Carolina Pampillo: sexy y cinturón negro

Se luce en "El joven Frankenstein". Su personaje fascina a grandes y chicos. Hizo televisión, pero busca una carrera tranquila y vive en la zona del Delta.

Todas las noches, Carolina Pampillo se luce poniéndole el cuerpo a Inga, la chica sexy, espontánea, inocente y vital que enamora no sólo al personaje de Guilllermo Francella en El joven Frankenstein (termina el domingo que viene, en el Astral), sino también al público. Una tremenda oportunidad a la que, por lo que se ve en escena, supo sacarle jugo.

Pero antes, mucho antes, cuando todavía estaba en el colegio, esta treinteañera (reconoce treinta y "poquitos) dio sus primeros pasos en Jesucristo Super Star. Después vino Chance, en Canal 9, Alta Comedia y dos años de gira nacional con Drácula, de la mano de Pepe Cibrián, donde interpretó a Lucy. Precoz, a esa altura ya tenía un hijo de dos años. "Lucas ya tiene 14 años y es lo mejor que me pasó. Mi hijo me dio seguridad, entendí para dónde quería ir", dice, con la cara iluminada. Pero en 2000, después de trabajar en el musical Mi bella dama, se corrió de las tablas.

¿Por qué?

Quería experimentar por otros lados. Rodé en Perú una película de acción, La gran sangre. Hubo una búsqueda mía muy intensa y personal porque, además, soy cantautora, así que me puse a escribir y componer sin parar. Me animé y armé mi estudio casero y hippie en casa. Vivo en el Delta, un lugar hermoso donde la creatividad está ahí, latente.

Bien hippona, ¿no?

Sí, pero ojo que creo que tengo el equilibrio justo. Yo era muy urbana, nada hogareña, siempre estaba yendo y viniendo, con cursos aquí y allá. Y fue tan mágico irme fuera de la ciudad que hasta me amigué con mi guitarra, que hacía rato no tocaba. Así formé un par de bandas.

¿Qué tipo de música hacés?

Es una fusión de lo acústico y folk con pop. Pero ahora estoy apuntando a integrarlo con algo electrónico, trip hop. (Se ríe) Tomá. Mi nombre musical es Sindhu. Es un nombre hindú que significa "las aguas del mundo". O sea: no hay obstáculo que detenga al agua, es la profundidad, la vida, el fluir, que es lo que más me gusta.

Pero entre viajes también hiciste tele, ¿no?

Sí. En 2005 hice una temporada de Los simuladores, que me fascinó, e hice varios personajes en otra tiras. En 2006, en tanto, estuve en Chiquititas un personaje antagónico, de mala total. Después vino Un cortado, Amo de casa, y ese fue mi primer contacto con la comedia.

¿Y cómo llegaste a El joven Frankenstein?

De casualidad. Me había tomado estos años para tener una vida más tranquila, quedarme a la noche en casa con mi hijo. No me presenté a ninguna audición. Pero me llegó un mail avisándome que podía audicionar. Era el combo perfecto: Mel Brooks, que me fascina su humor, y este personaje que canta, baila, actúa, está en patas en el escenario... ¡Era para mí! Me siento extasiada. Es una propuesta a la par de la más top de Broadway. Lo copado es que tiene la energía todo el tiempo arriba. Y después está el tema del elenco: ya sabés, Guillermo Francella, Laura Oliva... Estoy alucinada con haber podido ser la partenaire de alguien como él. Es buen compañero, está en cada detalle y me enseñó los tiempos del humor. Todo el elenco es un lujo. ¡Y la energía del ensamble! Son increíbles. Por otra parte, la escenografía no se puede creer; Gerardo Gardelín, que es el director musical y un número uno en lo suyo, fue quien me recomendó. Y encima la adaptación, que es genial, es de Enrique Pinti. ¡Volví con broche de oro! Y hasta me nominaron para un ACE como artista revelación. Fue un lindo mimo para el alma.

¿Te reconocen en la calle?

Más o menos. Esperan a una mina más alta. Se ve que los tacos, los trajes y las pelucas me dan más altura. Pero si me reconocen me agradecen. Y yo no lo puedo creer. Una chica me dijo el otro día que su hijo iba a venir por tercera vez a verme. Me empezó a pasar eso: los nenitos se enamoran de Inga y las nenas quieren parecerse a ella.

¿Y los grandes?

(Se mata de risa) Los nenes grandotes me han llegado a mandar mails a mi página web, quieren con Inga. ¡Cómo no la van a querer! Si es graciosa, fresca y zen. Pero bueno, como no es la tele, no me paran por la calle.

¿Te cuidás mucho para poder aguantar el ritmo?

Yo siempre supe que me iba a dedicar a esto. De chica hacía canto, danza, acrobacia, deportes extremos y hasta soy cinturón negro de kung-fu. Y aunque tomo helados de dulce de leche, como sano. También entrené en danza aérea. Intento tomar todas las herramientas corporales que me sumen. Y hasta manejo armas.

¿Qué se viene cuando baje definitivamente el telón?

No lo sé. Hasta ese día, toda mi energía es para Inga.«