El Exorcista: la reacción de asco del padre Karras fue totalmente real

El director William Friedkin se valió de algunos truquitos para lograr actuaciones más convincentes.

El Exorcista: la reacción de asco del padre Karras fue totalmente real
El Exorcista: la reacción de asco del padre Karras fue totalmente real

Una de las escenas más recordadas de la misteriosa película El Exorcista (1973) es sin duda cuando la adolescente Regan MacNeil expulsa por su boca un asqueroso vómito de color verde.

La acción es calificada por el público que vio la película como una de las más desagradables del filme. Esa misma sensación de repugnancia la sintió en carne propia la persona que recibió aquella sustancia viscosa y verde.

Se trata  del actor Jason Miller, quien interpretó al padre Damien Karras, quien estaba encargado de llevar a cabo el proceso de exorcismo que necesitaba Regan para sacar de su cuerpo al demonio.

Después de que la película se proyectó en las salas de cine, se conoció que para el momento de la grabación Miller ignoraba que recibiría esa asquerosa respuesta de la joven endemoniada, lo que garantizaba que su reacción de asco fuese real. Y así lo fue, la expresión del actor da cuenta de la repulsión que sintió.

Jason Miller fue un reconocido actor y escritor estadounidense. Su papel del padre Karras fue el más famoso que interpretó. Esa actuación le valió una nominación al premio Oscar como mejor actor de reparto.

En el año 1990, Miller interpretó nuevamente al sacerdote Karras en El Exorcista III.  El actor falleció el 13 de mayo de 2001 a causa de un paro cardíaco.

Otra escena real en El Exorcista fue cuando uno de los sacerdotes, temeroso y gimiente, absuelve al padre Karras. En el momento de la escena el director del filme lo abofeteó para que su llanto fuera más realista. 

Ese papel lo interpretó William O'Malley, un padre católico y jesuista estadounidense, que además es actor y escritor, así como profesor de teología.

Actores y productores coincidieron que la idea del director William Friedkin durante todo el rodaje fue que las escenas parecieran lo más natural posible, para lograr que el público sintiera que lo que estaba ocurriendo era totalmente cierto y real.

Fue tanto así que, para garantizar actuaciones más convincentes, la escenografía de la casa de los MacNeil se montó dentro de una cámara frigorífica en funcionamiento. Con esto Friedkin buscaba que el vaho de la respiración fuera real.

Asimismo, el director hacía estallar petardos para que los actores se atemorizaran y estuvieran tensos.