Hay obras que se miran. Y hay otras que devuelven la mirada. Fiumiccino, ¿En qué hemos convertido al amor? es un ejemplo del segundo grupo.
Los miércoles de febrero, el escenario del Teatro Regina se transforma en un espacio donde el tiempo no avanza: convive.
1986 y 2018 no se suceden, se superponen. Se espían. Se rozan. Y en ese cruce incómodo, profundamente humano, aparece la verdadera pregunta de la obra: no si amamos, sino desde dónde.
Un engranaje escénico de precisión quirúrgica
Lo primero que impacta es la sincronía. No solo musical, sino emocional y narrativa. El elenco —de un nivel técnico y expresivo notable— sostiene un entramado complejo de escenas, diálogos y canciones que ocurren en simultáneo, sin perder jamás la claridad ni el pulso.
El desafío es enorme: dos tiempos, dos espacios, dos historias y múltiples voces hablando a la vez. Y, sin embargo, todo fluye.
El escenario, inteligentemente dividido en dos planos materiales, vuelve tangible esa coexistencia temporal. El pasado no es recuerdo: está ahí, respirando al mismo ritmo que el presente.
Nada se impone. Todo dialoga. Y el espectador, si se entrega, no observa: entra.
Amar no siempre es elegir
En Fiumiccino el amor no se presenta como un dilema moral, sino como una experiencia viva, contradictoria, imperfecta. La obra se anima a decir —con delicadeza y sin cinismo— que puede haber más de uno o dos caminos posibles. Que no todo es blanco o negro. Que el deseo no siempre sabe explicarse, pero sí escucharse.
La pregunta que atraviesa la historia —¿se puede amar a dos personas al mismo tiempo?— no busca una respuesta cerrada. Busca algo más difícil: honestidad. Y sugiere que, a veces, una comunicación clara y sincera puede abrir escenarios que jamás hubiéramos imaginado habitables.
El tiempo, el amor y lo que no se ordena
Nada en esta obra es lineal. Ni el tiempo, ni las ideas, ni los vínculos.
Entre bares, divanes, mundiales de fútbol y silencios heredados, Fiumiccino habla de lo que se calla en las familias, de los pactos invisibles, de las decisiones que no siempre se toman con palabras. Y lo hace sin juzgar, sin bajar línea, sin convertir el conflicto en consigna.
Ahí radica su mayor virtud: confía en la inteligencia emocional del público.
Un musical independiente que se anima a incomodar
Con libro y dirección de María Pascual, música original de Tomás Barrios y Gonzalo Fantoni, y producción del grupo platense Ya que estamos, Fiumiccino confirma que el teatro musical independiente puede ser arriesgado, sensible y profundamente contemporáneo.
No busca respuestas fáciles ni finales tranquilizadores. Busca algo más honesto: dejarte pensando cuando todo termina. Y eso, en tiempos de fórmulas repetidas, es un acto de amor en sí mismo.
Dónde y cuándo ver Fiumiccino en Buenos Aires
- Funciones: miércoles 4, 11, 18 y 25 de febrero de 2026
- Horario: 20:30 hs
- Lugar: Teatro Regina – Av. Santa Fe 1235, CABA
- Entradas: Entrada Uno
- Instagram: @fiumiccino.obra