A más de una década de haber escrito Amuleto contra el vacío, la novela que marcó el comienzo de su carrera como escritora, Laura G. Miranda volvió a encontrarse con una historia que hoy mira con otros ojos.
En diálogo con Ciudad, reflexionó sobre el amor, las rupturas, el compromiso y las relaciones en tiempos de inmediatez.
“La idea de que el amor todo lo puede no es real”, aseguró la autora, que también habló sobre los secretos, las segundas oportunidades y los riesgos emocionales de volver a apostar por alguien.
—Amuleto contra el vacío arranca con un flechazo inmediato. ¿Creés en el amor a primera vista?
—Creo en la atracción a primera vista, el amor es algo más profundo y difícil que incluye muchos sentimientos incluso contradictorios que no creo que puedan emerger ante un primer encuentro.
Aunque no descarto que esas primeras sensaciones puedan ser el cimiento de un gran amor que llegue después.

—Esta fue tu primera novela. ¿Qué sentís al volver a encontrarte con ella años después?
—Volver a leer esta historia, que fue la primera, y escribí hace doce años fue muy revelador para mí y sentí la necesidad de confesarles algunas cosas a mis incondicionales lectoras.
Así lo hice en una nota que antecede al prólogo y les cuenta que no soy la misma, porque la vida actuó en mí y cambió la forma casi utópica de creer en el amor que me atravesaba cuando las ideas de mi Amuleto contra el vacío tomaban forma en mi teclado.
Hoy descubrí una historia de esas que no sé si suceden, pero que me gustaría que le pasaran a alguien. Me asombré ante la pasión y la entrega de la juventud de mis personajes, que no se hacen demasiados planteos más allá del deseo de vencer la adversidad y estar juntos.
Me encantó, pero siendo sincera: a mis 57 años he perdido ese ímpetu y la experiencia ha ido erosionando la chance de concebir amores así en estos tiempos de inmediatez, donde a veces la ausencia de compromiso y empatía aniquila tantas ilusiones al momento de enamorarse.
Más difícil aún en las segundas partes, que pueden encontrar a personas con un pasado que inevitablemente delinea el presente y plantea diferencias de cara a un futuro unidos, porque, después de haber amado y haber terminado con la relación por la razón o del modo que fuere, no queda paciencia y la falta de esa condición no es aliada de los amores duraderos. Apostar es más complicado después de la mitad de la vida.

Dicho esto, me hace feliz que esta novela haya sido reeditada, porque les debo a mis lectoras nuevas que me conozcan en mis comienzos y que puedan simplemente disfrutar de una historia que me abrió las puertas a todo lo que vino después, porque así inicié el camino creyendo en el amor como algo absoluto que lo podía todo.
Hoy, sigo creyendo, pero segura de que en la vida no se avanza solo con amor, sino que además se necesitan intenciones, actitud, límites, distancia, decisiones difíciles, lágrimas, cambios de opinión, planes cancelados, amigos, procesos.
—¿Pensás que una relación intensa puede ser sana?
—Creo si nos referimos a una relación “intensa” por definición, es decir que se actúa, se siente y se expresa con mucha fuerza, energía o profundidad puede ser sana siempre que esas acciones sean deseadas y aceptadas por ambos integrantes de la pareja.
La intensidad unilateral puede lindar con un vínculo tóxico. Entiendo que dada la subjetividad del concepto (lo que es intenso para mí puede no serlo para otra persona) es muy difícil dar una respuesta general sin hacer la salvedad de que cada caso es diferente.
—¿Cuál creés que es la mayor mentira que nos contamos sobre el amor?
—No sé si nos contamos mentiras sobre el amor, más bien creo que nos las construimos en nuestros pensamientos y desde allí las llevamos a la vida con forma de expectativas.
Entonces, puede irnos bien o llenarnos de desilusión. Para mí, la idea heredada de que “el amor todo lo puede” no es real.
—¿Hoy tenemos más miedo al compromiso que antes? ¿Por qué?
—Hoy el compromiso es algo que viene o no, después de ser pareja. Todo ha cambiado incluido el modo de relacionarse.
Antes conocías a alguien y te ponías de novia para conocerlo más. Ahora, las nuevas generaciones, se conocen, intiman y después evalúan si quieren algo.

A mi modo de ver, eso deja al compromiso en un lugar casi atemporal. La inmediatez le ha restado chances a la magia de los vínculos que se construyen con deseo, detalles y tiempo.
Y en los casos de personas de más edad que ya han pasado por el matrimonio o la formalidad, hay mucha pereza para volver a empezar algo serio, poca paciencia para conciliar diferencias y miedo al fracaso.
—¿El amor puede sobrevivir a los secretos?
—Dependerá de los protagonistas del vínculo y de como han encarado la relación en ese punto.
Hay personas que eligen saber siempre y otras, que prefieren mirar para otro lado. Para mí, es determinante la importancia del secreto en cuanto a sus consecuencias. Es decir, si no conocer la verdad me hace actuar de un modo que nunca lo hubiera hecho, en mi caso, no habría amor que alcance a sobrevivir.
—¿Cuál de los dos protagonistas te resultó más difícil de escribir? ¿Hay algo de vos en alguno de los personajes?
—No sé si hay un personaje más difícil que otro porque yo soy todos ellos sin ser ninguno. Me pongo en su piel y desde ahí pienso y actúo en la ficción.
Sin embargo, sí puedo decir que me cuesta imaginarme en situaciones en las que nunca podría estar en la realidad. La violencia, los homicidios, el maltrato animal, el accionar a sabiendas de que se va a lastimar a otro.
Eso es lo más complejo a la hora de crear, me lleva más tiempo adentrarme en esos roles.

—¿Alguna vez ignoraste una señal que después descubriste que era correcta?
—Soy muy permeable a las señales y estoy muy atenta a ellas. La verdad les hago caso. Lo que sí me sucede a veces es al revés, pienso si la señal era tal o si yo la vi y no lo era. Eso puede pasar con todo aquello que en definitiva es inverificable porque solo depende de lo creemos.
—¿Qué consejo le darías a alguien que acaba de atravesar una ruptura?
—Ante una ruptura siempre pienso que hay finales felices y otros necesarios para poder hallar bienestar.
A veces, no se rompe lo que se cae sino lo que se sostiene por mucho tiempo para que no se caiga. Estoy leyendo un libro “Roto” de mi querida amiga Beta Suárez que con gran ironía y magistral desarrollo aborda una situación así.
Mi consejo es avanzar en favor de estar bien con uno mismo, porque solo desde ese lugar se puede amar más y mejor o disfrutar la soledad en armonía. Mi novela “El mejor final” se adentra en ésta temática.
—¿Qué es más peligroso: amar demasiado o no animarse a amar?
—No sé si la palabra sea “peligroso”, yo creo que sería “doloroso” y mi respuesta es que animarse a amar lo es. Asumir riesgos emocionales nos coloca en lugares de vulnerabilidad que o conocemos.
Amar es abrazar la incertidumbre todo el tiempo.
DE QUÉ TRATA AMULETO CONTRA EL VACÍO
Publicada originalmente hace más de una década y reeditada recientemente, Amuleto contra el vacío fue la primera novela de Laura G. Miranda.
La historia sigue a Lara y Calixto, que se conocen tras un choque bajo la lluvia y quedan atrapados en una pasión inmediata.
Entre secretos, celos, conflictos familiares y una trama de corrupción y crimen que amenaza con separarlos, la autora construye una historia intensa donde el amor convive con el peligro, las decisiones difíciles y la búsqueda de aquello que realmente vale la pena sostener.



