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Arnaldo André, íntimo: "Me enamoré una sola vez, era bastante ingenuo; creía que el amor era para toda la vida"

Entrevista exclusiva con Arnaldo André: "Me enamoré una sola vez en mi vida y no me gustaría volver a experimentarlo"

El actor invitó a Ciudad a su camarín de Mentiras Inteligentes, en el teatro Astros. Su vida, su carrera, el amor y su familia, en una charla muy personal.

Dueño de una voz cálida y aterciopelada que ya es marca registrada, de casi medio siglo de carrera y actuaciones inolvidables, Arnaldo André (75) nos recibe para transitar una larga charla.

En su camarín del teatro Astros -donde de miércoles a domingo se sube al escenario para hacer Mentiras Inteligentes, junto con Mariano Martínez, Betiana Blum y Florencia Torrente-, el reconocido actor se sumerge en una conversación sobre su vida, el amor, la familia, el trabajo y más.

-¿Cómo estás viviendo esta temporada teatral en Buenos Aires?

-Estoy muy contento con el teatro porque me da mucha satisfacción. Ya vamos por la segunda temporada y estamos a un mes y pico de terminar. La paso muy bien arriba del escenario con Betiana, Mariano y Flor. Somos un equipo que se divierte, tenemos buen humor y creo que eso hace que la comedia surja mucho más fluída. Si bien la obra es para reírse, no es pasatista e invita a la reflexión. Además, el público nos recibe muy bien. Estamos acostumbrados a verlos divertirse, aplaudir mucho, esperarnos a la salida. Si no sucediera eso, diríamos "qué raro, ¿qué habrá pasado hoy?". Aunque es cierto que a veces se puede dar el caso de una sala de "tímidos", que les cuesta un poco más hasta que se van envalentonando.

Arnaldo André, íntimo: "Me enamoré una sola vez, era bastante ingenuo; creía que el amor era para toda la vida"

-En tu libro autobiográfico Por lo que usted y yo sabemos (Editorial Planeta, 2018), hacés referencia a tu incorformismo casi crónico. ¿Cambiaste con respecto a eso?

-En mi libro hablo mucho de eso. Siempre que estaba haciendo algún trabajo quería hacer otro, algo superador, que me dé la posibilidad de mostrarme ante el público en otra faceta, etcétera, etcétera, etcétera. Fui así desde los 17 años. Pensaba "esto está bien pero, ¿qué viene, qué viene?". En este momento estoy disfrutando mucho del presente porque no estoy preocupado por ninguna otra cosa. Disfruto y agradezco a Dios estar viviendo este momento.

-¿Cómo cambiaste ese chip?

-El chip se cambió solo. Un día me pregunté "¿por qué tengo que esperar a que suene el teléfono o ver qué viene después de esto?". De hecho, hace dos años me tomé uno sabático sin preocuparme. Había terminado una gira con Marta González. Durante ese año, aunque no fue tan sabático porque escribí mi libro, estuve cómodo. Estoy disfrutando de la vida, teniendo mucha paz, cosa que sí he venido trabajando con los años. Existen los problemas, todos los seres humanos los tenemos, pero hay que tratar de irse a la cama pensando que mañana será otro día y que no me quite el sueño esa preocupación. Empecé a hacer eso y en general trato de minimizar todas las cosas negativas, los obstáculos y pensar "no importa, esto ya se va a arreglar". Es un trabajo que he hecho con los años. Si tuviera que dar un consejo no lo podría hacer, pero yo lo sentí así y pude cambiarlo. Lo que sí puedo decir es que el estado espiritual de paz es el ideal. Aquellos que leyeron mi libro se van a dar cuenta que mis comienzos fueron difíciles, no he tenido "padrinos" en el medio que me digan "andá allá o acá que te van a ayudar". Solo abrí la puerta de lo que hoy es mi profesión. Creo mucho en que los logros se consiguen con esfuerzo.

"Antes nadie pisaba mi casa. Yo no tenía amigos. Hasta que un buen día por un hecho fortuito me sentí tan solo, que me recosté sobre esos que eran conocidos y que la vida transformó en amigos. Me pude abrir y hoy si puedo, como Roberto Carlos tener un millón de amigos, los tendría".

-¿Te auto-reconocés ese mérito?

-Sí. Porque la vida me puso ante una responsabilidad grande que es ayudar a mi familia. A los 11 años (N. de la R.: cuando su papá murió) me di cuenta qué es lo que debía hacer y fui creciendo hasta convertirme en un profesional y vivir de mi profesión. Me costó mucho todo al principio. No es que me vine de Paraguay y empecé a trabajar. Fueron años de estudio, de espera, muchas puertas que se me cerraban y de pronto se dio.

