No te deja, no te deja, de alentar...

Dos estudiantes de cine que viajaron al mundial de Alemania se volvieron con 25 horas de pura pasión albiceleste. En plena etapa de post producción planean presentar EUFORIA en algún festival. Desde casas rodantes con superpoblación hasta pibes que vendían camisetas para sostener la ilusión, el resultado "es una versión romántica del fútbol", aseguran sus autores.

Si para medir la envidia existiera un envidiómetro, sin dudas que el pico se registraría en épocas de previa mundialista y, sobre todo, a días nomás del debut de la Selección. Ahí cuando, en la charla de café, nos enteramos que ese que jamás se molestó en hacer de las hojas de la carpeta de matemática una pelota de fútbol apta para el recreo, se hizo acreedor de pasajes, gastos y entradas para los partidos de la albiceleste después de que la excursión al supermercado determinó que el jabón en polvo que habitaba su changuito era el único entre los 2 millones de productos disponibles que traía "el" premio. Ahí cuando el insulto al creador del concepto de envidia sana tarda apenas segundos en llegar. Claro que, pese a todo, siempre están los buscas que revalorizan la asistencia a tamaño acontecimiento. Esos a los que les copiaríamos la hazaña sin miedo al plagio. Esos fanáticos de la redonda que adscriben al si la vamos hacer, hagámosla bien.

Así como hicieron Fernando Suárez (26) y Esteban Garay (23) Santaló, dos estudiantes de Diseño, imagen y sonido de la UBA que, a principios de 2006, se maquinaban pensando en cómo iban a hacer para poder juntar sus dos pasiones: el cine y el fútbol. "Era una idea casi romántica porque plata no teníamos. Pero dijimos preparemos una carpeta con una propuesta y presentémosla en varias empresas", cuentan. Esas hojas hablaban de retratar la mística de la hinchada argenta, su solidaridad para el canto, el aliento, la euforia. ¡Eso! La euforia por los colores.

"Un día conseguimos el número de Julio Grondona, tomamos fuerza y lo llamamos. No teníamos ninguna palanca en AFA, pero le pedimos una reunión y accedió. Nos dijo que los derechos para filmar dentro de la cancha, en los vestuarios o dentro de los estadios era una locura, porque eran de FIFA y valían una fortuna. Pero que nos iba a dar entradas para los partidos y brindaba el apoyo, que era lo más queríamos. Nos entregó una carta en donde decía que la AFA apoyaba el proyecto. Con eso fuimos a Aerolíneas y logramos los pasajes. La UBA ayudó con los tapes para aminorar los costos. Lo único nuestro eran las cámaras".

Ya en tierras germanas, Suárez y Santaló fueron en busca de esa imagen del hincha "que no estuviera malograda por los barras". Ellos creían –y creen, claro- que en la relación entre un argentino y la pelota existe mucho más que el fútbol mismo. "Hay otros valores metidos en el medio como la amistad, por ejemplo. Al hincha de la Selección muchos de los buenos sentimientos se los saca el fútbol y eso es lo que queríamos rescatar también", explican. Para dar una base empírica a la argumentación rescatan una anécdota. "Unos chicos de Lanús nos invitaron a dormir a su casa rodante. Éramos 12 viviendo ahí dentro. Dormíamos en el piso. Al otro día nos levantábamos y alguno iba a comprar el desayuno y después salíamos a la ruta. Parecíamos una comunidad de argentinos unidos al mismo nivel por el fútbol".

En formato HDV –alta definición-, se volvieron con 25 horas de filmación que darán vida a EUFORIA. Entre tanta cinta, se mezclan aquellos que vendían camisetas made in Once de la Selección para bancar las entradas y los que al ritmo de un euro pa los tickets también pudieron inmortalizar su momento en Hamburgo, Genselkirchen, Frankfurt, Leipzig y Berlín. "Me quedó la sensación de que eso que habíamos ido a buscar existía", aseguran. En plena etapa de post producción, afirman que todavía les quedan dos meses para parir el documental y que sueñan con estrenarlo en algún festival. ¿Volverán ahora entonces con un video y una carpeta a golpear puertas gerenciales? Es que, se dijo: si la vamo a hacer, hagámosla bien. ¿O no?