El líder de The Cure, Robert Smith, sorprendió al mundo con una confesión inesperada: “Hubo momentos en mi vida en los que sinceramente no pensaba llegar a los treinta años ni a los cuarenta ni a los cincuenta... y aquí estoy”.
La frase, dicha con calma desde los estudios Abbey Road de Londres, resume el espíritu de Songs Of A Lost World, el primer álbum nuevo de la banda en 16 años y uno de los discos más personales de su carrera.
El trabajo, que llegó después de una gestación de más de cinco años, aborda el miedo a la muerte, el envejecimiento y la pérdida con una honestidad que pocas veces se escucha en el rock.
Smith no esquiva ningún tema: habla de una promesa incumplida a un amigo moribundo y de la muerte inesperada de su hermano mayor, Richard, a quien le dedicó la desgarradora “I Can Never Say Goodbye”.
“Nuestras canciones siempre han reflejado el miedo a la muerte”, explicó. “Pero a medida que envejecés, todo se vuelve más real. Deja de ser una abstracción.”
El álbum nació en 2019, cuando The Cure grabó material suficiente para tres discos completos. Sin embargo, la pandemia, las muertes de seres queridos y la búsqueda de la toma perfecta —Smith prefirió las voces originales, más crudas y emotivas, por sobre las regrabadas después de la gira— hicieron que el proceso se extendiera hasta 2024. “Todavía me resulta un poco desconcertante”, admitió el músico.
EL MUNDO PERDIDO DE SMITH: INFANCIA, LUNA Y MELANCOLÍA
La canción que terminó de darle forma al disco fue “Endsong”, compuesta en una sola noche mientras Smith miraba el cielo y recordaba cuando, de niño, contemplaba la Luna junto a su padre. “Nací en 1959 y crecí durante esos treinta años extraordinarios posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial”, contó.
“Todo parecía avanzar hacia algo mejor. Pero cuando cumplí dieciséis años tuve la impresión de que el mundo se había detenido y desde entonces ha ido cuesta abajo.” Esa sensación es, según él, el verdadero corazón del álbum: “Esas son las ‘canciones de un mundo perdido’”.
El confinamiento también dejó su marca en el disco. Smith reconoció que, si bien disfrutó ciertos aspectos del encierro —la ausencia de aviones, el canto de los pájaros, más de cien libros leídos—, la pandemia golpeó cerca: todos sus tíos y tías que aún vivían murieron en residencias durante ese período.
“Desde un punto de vista personal, fue un confinamiento bastante egoísta”, reflexionó con honestidad. “Pero terminé cansándome de aquella situación. Y me alegré cuando llegó a su fin.”
Sus referencias musicales siguen siendo las de siempre: Nick Drake, Jimi Hendrix, Joan Armatrading, Janis Ian y, siempre presente, David Bowie. “Life On Mars? tuvo un impacto enorme en mí”, dijo Smith. “Siempre me pregunto: ‘¿David haría esto?’.”
Y fue justamente un concierto de Bowie —donde tocó apenas cuarenta minutos sin bis mientras Smith viajaba cinco horas para verlo— lo que le enseñó una lección que aplica hasta hoy: nunca dejar al público con poco.
POR QUÉ THE CURE SIGUE SIENDO UNA DE LAS BANDAS MÁS INFLUYENTES DEL ROCK
En 2018, Smith estaba convencido de que el show de Hyde Park sería el último de The Cure. Sin embargo, la respuesta del público fue tan arrolladora que cambió de opinión. Llegaron ofertas de los grandes festivales europeos, incluyendo Glastonbury, y la banda no solo siguió sino que sumó de vuelta al guitarrista Perry Bamonte. “Fue como si existiera una nueva versión de The Cure”, dijo Smith. “Siempre estamos cambiando. Muy lentamente, pero constantemente.”
Hoy, con más de 65 años, Smith sigue guiado por la voz interna del chico de 19 años que fundó The Cure en Crawley, West Sussex. “Muchas de las decisiones que tomo siguen estando guiadas por ese muchacho ingenuo”, confesó. “Me horrorizaría convertirme en alguien incapaz de justificar sus decisiones ante la persona que era a los diecinueve años.”
Y sobre lo mejor de ser Robert Smith, su respuesta fue simple y contundente: “Probablemente lo mejor es que sigo aquí.”