos, de agrandar la familia. No de formarla porque ya la tengo, pero sí de agrandarla”.

SU EXESPOSA, SILVIA D’AURO

-“Necesitaba hacer un libro también para exorcizar un montón de cosas y ponerle un punto final a una historia pasada. Por suerte, al mismo tiempo se dio el correlato de un fallo judicial y se terminó la historia. Lo de la probation de Silvia (D'Auro, su exmujer) y que aceptara la culpa para mí fue maravilloso”.

"La mamá biológica de Morena estuvo los últimos dos meses de embarazo en la casa de mi vieja para cuidarla. Rocío llegó con un año. Estaba en una casa de tránsito, en una situación difícil".

-“Silvia, antes de bañar a Morena, a los 6 años, la empujó contra la bañera y ella se golpeó la vagina fuerte. Supe lo del golpe, pero pensé que había sido sólo eso. Silvia me decía que se había caído, jamás imaginé que podía llegar a golpearla de esa manera. Después, Morena se lo contó a Mariana, y ella a mí. Me enteré hace poco. De muchas cosas me enteré ahora. Es horrible todo, y la culpa que siento no te la imaginás”.

-“Ya no tengo ningún sentimiento hacia Silvia, logré esterilizar todo hacia ella. No tengo ningún tipo de sentimiento, no existe, está borrada de mi vida. Es un asunto terminado, esterilicé el pasado, ya está, no existe. Ni llevo la cuenta de hace cuánto no se ve con mis hijas. Te digo más, mis hijas pidieron que Mariana las adopte”.

LA ADOPCIÓN DE SUS HIJAS

-“La mamá biológica de Morena estuvo los últimos dos meses de embarazo en la casa de mi vieja para cuidarla, hacerle los análisis, que comiera y esté fuerte. Ya había dado otros hijos en adopción y a la beba que esperaba pensaba darla también. Nació la beba, se hizo un sorteo en un juzgado y nos dieron primero la guarda por seis meses. En ese tiempo, la madre biológica puede oponerse y llevársela y la asistente social o el juez pueden quitártela. Morena tenía otro nombre, que fue el que le puso la mamá que la tuvo. Morena se lo elegí yo. Casualmente, el mismo juzgado donde me divorcié fue donde adoptamos a mis hijas, ¡una cosa de locos! Rocío llegó con un año. Estaba en una casa de tránsito, en una situación difícil, con muchos más chicos. También tenía otro nombre y nosotros la llamamos así, llegó a casa el mismo día que cumplía un año, el 15 de septiembre”.

EL PROBLEMA DE SALUD DE MORENA

-“Morena sufre obesidad y resistencia a la insulina, me enteré después de separarme. El problema de la insulina tal vez sea de herencia genética y, por suerte, lo hemos podido bajar un poco. Si no lo parás a tiempo, además de no bajar de peso, te tenés que inyectar todos los días. El año pasado apuntamos a la salud, logramos bajar mucho el colesterol, le armé una clínica en casa con nutricionistas, psicólogo, preparadores físicos”.

Sobre la relación con Loli: "Tengo más aguante yo y ella se sorprende. No estoy hablando de sexo, obviamente, aunque también ahí (...) Podría haber salido con un montón de mujeres o haber vivido en Tequila. Yo decido no hacer nada de eso".

DECISIÓN DE VIDA

-“En el colegio le hicieron bullying y por eso ahora las cambio a una escuela pública. Tengo ganas de que tengan un toque de realidad, cosa que las escuelas privadas no tienen porque están más en una burbuja. Fue una decisión de vida. No quiero que sean dos nenas de papá, quiero que vean que hay otra realidad, que la calle es dura. Estoy seguro de que van a encontrar más amigos y solidaridad que en la privada”.

SU DURA INFANCIA EN MUNRO

-“En la esquina de Alvear y Francia, en Munro, mi viejo puso un almacén y yo a la noche dormía ahí. Teníamos una sola pieza, donde dormían mis viejos, el comedor, un patio y a la noche a mí me desplegaban una cama en el almacén. Después pasé a dormir con ellos y de un mueble se bajaba una cama. Mi vieja me azotaba con la manguera o con el cinto. A veces, se le iba la mano. Un día, me revoleó un sachet de lavandina, que me pegó en la cara y me explotó. Tragué lavandina pura, me intoxiqué y quedé una semana internado en el hospital de Vicente López. Tenía 7 años, una locura. Me crié en la calle, esa era mi casa. Hoy, estoy acá, pero podría haber terminado en la cárcel de Sierra Chica, qué se yo”.