-Además de que te costó mucho poder entrar al medio, tu fuerte timidez no te ayudaba...

-Sí. Soy tímido y por eso hago muchos chistes. Esa defensa se me ha vuelto en contra porque no puedo dejar de hacer chistes. Una broma acá, otra allá. Pero bueno, me ayuda bastante a contrarrestar la timidez. Tener humor es positivo, por eso trato siempre de crear climas. Mirá, yo muchas veces escucho que dicen de mí que soy buena persona, que todos me quieren en los elencos. Yo no sé si soy buena persona, pero pasa que tal vez se confunda esto de que yo creo un clima de camaradería, de buen humor y eso hace que yo tenga esa imagen de tipo bueno.

-¡Pero todos te quieren!

-Yo siento que sí. Y yo también a mis colegas. Sobre todo a mis compañeros de turno, los que me tocan en el momento. Los cuido, no lo puedo hacer de otra manera. Lo he hecho con mi familia, con mis amigos, con mis colegas.

-Tenés una cuestión paternal con todos, aunque vos no has tenido hijos...

-No quise tener. Pero a los 11 años ya era "padre" de toda mi familia.

"Siento que antes en las telenovelas éramos más naif. Contábamos grandes romances. Hoy hay como un prurito en los productores que no quieren contar historias de amor. Ahora es todo muy costumbrista, con un lenguaje más coloquial, no importa si no decís bien el texto. Hay salvedades, por supuesto. 100 días para Enamorarse me gustó mucho, la seguí".

-Claro, quedaste un poco a cargo de tu madre y tus tres hermanas. ¿Cómo analizás esa situación hoy?

-A veces cuando hablo con gente amiga de este tema surge la palabra "mandato". Y yo digo "no, para mí fue un mandato de Dios". Dios me dio las armas para salir adelante. Lo siento así y creo que lo he hecho bien y no estoy para nada arrepentido ni siento que sacrifiqué cosas.

-¿No?

-A ver... si me pongo a profundizar seguramente te podría decir que me hubiera ido a seguir mi carrera a Hollywood, ese siempre fue mi sueño. Pero yo pensaba "¿cómo haría para estar tan lejos de mi familia?". El tema es que no era ir y que me contraten, sino ir a tocar puertas de nuevo. Ir, además, sin estar ganando dinero y no podía dejar que mi familia no estuviera en buenas condiciones por ese motivo. Quizás sacrifiqué eso, pero no estoy para nada arrepentido.

-¿Sentís que pudiste vivir con felicidad tu infancia y adolescencia?

-Sí. No siento que me la hayan sacado. Porque yo trabajaba pero al mismo tiempo iba a jugar, al lago de mi pueblo. Al contrario, lo he disfrutado mucho.

-¿Cómo fue para vos vivir bajo la influencia de una madre como Doña Fernanda (murió en 2008), con una personalidad tan fuerte?

-Mi mamá tenía una personalidad muy fuerte, es cierto. Pero yo también tenía lo mío. Entonces la convencía y me terminaba dando la razón. Imaginate que cuando le dije que dejaba todo en Paraguay y me venía a vivir a Buenos Aires, no fue fácil. Pero le prometí que un año la traía a ella y a mis hermanas a vivir acá conmigo y así fue. Estaba muy convencido de lo que iba a lograr. Durante gran parte de mi vida me acompañó mi familia. Es más, creo que la primera vez que viví solo fue cuando me fui a Venezuela a trabajar en 1977. Después cuando volví ya quería vivir solo acá también, ja, ja.

-Y ahora, que vivís solo desde hace tanto tiempo, ¿te manejás bien con los quehaceres de la casa, por ejemplo, te gusta cocinar?

-En casa cocino y no tengo obligaciones. Es decir, cocino si quiero y sino, me tomo un té con tostadas y ceno eso. Es bueno de noche no comer tan fuerte, por otra parte.

-¿Sos de cuidarte mucho?

-Siempre me he cuidado mucho. Hoy, como cada quince días, fui a mi médico Adrián Jaime que trabaja sobre la calidad de vida. Voy cada 15 días y lo primero que hace es pesarme. ¡Voy intentando contener la respiración ja, ja! Vengo adelgazando ya seis kilos desde que empecé con él hace seis meses. Noto mucho la diferencia, me siento más ágil y me hace bien sentir bien en el espejo, que es lo que la gente va a ver. Me hace sentir confiado. Lo bueno es que me permite darme gustos pero después volver a mi plan. También voy al gimnasio y ya de por sí como muy sano: me encantan las frutas. Muchas veces directamente almuerzo frutas.

