Durante los años 80, Andrea Tenuta fue uno de esos rostros que quedaron grabados para siempre en la memoria del cine argentino.
Su interpretación de Matilde Musicardi en Esperando la carroza no solo la convirtió en una actriz popular, sino en parte del lenguaje cotidiano de varias generaciones que aún repiten sus frases con humor intacto.
Hoy, a más de cuatro décadas del estreno de aquella película icónica, el presente de Andrea Tenuta transcurre lejos de cámaras, alfombras rojas y redes sociales.
Lejos de quedarse encasillada, Andrea continuó explorando distintos formatos artísticos. Subió a los escenarios con grandes producciones teatrales, incursionó en musicales y compartió proyectos con figuras destacadas del espectáculo argentino.

LA VIDA DE ANDREA TENUTA
Pero a fines de los años noventa, su vida tomó un rumbo inesperado. Un encuentro casual con el director español José Luis Garci marcó el inicio de una historia de amor que la llevó a cambiar Buenos Aires por Madrid.
La relación creció a la distancia primero, entre cartas y viajes, hasta que finalmente decidió instalarse definitivamente en España. Allí se casaron en 2004 y comenzaron una etapa mucho más íntima y alejada del vértigo mediático.

Aunque participó en algunas películas dirigidas por su marido en los años siguientes, su actividad artística fue disminuyendo con el tiempo.
De manera gradual y sin anuncios grandilocuentes, Tenuta se fue retirando de la actuación, priorizando una vida tranquila, sin exposición pública ni presencia digital. Hoy no concede entrevistas, no tiene redes sociales y prefiere el bajo perfil absoluto.

Su rutina actual transcurre en Madrid, entre lecturas, cine y una cotidianeidad serena que contrasta con la intensidad de sus años de fama.
A veces, algún argentino la reconoce en la calle y se anima a saludarla con una sonrisa cómplice y una frase de la película que la inmortalizó. Ella responde con amabilidad, pero sin buscar volver al centro de la escena.



