¿Es bueno ir al sexólogo?

Algunos no creen en "eso", como si fuera una cuestión de fe. A otros no les queda otra y van. ¿Quiénes, a qué y por qué recurren a un profesional?

Generalmente lo primero es la prepotencia. Ese intento de pensar que no necesitamos de la ayuda de nadie. Pero a veces el paso del tiempo demuestra que no podemos solos. Entonces, en esas situaciones, cuando la vida sexual está en juego, algunos deciden consultar al sexólogo. Otros siguen como pueden, a veces a costa de perder una pareja y sacrificar la posibilidad del placer compartido.

Pensando en esas cosas me encontré con un artículo de Roberto Rosenzvaig, que además de sexólogo es psicólogo y es el presidente de la Corporación Chilena de Sexualidad Humana. A base de su experiencia en el consultorio durante 2009, Rosenzvaig explica por qué, cuándo y quiénes acudieron en su ayuda.

La primera cosa interesante que dice es que en comparación a años anteriores, el promedio de edad de los que consultan bajó: hace 10 años iban los que estaban entre los 40 y los 50 años, ahora van los de entre 30 y 40. No quiere decir que los problemas sexuales aparezcan cada vez más temprano en la vida, sino que las parejas están cada vez menos dispuestas a sostener una vida sexual insatisfactoria y consultan antes. Eso es bueno.

Ahora también, en general se aceptan las responsabilidades compartidas y no se intenta tanto echarle la culpa al otro. Y eso también es bueno, teniendo en cuenta que el motivo más frecuente de consulta entre las parejas es la falta de deseo y la ausencia de relaciones sexuales.

Cuando van varones solos, en la mayoría de los casos el problema es la eyaculación precoz, aunque dice Rosenzvaig que cada vez aparecen más casos de disfunción eréctil. También van en aumento, entre los hombres, las consultas por compulsiones y adicciones sexuales. Las mujeres van por dolor durante la relación, porque no sienten placer o porque no logran tener un orgasmo.

Y no falta un viejo clásico de todos los tiempos: los conflictos por la orientación sexual. No son pocos los que viven en parejas heterosexuales, pero que tienen un capítulo irresuelto con la homosexualidad, lo que hace que su vida matrimonial falle en la cama.

Me pareció una fotito rápida e interesante del consultorio de un sexólogo. Ahora, la pregunta del millón ¿sirve? ¿cambia algo la terapia? Bueno, según Rosenzvaig, el 70 por ciento de sus pacientes se fue con una carta de satisfacción en la manga. O sea, conformes con los resultados después de entre 12 y 16 sesiones.

¿Qué les parece? A mí me da la sensación de que por más dudas que genere una posible consulta, bien vale la pena, sobre todo si la opción es dejar que el tiempo pase sin cambiar nada o tener que renunciar a una persona amada, o a la posibilidad de una buena vida sexual...