"Hedwig and the Angry Inch", canto transexual - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

"Hedwig and the Angry Inch", canto transexual

Comedia musical de culto, aquí se presenta en el Roxy Live, con Germán Tripel y Florencia Otero.

Sobre el escenario, una batería, un teclado, dos guitarras y un bajo esperan. De pronto, envueltos en humo, la banda entra, se apodera de ellos, y segundos después la escena es la de cualquier recital de rock.

En medio de esa potencia sonora, una mujer escupe, con visceral masculinidad, las estrofas de una canción y sostiene una actitud desafiante frente al público. Frente a sus músicos. Y frente a Yitza, el barbado y menudo muchacho que le hace coros con voz de mujer.

Así arranca la versión local de Hedwig and the Angry Inch (Hedwig y la pulgada rabiosa), el musical que John Cameron Mitchell escribió en 1997, que lleva más de 50 producciones en distintos lugares del mundo, y que pasó al cine con ingreso casi directo a esa categoría que llaman "de culto".

"En este caso lo que se trató de reproducir aquí es la puesta teatral, que tiene diferencias importantes con la película", aclara Germán Tripa Tripel, quien tras su participación en Rent, invirtió su verano en la preparación del rol principal.

Ambientado en el lado Este de Berlín, el comienzo de la historia muestra a un preadolescente que se debate en la definición de su sexualidad. Enamorarse de un oficial del ejército norteamericano lo impulsa a elegir la transexualidad. pero un error en la cirugía lo deja con una molesta pulgada que marcará su vida, más allá de la caída del muro y los cambios que vivió el mundo después de los 80. Esa es la historia que Tripel, enfundado en vestidos que dejan al descubierto buena parte de su cuerpo, cuenta entre canción y canción. Una trama que tiene en Yitza, que interpreta Florencia Otero, a la mitad complementaria del protagonista.

La pareja cuenta que meterse en sus personajes les requirió un entrenamiento de varios meses. "Primero, con Mosquito Sancineto, quien nos impulsó a hablar con transexuales, con gente a punto de operarse: las verdaderas Hedwig. Y luego con Gustavo Carrizo, el coreógrafo", apunta Otero. "Son dos personajes muy complicados, que hablan y viven una continua dualidad, que desde lo conceptual provoca cierta molestia y desde lo actoral propone un desafío", agrega Tripel, con rastros, en su rostro, del maquillaje que lo caracteriza. Un trabajo de make up de casi dos horas.

Casi lo mismo que dura esa mezcla de concierto y stand up a lo largo de la que se desarrolla el guión. Planos que el espectáculo resuelve en forma despareja. En tanto que la acertada interpretación musical de Tripel, con un muy buen manejo vocal, no consigue ser igualada los monólogos que, en pos de reproducir una acentuación y una entonación extranjera, pierden frescura y, por momentos, rozan la monotonía. Un detalle que, en parte, conspira contra la muy buena relación que se establece entre los cantantes, la banda y las canciones.

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