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Lu Gaitán, autora de Hola amiga: “La amistad también necesita compromiso, construcción y acuerdos”

La especialista en astrología y vínculos se anima en su nuevo libro a revisar una de las relaciones más importantes y menos cuestionadas de nuestra vida: la amistad. En diálogo con Ciudad, habló sobre los acuerdos, la reciprocidad, los celos, la envidia, los cambios que provocan la pareja y la maternidad y las particularidades de la amistad argentina.

Por Estefania Lisi
20 de agosto 2026, 16:06hs
Foto: prensa Lu Gaitán
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La amistad ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida afectiva, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente sostener un vínculo elegido a lo largo del tiempo.

¿Qué pasa cuando una amiga cambia, cuando cambian nuestras necesidades o cuando aquello que antes funcionaba deja de hacerlo? ¿Es posible querer a alguien y, al mismo tiempo, sentir celos o envidia? ¿La amistad es realmente incondicional?

Esas son algunas de las preguntas que Lu Gaitán pone sobre la mesa en Hola amiga, su nuevo libro publicado por VR Editoras.

Después de años escribiendo sobre astrología y símbolos, la autora se corre de ese territorio para explorar uno de los vínculos más importantes y, a la vez, menos pensados de nuestra vida cotidiana. El libro nació, en parte, de una experiencia personal: “El año pasado estaba con algunos conflictos con amigas y me di cuenta de que no tenía marco teórico para pensar qué era lo que estaba pasando. Estaba muy a ciegas”, cuenta.

En Hola amiga, Gaitán revisa la idea de la amistad perfecta y se detiene en sus zonas más incómodas: los acuerdos, la reciprocidad, las diferencias, los celos, la envidia y las crisis. También analiza las particularidades de la amistad argentina y cómo los cambios de la adultez pueden transformar nuestros vínculos.

En diálogo con Ciudad, habló sobre qué hace que dos personas sigan eligiéndose a lo largo del tiempo.

- Venís de escribir mucho sobre astrología y símbolos, pero este libro se corre un poco de ese territorio para meterse de lleno con la amistad. ¿Por qué sentiste que era necesario escribir específicamente sobre esto ahora?

- Siempre escribo sobre cosas que me están pasando, la diferencia es que este libro es mucho más catártico y menos teórico.

El año pasado estaba con algunos conflictos con amigas y me di cuenta de que no tenía marco teórico para pensar qué era lo que estaba pasando. Estaba muy a ciegas.

Me di cuenta de que había poca elaboración colectiva sobre este vínculo. En cambio, sobre la pareja y la crisis del amor hay un millón de libros y podcasts.

Creo que ahora nos toca revisar la amistad. Si lo pienso desde los tránsitos astrológicos, tiene mucho sentido: Urano en Géminis, Plutón en Acuario, los Eclipses.

- Si la amistad no es incondicional, como solemos pensar, ¿qué es lo que realmente hace que dos personas sigan eligiéndose a lo largo del tiempo?

- El deseo.

A veces pensamos que el erotismo solo aparece en la pareja y no es así. Lo que hace que sigamos siendo amigas es que tengamos ganas de vernos y compartirnos.

Por supuesto, también están las lealtades —“como somos amigas desde hace veinte años, tenemos que seguir viéndonos aunque no haya nada en común ahora”— y la culpa.

Yo le digo “culpa feminista” de ser “mala amiga”. Me refiero a situaciones del tipo “me da culpa no querer ver a esta amiga porque siempre está muy bajón y se pone densa” y en el imaginario colectivo de la sororidad, yo tendría que ser incondicional con mi amiga porque está pasando un mal momento.

- Hablás mucho de la amistad argentina, muy especial con respecto al resto del mundo. ¿Qué cosas que para nosotros son signos de amistad pueden ser vistas de manera muy diferente en otras culturas?

- Voy a hacer generalidades con lo que voy a decir, por supuesto.

Creo que una de las cualidades de nuestra cultura es que abrimos la puerta de nuestra casa a personas que acabamos de conocer pero intuimos que pueden ser amiguis. En otros lugares del mundo, es probable que no conozcas la casa de tu mejor amigo.

Otra característica es que somos muy buenas acompañando el drama de las demás. En términos generales, no tenemos problema para prestarle la oreja a la amiga que está en crisis.

En otras culturas, la española, por ejemplo, las amistades suelen romperse cuando una de las partes está mal.

Foto: prensa Lu Gaitán

- Una de las ideas que más me interesó del libro es que cuestionás la idea de que la amistad es un vínculo completamente incondicional. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que una amistad también tiene límites, acuerdos y condiciones?

- Creo que esperamos que la amistad sea la balsa en el medio del mar de este mundo que está colapsando. Un refugio ante la incertidumbre.

La amistad también necesita compromiso, construcción, acuerdos, charlas incómodas, etc.

-¿Una amistad puede sobrevivir cuando los acuerdos implícitos que la sostenían dejan de funcionar? ¿Cómo?

- Es probable que necesitemos explicitar lo que esté pasando. Decirlo.

Un ejemplo: con mi amiga Karen, nos vemos todos los fines de semana para tomar un cafecito y pasear. Si por h o por b, esa dinámica se rompe, creo que es necesario decírselo.

No tengo la obligación de verla todos los fines de semana, pero tenemos ese ritual y me parece importante hacérselo saber.

Luego entrará en juego la flexibilidad que tengamos para adaptarnos a lo nuevo, así como otras variables: nuestra red vincular.

Si espero que una sola persona satisfaga todas las necesidades afectivas, lo más probable es que termine frustrada y sintiéndome abandonada o traicionada.

-¿Qué pasa cuando durante un tiempo alguien necesita mucho más de vos de lo que vos necesitás de esa persona? ¿La reciprocidad tiene que ser 50/50 todo el tiempo?

- No es posible que los vínculos estén perfectamente balanceados, pero sí creo que tiene que haber una tendencia al equilibrio.

Si siempre soy yo la que inicia las conversaciones o arma los planes, es importante dejar el espacio para que el otro muestre interés. Lo más probable es que el otro no lo haga en el tiempo y la forma que a mí me gustaría, pero es la única forma en que la relación no sea unilateral.

Muchas veces es doloroso ver que del otro lado no pasa lo mismo, pero esto es parte de los vínculos, ¿no?

Me gusta esa idea que viene de Derrida sobre la amistad: el otro es un extranjero, alguien que tiene otros usos y costumbres distintos a los míos. Por supuesto, el desafío va a ser que yo pueda alojar esa otredad, pero que su extrañeza tampoco me resulte un abismo.

Volviendo al tema cultural que mencionamos antes, los alemanes suelen interpretar las risas y los abrazos como excesos, su forma de expresar afecto es en actos concretos pero sin grandes declaraciones de amor. Las latinas que viven en Alemania suelen quejarse de esto y, por eso, tienden a armar comunidad con otras latinas que viven ahí.

Esto que aplica a diferencias culturales entre latinoamericanas y germanas también lo podemos pensar para nuestras amigas.

Por eso, la pregunta que aparece todo el tiempo es: ¿cuál es el margen de tolerancia que tenemos ante la diferencia?

Foto: prensa Lu Gaitán

- ¿La decisión de ser mamá o no puede influir en las amistades entre los 30 y los 50 años? ¿Y qué pasa con las amistades entre personas que están solteras y aquellas que se ponen en pareja? ¿Por qué esos cambios de vida pueden modificar un vínculo?

- Uno de los grandes quiebres en materia de amistades femeninas es la maternidad. Las necesidades y las rutinas cambian por completo.

Vamos a necesitar flexibilidad y una gran capacidad de adaptación a lo nuevo para que esas amistades sigan viviendo.

Algo parecido sucede cuando una empieza a estar en pareja y otra está soltera. La tendencia general es priorizar el vínculo de pareja, sobre todo si es nuevo y es la etapa de enamoramiento y deseos de conocer al otro.

Creo que después de un tiempo esto se acomoda y volvemos a dedicarle espacio y tiempo a las amigas.

Son situaciones que nos piden flexibilidad, capacidad de adaptación y aceptación de que hay algo que ya no va a ser como antes.

- ¿La competencia entre amigas es necesariamente algo destructivo o puede existir sin arruinar el vínculo? ¿Qué hacemos con sentimientos que consideramos “malos” dentro de una amistad, como los celos, la envidia o incluso el alivio cuando a la otra le sale algo mal?

- Yo creo que puede ser parte de la relación y no necesariamente tiene que destruirlo todo, pero eso va a depender de nuestra capacidad para procesar lo que sea que nos esté pasando.

Queda mal decirlo, pero los vínculos piden que, a veces, reprimamos la expresión de lo que pensamos y lo que sentimos en función del cuidado del lazo. Una cosa es la sinceridad y otra cosa es la crueldad.

Después de todo, en la amistad también vemos cosas que no nos gustan tanto de nosotras mismas. Por ejemplo, que no nos alegramos con la felicidad de las amigas.

Si indagamos un poco más, vamos a ver que esto también nos pasa con otras personas, pero cuando sucede con personas que son muy cercanas, que forman parte de nuestra vida cotidiana, la situación se vuelve un poco más difícil porque es una suerte de papa caliente con la que no sabemos qué hacer.

Mientras escribía este libro, fue la época del boom de Envidiosa y, sinceramente, celebré que apareciera el tema en boca de todas.

La serie tuvo críticas por ser poco realista y poco feminista. Desde ya, el personaje de Griselda Siciliani es una caricatura, una exageración, pero una vez que pasamos el umbral de rechazarla, empezamos a ver que, en mayor o menor medida, está hablando de algo que nos pasa a todas.

