El 4 de enero de 2000 fue el punto de inflexión en la vida de Diego Armando Maradona (59), cuando fue internado en terapia intensiva del Sanatorio Cantegril de Punta del Este con una “crisis hipertensiva y arritmia ventricular”. Dos semanas más tarde, el Diez sería trasladado a Buenos Aires tras salir de un coma que lo tuvo al borde de la muerte, después de una “sobredosis”.
En una nota con Líbero (lunes a viernes 14.30 por TyC Sports), el propio Diego recordó sus horas más aciagas: “En el coma me acuerdo que estaba como en brea negra, que me tiraban ganchos pero tiraba la mano y no podía salir. Seguía en coma. Que nadie se ponga ninguna medalla por sacar a Maradona de la droga. A mí me sacó Dalma. Fue Dalma contándome que Gianinna cada vez que salía del colegio iba donde estaba yo en coma y me decía ‘papá, yo quiero vivir lo que viviste con Dalma. Por eso quiero que te despiertes, papá’. Y un día me desperté y Dalma me lo volvió a contar. Ahí fue cuando dije ‘nunca más’”.
"Ahora lo vi bien y es lo que dice, que mi hermana le decía ‘por favor no te mueras’. Directamente así, ahí".
Entonces, de visita en Los Ángeles de la Mañana, Dalma Maradona (32) se refirió a las impactantes declaraciones de su padre: “Leí la declaración pero no había visto la nota, y me parecía injusto porque no fui solamente yo, Gianinna y mi mamá también hicieron todo. Pero ahora lo vi bien y es lo que dice, que mi hermana le decía ‘por favor no te mueras’. Directamente así, ahí. Él dice que trataba de salir de ahí (N del R: una brea negra que en que Diego creía estar durante el coma) y yo tengo ese mismo recuerdo, pero del otro lado con gente que nos decía que había que esperar porque no sabían qué podía pasar. Un médico en ese momento nos dijo que no sabía si se iba o no a morir”.
"Alguna vez contó con mucha más crudeza que teniendo tres años le golpeaba la puerta del baño diciéndole que salga, y me quedaba ahí parada hasta que no saliera. No sé si tenía esa consciencia de qué era lo que pasaba exactamente".
Y continuó: “Alguna vez contó con mucha más crudeza que teniendo tres años le golpeaba la puerta del baño diciéndole que salga, y me quedaba ahí parada hasta que no saliera. No sé si tenía esa consciencia de qué era lo que pasaba exactamente. De hecho, cuando él empezó a contar de su enfermedad decía que yo no le dejaba pasar una. Sabía que si no llegaba bien, yo le cortaba el rostro. Desde muy chica”.
Al final, Dalma habló de cómo está hoy su padre: “Está bien, yo siento que capaz está muy solo. A mí me gustaría compartir mucho más pero ahora con Roma se me hace imposible. Hay un montón de cosas que me gustaría hacer con él y no hago”.