La nueva novela Casa con pileta, de Patricia Salinas, propone un recorrido íntimo y perturbador por la memoria personal y colectiva.
Publicada por Emecé, la obra cruza la historia de una mujer con uno de los espacios más siniestros del pasado reciente argentino: el Pozo de Quilmes, centro clandestino de detención durante la última dictadura militar.
La narradora vive en una casa con pileta ubicada en un barrio residencial de Quilmes. Detrás de su jardín, casi como una presencia inevitable, se alza el edificio que hoy funciona como brigada policial y que durante los años setenta fue escenario de secuestros, torturas y desapariciones.
Esa cercanía física se convierte en el disparador de un relato que avanza entre recuerdos, preguntas y silencios.

Una historia personal atravesada por la historia
En Casa con pileta, Patricia Salinas construye una novela donde lo doméstico se vuelve político. La protagonista revisita su infancia, la relación con sus padres adoptivos y la revelación tardía de su adopción.
La pregunta por el origen —biológico, afectivo e identitario— aparece como un eje central, siempre atravesado por la duda y la imposibilidad de acceder a una verdad completa.
La autora elige una narración fragmentaria, que combina escenas familiares, reflexiones ensayísticas y episodios autobiográficos. No hay una búsqueda de respuestas cerradas, sino un movimiento constante entre lo que se sabe, lo que se imagina y lo que nunca podrá comprobarse.
La casa, la pileta y el Pozo de Quilmes como símbolos
Uno de los grandes aciertos de la novela es el uso del espacio como símbolo. La pileta —cristalina en verano, estancada en invierno— funciona como una metáfora del pasado: aquello que puede parecer apacible en la superficie, pero guarda capas de oscuridad.
El edificio del Pozo de Quilmes, siempre visible desde el jardín, encarna la persistencia del horror y la dificultad de convivir con una historia que no termina de pasar.

Lejos del tono testimonial clásico, Salinas aborda la memoria desde lo cotidiano: los ruidos, las charlas, las risas que llegan desde el otro lado del muro conviven con el peso de lo ocurrido allí décadas atrás.
Una novela incómoda y necesaria
Con una prosa reflexiva, a veces irónica y otras descarnada, Casa con pileta se inscribe en la tradición de la literatura argentina que interroga la identidad y la memoria sin caer en lugares comunes.
La novela no busca conmover desde el golpe bajo, sino incomodar desde la pregunta persistente.
Patricia Salinas construye así un texto potente, donde la escritura aparece como una forma de habitar el desconcierto y de narrar aquello que quedó suspendido entre el silencio familiar y la violencia histórica.
Casa con pileta es una novela sobre lo heredado, lo callado y lo que insiste en volver. Una lectura recomendada para quienes buscan ficciones que dialoguen con el pasado reciente desde una mirada íntima y contemporánea.



