La familia de Romina Yan atraviesa días de enorme exposición mediática después de que Valentín Yan denunciara públicamente los episodios de violencia que asegura haber sufrido por parte de su padre, Darío Giordano, durante su infancia y adolescencia.
En medio de la repercusión de su testimonio, Ángel de Brito sorprendió al revelar una frase despectiva que el productor habría utilizado para referirse a la hija de Cris Morena cuando todavía no habían comenzado su relación.
Según relató el conductor, Giordano habría hecho una apuesta con sus compañeros mientras trabajaba en el teatro donde Romina protagonizaba Chiquititas.
“Les apuesto a que me la levanto a la gorda y me caso”, habría expresado el productor frente a otros trabajadores del lugar, de acuerdo con la versión difundida por De Brito.
El periodista también aseguró que quienes escucharon aquel comentario decidieron guardar silencio por temor a perder sus empleos. Según su relato, nadie se animó a contarle a la actriz ni a su familia lo que supuestamente había ocurrido.
Mientras tanto, Romina estaba profundamente enamorada de Giordano. La pareja terminó pasando por el Registro Civil en 1998 y formó una familia con sus tres hijos: Franco, Valentín y Azul.
EL DURO TESTIMONIO DE VALENTÍN YAN SOBRE SU INFANCIA CON DARÍO GIORDANO
La revelación de Ángel de Brito se produjo después de que Valentín Yan rompiera el silencio sobre la relación con su padre y describiera situaciones de maltrato que, según denunció, comenzaron a intensificarse tras la muerte de su mamá, ocurrida en septiembre de 2010.
En una entrevista con Tatiana Schapiro para Infobae, el joven explicó que Romina cumplía un papel fundamental dentro de la dinámica familiar y que intervenía cuando su marido comenzaba a perder el control.
“Él siempre fue un tipo reactivo, de enojo fácil, pero cuando mi mamá estaba en este plano nunca nada. Mi mamá lo cortaba en seco si sentía que se iba a sobrepasar un límite”, recordó.
Sin embargo, aseguró que todo cambió después de la muerte de la actriz. Valentín describió una convivencia marcada por el miedo y sostuvo que asistir al colegio representaba el único momento de tranquilidad que encontraba durante el día.
“Yo sabía que volvía y se desataba el infierno. Era constante. Sabía que no tenía escapatoria”, expresó.
En su relato, también denunció agresiones físicas, encierros y situaciones de humillación. “Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso, ‘tomá, comé’”, enumeró.