La carta de una joven que vio morir a su padre alentando a San Lorenzo y emocionó a Marcelo Tinelli: "No puedo parar de llorar"

Lucía Bodo escribió unas conmovedoras líneas luego de que su papá falleciera tras la goleada del Ciclón por la ida de la semifinal de la Copa Libertadores.

Tinelli se emocionó con la carta de Lucía Bodo tras la muerte de su papá. (Fotos: Web)
Tinelli se emocionó con la carta de Lucía Bodo tras la muerte de su papá. (Fotos: Web)

Todo era alegría, felicidad y emoción para el pueblo hincha de San Lorenzo, tras la victoria por 5 a 0 frente a Bolívar que dejó al equipo de Boedo muuuy cerquita de jugar su primera final de Copa Libertadores.

Lucía Bodo, de 27 años, relató con profundo amor lo que ocurrió aquella noche en la cancha, en una eternecedora carta que hizo llorar a Tinelli y hará lo propio con cualquiera que la lea, sea hincha de San Lorenzo o no.

El partido por la ida de las semifinales se jugó el miércoles 23 en el Nuevo Gasómetro y los hinchas deliraron.

Sin embargo, para una familia sanlorencista no todo fue felicidad. Lucía Bodo y su papá Juan Carlos habían ido a la cancha como tantas otras veces, pero la noche terminó mal. El hombre se descompuso en el estadio y terminó muriendo de un infarto en el hospital Piñero, con su camiseta azulgrana puesta.

La joven, de 27 años, relató con profundo amor lo que ocurrió aquella noche en una eternecedora carta que hizo llorar a Marcelo Tinelli y hará lo propio con cualquiera que la lea, sea hincha de San Lorenzo o no.

El conductor, sensibilizado, escribió en Twitter: "No puedo parar de llorar. Todo mi amor para Juan Carlos, Lucía y toda la familia. Amo ser cuervo".

 

LA CARTA

Mi nombre es Lucía Daniela Bodo, Socia N°44030. Hace más de 12 años que voy a la cancha con mi papá, Juan Carlos Bodo, Socio N°44028. Gracias a San Lorenzo hemos compartido sentimientos y experiencias únicas. Mi papá no me solía abrazar seguido, sin embargo, bajo las luces del Nuevo Gasómetro, en cada gol lo tenía rodeándome en sus brazos.

Mi viejo no lloraba nunca, aunque últimamente con sus problemas de salud, más de una vez lo vimos lagrimear. Sin embargo, no sentía vergüenza de hacer pucheros y dejar caer las lágrimas ante un resultado agónico, una clasificación épica o un éxito social como el día en que volvimos a Boedo.

Lucía escribió: "En la ambulancia, que hizo lo más rápido que pudo hasta el hospital Piñero, mi papá se estaba dando por vencido, no paraba de mirarme y de hacerme entender que había estado donde quería estar y con quien quería estar. Antes de bajar de la ambulancia, le dije que San Lorenzo estaba ganando 4-0 (el cuarto lo escuché de lejos) y me dijo: 'Bueno, mejor así'".

Mi viejo era quien quería ser ahí, solo ahí, en la butaca 20 de la fila 7 del sector preferencial en la platea Sur. Y yo, su hija del medio, fui la única testigo de eso por años.

El miércoles 23/07, luego de más de 1 mes de vigilia y ansiedad por ver a su San Lorenzo querido, al fin en la semifinal de una Copa Libertadores, fuimos a la cancha como lo hemos hecho cada vez durante estos 12 años. Tuve la suerte, profunda suerte, de que nos abrazáramos 3 veces en la misma noche: la primera en el gol de Matos, la segunda en el de Emanuel Mas y la tercera con la definición del Pichi Mercier. Esa tercera, yo no lo sabía y él tampoco, sería la última.

En el 3-0 me dijo que se sentía mal y que iba al baño. Lo seguí. Lo seguí por esas cosas de la vida, porque cada vez que fue al baño, siempre me decía que me quedara sentada. Pero esta vez lo seguí. Ya en el entrepiso de la Sur, se sentó en el suelo y con una cara de preocupación rara me dijo que le dolía el pecho. Corrí, grité, transpiré la camiseta como los 11 que mientras tanto le regalaban a mi viejo la clasificación a la final. Hasta que encontré una ambulancia. En la ambulancia, que hizo lo más rápido que pudo hasta el hospital Piñero, mi papá se estaba dando por vencido, no paraba de mirarme y de hacerme entender que había estado donde quería estar y con quien quería estar. Antes de bajar de la ambulancia, le dije que San Lorenzo estaba ganando 4-0 (el cuarto lo escuché de lejos) y me dijo: "Bueno, mejor así".

Así es como quería dejar las cosas, con el sueño de la Copa Libertadores casi servido para que yo lo disfrute por los dos. Mejor así, como dijo él, mejor así que vinimos a ver a nuestro amado San Lorenzo hoy, juntos, y nos abrazamos tantas veces. Mejor así que murió una hora después con la azulgrana puesta y con la tranquilidad de que yo estaba cerquita, muy cerquita suyo. Mejor así que lo último que vió fue el gol del Pichi Mercier y mi cara diciéndole a los ojos que todo iba a estar bien.

Marcelo Tinelli, sensibilizado, escribió en Twitter: "No puedo parar de llorar. Todo mi amor para Juan Carlos, Lucía y toda la familia. Amo ser cuervo".

Esta es la historia más triste que me tocó relatar en mis 27 años. Pero es la historia que quiero que conozcan. La de un Cuervo de ley, que murió en los tablones, fiel a su amor San Lorenzo. Es la historia de un socio refundador, de un guardian de la vuelta a Boedo, que desde hace rato ya tiene pagado su metro cuadrado. Es mi historia, la de una chica que amaba ir a la cancha con su papá y que a partir del miércoles pasado sólo lo hace desde sus recuerdos.

No pretendo nada con este mail. Sólo contarles la historia, porque el club también es mio y quiero compartirlo con ustedes. Que las autoridades de San Lorenzo sepan la calidad de socios, de hinchas que tienen. Que entre todos sigamos haciendo grande a la institución porque realmente, es grande por su gente, por gente como mi viejo.

¡Gracias!

Lucía Bodo.

"En la ambulancia, que hizo lo más rápido que pudo hasta el hospital Piñero, mi papá se estaba dando por vencido, no paraba de mirarme y de hacerme entender que había estado donde quería estar y con quien quería estar. Antes de bajar de la ambulancia, le dije que San Lorenzo estaba ganando 4-0 (el cuarto lo escuché de lejos) y me dijo: "Bueno, mejor así".
"En la ambulancia, que hizo lo más rápido que pudo hasta el hospital Piñero, mi papá se estaba dando por vencido, no paraba de mirarme y de hacerme entender que había estado donde quería estar y con quien quería estar. Antes de bajar de la ambulancia, le dije que San Lorenzo estaba ganando 4-0 (el cuarto lo escuché de lejos) y me dijo: "Bueno, mejor así".