A domar las olas

Antes del mundial de mayo en Portugal, los argentinos más profesionales del circuito se midieron en el Quicksilver Pro 2007, un campeonato que el viernes pasado consagró campeón a Lele Usuna. Olas de dos metros y trajes de neoprene sobre cuerpos esculturales... de muchachos.


El surf es un deporte de resistencia física y destreza, pero también de suerte. Que en épocas de cambio climático es lo mismo que decir que el pronóstico meteorológico se cumpla, que el glass del mar sea adecuado -digamos, que no esté planchado-, que las olas se acerquen a los dos metros (importante para surfear), que su período (duración) sea considerable, al igual que su ondulación o swell. Por eso, la suerte que los organizadores del Quiksilver Pro 2007 no habían tenido desde el 15 de marzo -cuando estaba prevista la definición- finalmente la tuvieron el viernes 27 de abril. Un día espléndido de sol con olas de lo más considerables, que los surfistas argentinos profesionales, intrépidos, sí, porque estamos en otoño, enfrentaron durante toda la jornada.

En el balneario La Paloma de Mar del Plata, en la zona de acantilados, un grupo de sponsors -cantidad digna de Lionel Messi- asentaron sus carpas y equipos desde muy temprano para hacer posible el campeonato que cierra la temporada. Los surfers, residentes todos en la zona, llegaban en sus autos y desde la altura medían a ojo las olas, que 300 metros más allá iban domar en breve. Los chicos, jóvenes y de cuerpos musculosos, muchos rubios (dicen que por la parafina con que frotan las tablas como antideslizante) se bajaban del auto y la tabla del portaequipajes. Con una toalla en la cintura -ahí, a la vista de todos- comienza la muda de ropa de calle por el traje de neoprene y después a conseguir su Lycra (léase licra), esa camiseta de colores que los identifican en el mar de los demás competidores en cada heat o tanda de clasificación.

La dinámica del surf en competencia es sencilla aunque para los no iniciados lleva un tiempo incorporar. Un grupo de surfers entra al agua y espera la sirena que desde la costa les indica que pueden comenzar a "tomar olas", es decir, remar acostados sobre la tabla en contra de la rompiente en busca del momento indicado para ponerse de pie y comenzar el espectáculo de deslizarse sobre el mar, hacer figuras como giros, cut back (balancear hombros y brazos hacia dentro de la ola), floater (pasar por encima de la ola), entre tantas otras hasta que se "llene de agua blanca", es decir, rompa la ola.

Durante un período de entre 10 y 20 minutos, buscan las mejores olas -cómo las identifican, sólo ellos lo saben- y "arriba". Entonces el jurado, que los observa detenidamente, les da puntuación. A cada ola. Eligen las dos mejores olas de cada surfer y ese promedio es el puntaje del heat, que antes que termine ya tiene a los competidores de la próxima ronda en el agua. Así hasta el final: siempre hubo surfers en el agua durante todo el día. Uno tras otro, repitiendo el ritual de vertirse y desvestirse, entrar y salir del agua, mientras iban quedando cada vez menos.

Al final de la tarde, la competencia se definió con un duelo entre Maxi Siri, marplatense de La Perla, y Leandro Usuna, también residente pero que aprendió a surfear en las olas de California. Finalmente Lele salió campeón, al tomar varias olas que no abandonaba como si estuviera prendido a su tabla. Hubo festejos, cerveza y fotos con promotoras. También premios: dinero, tablas, reproductores mp3, puntos para el campeonato argentino que coronó al segundo, Maxi Siri. Y se fueron todos con los trajes de neoprene puestos.