Felizmente, el personaje empieza terapia y, sumado a eso, sus amigas le ponen los puntos varias veces. Por eso, ella se vuelve más reflexiva y mucho menos autocentrada, más generosa y dispuesta a ayudar a los demás.

Respecto a la envidia, me gusta lo que dice Melanie Klein: que el antídoto es el agradecimiento. En vez de ver todo lo que la otra tiene y yo no, ver lo que sí hay en nuestras vidas.

Otra cosa más: la felicidad de la otra no implica que yo no pueda ser feliz porque la felicidad no es un bien escaso.

Por último, que intentemos transformar la envidia en admiración.

- ¿Cuándo una crisis es simplemente una crisis dentro de una amistad y cuándo es una señal de que ese vínculo ya terminó?

- Creo que esto lo vamos a saber con el tiempo, poniendo las cosas sobre la mesa y viendo si hay cambios.

Últimamente, mi anclaje en esta situación es registrar el cuerpo y las ganas.

¿Después de estas conversaciones difíciles que tuvimos tengo ganas de volver a ver a esta persona? ¿Me imagino tomando un mate o una birra y eso me da felicidad o me genera tensión y rechazo?

- ¿Qué cosas esperamos de una pareja que nunca nos atreveríamos a pedirle a una amiga?

- Probablemente, la exclusividad.

- ¿Qué tipo de amiga sentís que sos? ¿Hubo alguna idea del libro que te haya hecho pensar: “Esto lo tengo que revisar en mis propias amistades”?

- Creo que soy leal, que sé escuchar y estar presente para las demás personas, pero también sé que me cuestan mucho las conversaciones difíciles, que me muero de miedo y me angustio cuando tengo que decir algo que no me gusta y, de algún modo, espero que las cosas se resuelvan por sí solas.

Que puedo sentir celos y también envidia, pero hago todo lo posible porque esas emociones no destruyan al otro.

No sé si me sale bien, pero debo decir que tengo amigas que me quieren mucho.

Hola amiga: una mirada más incómoda sobre el vínculo que elegimos

Hola amiga se propone hacer algo que, en apariencia, resulta sencillo pero que en la práctica no hacemos tan seguido: pensar la amistad.

Estamos acostumbrados a hablar de las parejas, de las separaciones, del amor romántico, de las crisis y de cómo construir vínculos saludables. Pero la amistad suele quedar relegada a un territorio que damos por sentado. Como si una amiga verdadera simplemente estuviera ahí, disponible, y como si el afecto alcanzara para resolver cualquier diferencia.

Lu Gaitán pone en debate justamente esa idea. A lo largo del libro, la autora se mete en las zonas menos cómodas de la amistad: los celos, la competencia, la envidia, las lealtades, los cambios de vida, las expectativas y esos acuerdos que muchas veces nunca hablamos pero que, de alguna manera, sostienen nuestros vínculos.

Uno de los aspectos más interesantes de Hola amiga es su mirada sobre la amistad argentina. Gaitán observa una forma de vincularnos marcada por la cercanía, la intimidad y una enorme disponibilidad para acompañar el drama ajeno. Abrir las puertas de casa, compartir un mate, conocer rápidamente la intimidad de alguien o estar disponible cuando una amiga atraviesa una crisis aparecen como rasgos culturales que damos por naturales, pero que no necesariamente se repiten de la misma manera en otras sociedades.

El libro también invita a abandonar la idea de que una amistad debe ser completamente incondicional. No porque el cariño sea menos importante, sino porque querer a alguien también implica construir un vínculo que pueda soportar las diferencias.

Hay una idea que atraviesa buena parte de la propuesta de Gaitán: las amistades requieren acciones. Hay que verse, llamarse, escuchar, preguntar, adaptarse a los cambios y, sobre todo, encontrar nuevas formas de encontrarse cuando la vida de las personas deja de ser la misma.

La maternidad, una nueva pareja, la soltería, un cambio de trabajo o simplemente el paso del tiempo pueden modificar los ritmos de una relación. Y quizás una de las preguntas más interesantes que deja Hola amiga sea justamente esa: ¿cuánta diferencia estamos dispuestos a alojar dentro de un vínculo que queremos conservar?

El resultado es un ensayo que no busca idealizar la amistad ni convertirla en otro manual de vínculos perfectos. Por el contrario, se mete en eso que muchas veces preferimos no admitir: podemos querer profundamente a una amiga y sentir envidia; podemos estar agradecidas por su presencia y, al mismo tiempo, necesitar distancia; podemos atravesar una crisis y descubrir que todavía queremos seguir eligiéndonos.

Porque quizás una amistad no se define por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de atravesarlos y decidir, una vez más, si todavía tenemos ganas de encontrarnos del otro lado.

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