Una de espartanos

Después de Sin City, Frank Miller vuelve a inspirar un film. Esta vez, se trata de "300", una fábula de guerra, honor y voluntad ambientada en una guerra greco-persa donde la épica se logra gracias a los retoques digitales.
La anécdota es la siguiente: hace 25 siglos, un ejército mega de 250 mil persas acabó con 7 mil griegos en agosto del año 480 a.C., en una costa griega llamada Termopylae. Pero la batalla es conocida, más que nada, por la bravura de los 300 espartanos que componían el núcleo duro del ejército griego. Trescientos soldados que, hoy por hoy, serían algo así como una elite y que en esa batalla fueron los últimos en morir, luego de resistir tres días contra los persas y contra toda esperanza.

La batalla inspiró al director Rudolph Maté a filmar Los 300 Espartanos (1962). "Era una película grandiosa para un chico de cinco años; la historia de los espartanos y su sacrificio me impresionó para toda la vida", contó alguna vez Frank Miller. El mismo de Sin City, de Daredevil y de Batman: Año Uno. "Cuando la vi, tuve que confirmar con mi papá que los espartanos estaban muriendo. No podía creer que los protagonistas terminaran así. Ese día dejé de pensar en los héroes como tipos que se cuelgan medallas al final de la película y comencé a pensar en gente que hace lo correcto y después se hace cargo de las consecuencias, sea lo que sea".

Para Miller, la fábula de los espartanos quedó como una deuda pendiente. Tanto, que visitó el campo de batalla y decidió, a su vez, contarla él mismo en "300", una novela gráfica donde Miller tiene 300 protagonistas voluntariosos y temerarios que le sirven para contar cómo las sociedades libres (como la griega) dependen de sus grupos totalitarios internos (como los espartanos) para protegerse.

Pero la historia sigue: "Cuando vi Sin City pensé Yo también puedo hacer eso ", dijo por su lado Zack Snyder, el director de la versión cinematográfica de la historia de Miller (también titulada "300"), que se estrena en Estados Unidos mañana. Se refería a los efectos visuales y a la animación computada. Es que, a diferencia de Maté, Snyder no se llevó 300 actores a Grecia para filmar. Lo suyo fue un poco más sutil: rodó toda la película en un galpón, en 60 días. Eso sí, la post-producción demandó un año entero y la ayuda de diez empresas de efectos especiales. Cada cuadro fue manipulado y retocado para crear una paleta intensa con situaciones de fantasía digital que incluyen escenarios, animales, ejércitos y personajes de todo tipo. Apenas filmó una sola escena al aire libre: "hacer galopar a un caballo en un estudio de cine es un poco difícil", dijo el director.

En definitiva, 300 es un film épico (¡como los de antes!), pero totalmente diferente en su concepción. Es que es una película sobre una novela gráfica sobre una película sobre una batalla. Y la guerra de esta manera es algo así como un ballet: quizás sea uno de los pocos títulos en cartel que no la demonizan. Y ese es, de hecho, el mayor efecto especial.







Comentarios, dudas, opiniones: escribinos@ciudad.com.ar