¡Tambores a la calle!

"Raíces" es el cuarto álbum de la Escuela Popular de Percusión de Dani Buira (ex Los Piojos, actual Vicentico), que ya cumplió doce años. Participaron más de 250 alumnos en la grabación.

El tipo es un creyente. Un religioso de la percusión. Desde siempre le tuvo fe a los tambores en el rock. Desde que era un piojoso y, entre giras por Latinoamérica y Europa, se enamoró de los ritmos afro americanos hasta que fundó La Chilinga, la Escuela Popular de Percusión, doce años atrás. Hoy, cuando ya corrieron tres discos bajo el puente de contención social –sobre todo- y artística de la escuela que brinda espacio a más de 400 personas, Daniel Buira se muestra sereno y feliz con el nacimiento de Raíces, el nuevo álbum. En un mano a mano cuenta de qué va, cómo se armó, las sensaciones que le dejó y, además, explica por qué describe como "hermoso" el momento que está pasando La Chilinga.

De "Muñequitos del tambor" –el disco anterior- dijiste que estaba dedicado a los países latinoamericanos porque tenía ritmos de Brasil, Uruguay, Colombia, Perú, etc. ¿"Raíces" qué tiene o qué intenta mostrar?
Raíces tiene que ver con dos cosas: una, con las raíces afro americanas que queremos mostrar de estos 12 años de La Chilinga y, la otra, con las raíces de la escuela. Este es un disco que abarca temas que venimos haciendo hace doce años, pero que nunca entraron en ningún disco. Además participaron 250 chicos y muchos bloques de la escuela. Se hizo un trabajo muy lindo.

¿Cómo fue ese trabajo en conjunto de los distintos bloques?
Cada uno tiene un trabajo propio en cuanto a la producción. Cada grupo trabaja durante un tema y lo desarrolla, como una autoproducción artística. Tiene mucha labor el docente a cargo de cada grupo. Después se junta todo el material y entre los alumnos más viejos de la escuela dan el último toque. Es lo que buscamos desde La Chilinga que cada grupo, son 40, se autoproduzca. Además, es un objetivo al que teníamos muchas ganas de llegar hace mucho tiempo que el disco no dependa de 20 o 30 percusionistas, sino de una gran parte de los alumnos de la escuela.

Siempre consideraste distintos entre sí a los anteriores discos. ¿Este también lo es?
Muñequitos es un disco que se laburó mucho en estudio, con la computadora. Intentamos emprolijarlo al máximo. Y Raíces es, justamente, todo lo contrario. Quisimos hacer algo muy en vivo, con sus errores de vivo y sus desprolijidades de grabaciones de primera toma. Cosas muy parecidas a la grabación del primer disco. Si bien Muñequitos está hecho con los alumnos más viejos de la escuela, que son 70 u 80 personas, no es un número tan alto como en Raíces. Se apuntó a una cosa más callejera.

¿Eso le da una mayor pureza al disco?
Totalmente. Es alucinante la experiencia que se vive cuando al estudio entra un contador, un ingeniero o un chico que viene de trabajar arriba del colectivo, y se ponen a grabar. Tienen esa cosa sensitiva que es impresionante. Es impresionante que el 90 por ciento de los que grabaron no son músicos profesionales. Son estudiantes de la escuela. Es muy lindo que sucedan esas cosas. Tienen la pureza y la inocencia de la gente que nunca grabó un disco y está tocando por primera vez en un estudio.

Alguna vez dijiste que preferías la calle a los escenarios tradicionales. Entonces, ¿este trabajo tiene eso de volver a recuperar la calle?
Sí, totalmente. Siempre se prefiere la calle, por lo menos en mi caso. La calle tiene cosas que tienen que ver con lo popular, que no te da un escenario, que es más irreal. Esa cosa de las luces, estar un metro y medio más alto, hace una cosa más irreal. La calle no la podés separar nunca de lo real, la estás tocando y la estás viviendo al mismo tiempo.

¿En qué momento encuentra a la Chilinga este disco?
Este es un proyecto que nace con otra ONG que se dedica al intercambio cultural. Este disco se trata de eso, de ese intercambio con otras provincias, otros países. Ellos –por la ONG- nos financiaron el disco. Eso es muy importante, porque son las discográficas las que financian los discos y a nosotros nos financió una ONG que se dedica a la cultura. La escuela está hoy en una situación hermosa, está viviendo un buen momento a nivel estructural, está viviendo un desarrollo artístico interesante, una serie de situaciones que nos llenan de alegría todo el tiempo.

Y a doce años de su creación, ¿cuál es la llama que la mantiene viva y cada vez con más gente en sus sedes?
Lo popular. No perder la realidad, el color que tiene que ver con lo cotidiano. Cuando alguien viene a aprender a La Chilinga, lo que primero le brindamos, antes que nada, es afecto social. Después viene el estudio, la música y, por último, el percusionista. Eso hace que cualquiera venga a estudiar, pase un momento agradable y que, al año, tenga un resultado artístico.