"Me he enamorado una sola vez y no me gustaría volver a enamorarme. Pero ese cosa que duele... Yo la he vivido y no quiero pasar por eso (...). Terminó mal. Yo era bastante ingenuo. Creía que el amor era para toda la vida. Pero no siempre es así". 

-¿Cuál es tu perdición?

-Las papas fritas me encantan y cuanto más crocantes, mejor. Se me hace agua la boca con solo pensarlo. Una vez por semana me doy ese gusto, siempre afuera porque no me gusta hacer frituras en casa por el olor.

-Contaste que, durante un largo tiempo de tu vida, elegías no invitar gente a tu casa y casi no tenías amigos. ¿Seguís siendo así?

-Fui cambiando. Antes nadie pisaba mi casa. Yo no tenía amigos, tenía compañeros de trabajo. Hasta que un buen día por un hecho fortuito que no viene al caso me sentí tan solo, que me recosté sobre esos que eran conocidos y que la vida transformó en amigos. Me pude abrir y hoy, si como Roberto Carlos pudiera tener un millón de amigos, los tendría. De verdad te sentís amparado, escuchado y esa gente es la que ahora sí va a mi casa. No me gustan las reuniones muy grandes. La charla es más cómoda con menos gente y la paso mejor.

-Tendrás muchas invitaciones, me imagino...

-Sí, la verdad que sí.

-¿Y las rechazás?

-No, no. Hasta he llegado a ir a comer a casa de gente desconocida. He ido por ejemplo hace un mes a comer a Floresta a la casa de una señora, nosotros grabábamos las novelas de Migré por la zona. ¡Y terminé comiendo pastas de la madre de la dueña de casa! Antes iba mucho más que ahora a las casas, quizás de fanáticas que luego se volvieron amigas. Por ejemplo, tengo unas amigas que me habían seguido con el auto en Mar del Plata y me invitaron a comer un asado a su casa y fui. Ahora son muy amigas.

-¿Qué personajes tuyos recuerda más la gente?

-Recuerdan mucho Piel Naranja y todavía me dicen “rojaijú” que significa “te quiero” en guaraní, y era lo que decía mi personaje. Después también recuerdan mucho mi personaje de Valientes. Y los más chicos, Los Únicos.

-¿Extrañás la tele? Muchas veces pasa que la gente cree que si no estás en la tele no estás trabajando.

-Claro. Yo en esos casos les digo "¡pero estoy en el teatro!". No extraño para nada . Y no es una pose. Para una tira te tenés que levantar todos los días las 6 ó 7 de la mañana, grabar 9 ó 10 horas, vivir pendiente de tu libreto.

-Sos uno de los galanes de telenovela por excelencia, también en Latinoamérica. ¿Cómo ves a la distancia aquellos culebrones que protagonizabas y qué diferencias encontrás con las ficciones de ahora?

-Siento que éramos más naif. Creo que contábamos historias que a la gente le gustaban y que extrañan. Contábamos esas historias de amor, grandes romances con dos protagonistas y por supuesto más personajes. Hoy siento que hay como un prurito en los productores que no quieren contar historias de amor, aunque lo que sigue funcionando es eso y está demostrado en las novelas que vienen de afuera, como las turcas o las brasileñas, terminan siendo grandes éxitos. Son historias de amor y lo más parecido a lo que hacíamos. Si comparo con lo que sucede ahora, siento que falta eso. Ahora es todo muy costumbrista, con un lenguaje más coloquial, no importa si no decís bien el texto, "todo está bien, todo está bien", te dicen. Hay salvedades, por supuesto. 100 días para Enamorarse me gustó mucho, la seguí.

Arnaldo André, íntimo: "Me enamoré una sola vez, era bastante ingenuo; creía que el amor era para toda la vida"

Junto con Luisa Kuliok formaron una de las parejas más emblemáticas de las novelas argentinas.

 

-¿Cómo vivís la revolución feminista y los nuevos movimientos en el espectáculo como el colectivo de Actrices Argentinas o el #MeToo?

-Antes no existía. Me parece muy bien, mientras no se politice ni la gente se fanatice.

-¿Te ocurrió alguna vez que alguna actriz te reprochara alguna situación ocurrida en la ficción?

-En mi época no se hablaba de nada. Venía el beso y era un beso y punto. