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Mariano Peluffo, especialista en realities: "En México creían que yo tenía un avión privado"

Mariano Peluffo, ante la búsqueda de Relatoras: No ser del palo del fútbol me libera de compromisos tácitos
Mariano Peluffo, ante la búsqueda de Relatoras: No ser del palo del fútbol me libera de compromisos tácitos

Condujo, entre otros, Gran Hermano, MasterChef, Cuestión de peso y Got Talent. Ahora está al frente de Relatoras argentinas, por la TV Pública.

Hay pocas personas más identificadas con los realities que Mariano Peluffo (50), y mucho más ahora que lanzó Relatoras argentinas (martes a domingos a las 22:00 por la TV Pública), el programa en el que 16 mujeres competirán por lograr el premio de relatar partidos para el sistema público de medios. Después de haber conducido Gran Hermano, MasterChef, MasterChef Junior, Talento Argentino, Perdidos en la Tribu, Perdidos en la Ciudad, Cuestión de Peso, entre otros, Peluffo ahora se abocará a la voz femenina que relate fútbol.

“Nosotros no vamos a buscar a la Mariano Closs o la Víctor Hugo del relato, sino relatoras que lo hagan bien, que te hagan sentir que estás viviendo el partido en la cancha”, aclara Mariano a Ciudad. Quienes tendrán la última palabra serán Viviana Vila, Walter Nelson, Evelina Cabrera y Miguel "Titi" Fernández, el jurado encargado de calificar a las mujeres, quienes además contarán sus historias de superación personal. 

“La idea es que no haya participantes eliminadas, así que arrancan y terminan el programa las 16. La ganadora será la que más puntos sume. Porque en un país con tantos femicidios me parece de mal gusto andar eliminando una mujer por semana. Quizá sea hilar muy fino, pero a mí me hace ruido que una chica se vaya llorando después de haber participado sólo una semana. Para ellas significaría retroceder varios casilleros después de habérsela jugado por su sueño”, explica Peluffo, que además conduce Como todo (lunes a viernes a las 12:00 en NET TV), y Sarasa (lunes a viernes a las 14:00) y Abierto los domingos (domingos a las 10:00) en la 100.

"Me gusta mirar deportes, mirar fútbol, veo los partidos de la Selección, algún partido importante también. Pero no se me dio lo del fanatismo por un club".

En una charla amena y sincera con este sitio, en la que apeló al humor y las metáforas para explayarse, Peluffo contó cómo se gestó su llamativa salida de Telefe tras casi 17 años de éxitos indiscutidos, cómo encara su obesidad, reafirmó su respaldo incondicional a Julieta Prandi y detalló qué le pasa cada vez que mira MasterChef Celebrity.

-¿Cómo te sentís con el lanzamiento de un reality tan particular?

-Estoy muy feliz. Arranco en la TV Pública, donde no había estado, y me gusta el desafío de saber que estoy en un canal que quizá en el rating metropolitano no hace una performance como el resto, pero que se ve en todo el país. También fue un desafío arrancar en NET TV, por entonces una señal nueva, desde cero. Ahora, la idea original fue de la TV Pública y con Salta Violeta, mi productora, le dimos la forma al reality.

-Se sabe que jugaste al básquet hasta casi llegar a la primera en Ferro, pero, ¿cómo es tu vínculo con el fútbol?

-Me gusta mirar deportes, mirar fútbol, veo los partidos de la Selección, algún partido importante también. Pero no se me dio lo del fanatismo por un club. En algún momento fui hincha de San Lorenzo porque tenía un tío que me insistía, pero ni conozco el Nuevo Gasómetro. Después, me terminó ganando un poquito más el corazón el equipo del barrio, All Boys, porque mi viejo era socio vitalicio, mis hijas hacen gimnasia ahí y yo arranqué a jugar al básquet ahí. Si me piden dar una mano en el club, que preside Nicolás Cambiasso (N del R: exarquero, hermano menor del exvolante del Inter y la Selección, Esteban Cambiasso), voy. Pero si me preguntan quién juega, no sé. Eso sí, entiendo de fútbol, trabajé en programas deportivos.

"No ser del palo del fútbol me libera de un montón de compromisos tácitos que existen. Por ejemplo, no me pueden pedir que no hable mal de la AFA. Puedo plantear que no puede ser que haya sola una presidenta mujer en el futbol, Lucía Barbuto de Banfield. ¿Pero qué? ¿Me va a llamar el Chiqui Tapia (N del R: presidente de la AFA)?".

-¿Lo ves como un punto a tu favor?

-Claro. No ser del palo del fútbol me libera de un montón de compromisos tácitos que existen. Por ejemplo, no me pueden pedir que no hable mal de la AFA. Puedo plantear que no puede ser que haya solo una presidenta mujer en el futbol, Lucía Barbuto de Banfield. ¿Pero qué? ¿Me va a llamar el Chiqui Tapia (N del R: presidente de la AFA)? No debe tener ni mi teléfono. No es que me juego un contrato futuro.

-¿Y te capacitaste para encarar un programa que tiene como objetivo desmontar el machismo?

-Todo el staff del programa tuvo una capacitación de género por la ley Micaela y estuvo buenísima. Hablamos de los contenidos inclusivos, el sesgo, las miradas, que la dio Cynthia Ottaviano. Hay un montón de cosas que uno trae naturalizadas. Nosotros no vamos a buscar a la Mariano Closs o la Víctor Hugo del relato, sino relatoras que lo hagan bien, que te hagan sentir que estás viviendo el partido en la cancha. Obvio que también vamos a contar con invitados especiales, como Víctor Hugo, Ángela Lerena, Sergio Goycochea, el Pollo Vignolo y otras figuras del ambiente que se comprometieron a participar.

-¿Por qué dejaste de ser el conductor estrella de los realities de Telefe? 

-La verdad es que fue un proceso no planificado, sino que se dio. Hice un montón de cosas en Telefe. Yo estuve con las gestiones de Claudio Villarruel, Marisa Badía y después con Tomás Yankelevich. Y a partir de la salida de Yankelevich asumió Dario Turovelzky, con quien hicimos alguna cosa más. Tengo la mejor onda con los actuales directivos de Telefe, de hecho con Turovelzky nos mensajeamos para los cumpleaños. Pero a veces las nuevas directivas de los que tienen el mando de la programación de los canales, como de las compañías, van para otros lados, son otras búsquedas y yo las entiendo. Es un movimiento de mercado que está bueno, para mí es productivo.

"Mi salida de Telefe se dio... A veces las nuevas directivas de tanto de los que tienen el mando de la programación como de las compañías van para otros lados, son otras búsquedas y yo las entiendo. Es un movimiento de mercado que está bueno, para mi es productivo".

-¿Cómo cerraste esa etapa?

-Bien, con buena onda, participé en Divina ComidaPasapalabra... Pero se abren otras oportunidades. Hay algo que a mí me genera cierta inquietud, no me gusta anclarme en algo. Además, se van dando renovaciones. En Telefe, por ejemplo, otro histórico como Leo Montero cerró bien su etapa, encontró sus horizontes en El Nueve y ahora va a estar en América. Y para mí eso está bueno. Yo estuve desde 2001 hasta el 2017 en Telefe, y está más que bien. Y no sé qué me faltó hacer, porque hice todo lo que se podía hacer. Yo me fui muy feliz. Ya en la última etapa de Yankelevich el propio Tomás me dijo: “Creo que MasterChef es el último big show que hacemos”, y eso que era semanal, no como ahora que es diario.

-Cuando ves MasterChef desde tu casa, ¿sentís que es como una exnovia que te dejó y quisieras reconquistar?

-Ja. La veo con desapego total. Trato de verlo, y lo veo, con la admiración de siempre. Diciendo “qué pedazo de programa que siempre funciona”, siempre garpa, está buenísimo. Se le puede poner la impronta de Santiago del Moro o la mía, que por ahí me quedaba callado o ponía una cara, y el programa funciona igual. Es una muy buena fórmula, como un auto de carrera que siempre llega al podio por más que le pongan dos o tres pilotos diferentes. Ahí te das cuenta de que es un muy buen auto. Lo veo con los ojos de pensar que tuve la suerte de conducir un gran formato. De hecho, Telefe tiene los derechos de Got Talent, yo no estoy ahí y seguro lo hagan con otro conductor, Marley o alguno de los chicos del staff, y lo voy a mirar también porque es un formatazo. Yo soy muy desapegado con los ciclos. Es la manera de pasarla bien, tener buenas vivencias.

"A MasterChef se le puede poner la impronta de Santiago, o la mía que, por ahí me quedaba callado o ponía una cara, y el programa funciona igual. Es una muy buena fórmula, como un auto de carrera que siempre llega al podio por más que le pongan dos o tres pilotos diferentes, y entonces te das cuenta de que es un muy buen auto".

-Existe un mito de que los que trabajan en la televisión con tanto éxito como vos son millonarios, ¿es tu caso?

-No. Ja. No me quejo, me fue bien. Me considero un privilegiado, en la parte privilegiada de la pirámide social. Pero no estoy ni cerca de poder tomarme dos años sabáticos. Tengo Salta violeta, mi productora, si hay que conducir eventos lo hago, así como una campaña.

-Sin embargo, hace poco contaste que se sorprendieron de que no tengas un avión propio…

-Miren, les voy a contar una anécdota. Gran Hermano, MasterChef y Talento Argentino son franquicias mundiales, y un día, un amigo que estaba haciendo GH México, se puso a mirar junto a los directivos los videos de los debates y todas las horas que yo estaba al aire. Entonces, mi amigo les comentó que en esos días yo viajaba a México para pasar fin de año con él. Uno de los mexicanos de la mesa le preguntó... ¡si yo volaba en mi avión privado! Es que claro, en otros mercados un conductor como yo no tendrá un Boeing, pero sí un avioncito, un biplaza. A mí me tocó laburar un montón en otra realidad, en otro país, en otro mercado. Pero no me quejo, estoy muy contento.

"Me cuido y estoy controlado, pero la realidad es que lo que yo tengo es una enfermedad que se llama obesidad, y es crónica".

-Varias veces hablaste de tus problemas de obesidad. ¿Cómo estás hoy?

-Me cuido y estoy controlado, pero la realidad es que lo que yo tengo es una enfermedad que se llama obesidad, y es crónica. No es una angina, que te medicás y a la semana estás curado. Sino que es una enfermedad que la llevás siempre, te cuidás más, menos, bajás de peso. Pero la obesidad es una enfermedad crónica y latente, aunque se pueda entrar en remisión por adelgazar 30 kilos. Si te descontrolás tres meses, estás igual. Lo que más trato de controlar es la salud y los indicadores, como colesterol y triglicéridos, que los tengo muy altos.

-¿Le das importancia desde lo estético?

-No. ¿Saben por qué? Porque llegué hasta acá con este peso, no es que antes era delgado. No me complicó en ningún laburo, nunca. A mis 50 años empiezo a prestarle atención a mis análisis clínicos, no al agujerito del cinturón. Pero la realidad es que mi índice de masa corporal me da bastante por encima de los parámetros por los que se contempla la obesidad. Yo mido 1.83 metros y peso 125 kilos, y debería pesar menos de 100 kilos.

"Creo que el comentario de Cris Morena sobre el peso de Jey Mammon fue desafortunado, como dijo después la propia Cris y también Jey. Creo que, si le preguntan lo mismo diez veces más, no lo dice. Pero la realidad es que a mí el físico no me complicó en nada, tuve más o menos peso, e hice desde Gran Hermano a Talento Argentino, MasterChef...".

-¿Por eso mismo te vacunaste con prioridad?

-Claro. Cuando vi que en la Ciudad de Buenos Aires estaba abierta la inscripción para personas mayores de 50 con comorbilidades, saqué mi turno, fui y me aplicaron la Sputnik V. Además, tengo hígado graso y tomo una medicación diaria a raíz del síndrome metabólico que me genera resistencia a la insulina. Por suerte me cuido y por ahora no pasé los valores para ser considerado diabético.

-¿Qué opinás del comentario de Cris Morena a Jey Mammon de que debería adelgazar para poder conducir una hipotética vuelta de ¡Jugate conmigo!?

-Fue un comentario desafortunado, como dijeron después la propia Cris y también Jey. Creo que, si le preguntan lo mismo diez veces más, no lo dice. Pero la realidad es que a mí el físico no me complicó en nada, tuve más o menos peso, e hice desde Gran Hermano a Talento Argentino, MasterChef, Perdidos en la Tribu.

-Y en la vida cotidiana, ¿la obesidad genera conflictos?

-En la televisión actual hay marcas de ropa que me gustaría usar y no puedo usar porque no me quedan, pero uso las marcas que sí me quedan. Qué se yo, no es la muerte de nadie. 75 por ciento de los argentinos tienen sobrepeso y casi la mitad tienen obesidad. Los índices en los menores de 12 años son tremendos, Buenos Aires es una de las ciudades de mayor obesidad infantil. Esa es otra pandemia invisible. Una vez Alberto Cormillot me dijo que no hay ancianos obesos, y es cierto. Por eso estoy tratando de ponerle más atención y foco, no pensando en que me entre la pilchita que me gusta, sino en llegar a ser abuelo de alguien más o menos bien. Poder correr a mis nietos, tirarme al piso y después poder levantarme.

"Julieta Prandi es una re buena compañera, gran persona, una luchadora. En todo este momento en que le está poniendo el cuerpo y la energía en todas estas cuestiones en que la pasó tan mal, la apoyamos, bancamos y contenemos. Es su batalla, pero estamos ahí al pie del cañón".

-Sos padre de Blanca (19), Aurora (14) y Clara (10). Estás lejos de ser abuelo.

-La mayor tuvo novio, pero ahora ya no. Igual, soy súper tranquilo con ese tema, muy relajado. Cuando Blanca estuvo de novia, el chico venía a comer a casa. Justo cayó en sus 15, cuando se podía hacer fiesta, y el chico estaba en la mesa, apareció en el video. Hasta me lo pusieron atrás en el carnaval carioca, todo bien.

-¿Cómo fue y es todavía acompañar a Julieta Prandi en su batalla legal contra su exmarido, en tu rol de compañero de radio?

-Yo la conocía del medio de antes y porque condujimos juntos APP, y además habíamos lanzado PH y Línea de tiempo en Telefe. Ella es una re buena compañera, gran persona, una luchadora. En todo este tiempo en que le está poniendo el cuerpo y la energía en todas estas cuestiones en que la pasó tan mal, la apoyamos, bancamos y contenemos. Es su batalla, pero estamos ahí al pie del cañón. Hay días que llega más cruzada, nos avisa que tiene audiencia al día siguiente y le decimos que se quede tranquila para grabar solo dos salidas al aire juntos y que al otro día llegue más tarde, y si no puede venir no viene. Hay toda una logística atrás cuando una mujer vive todo esto que es imposible de mensurar. Porque ella no recibe cuota alimentaria hace años, tampoco puede darse el lujo de no laburar. Estamos al pie del cañón bancándola. Ella empuja y va para adelante.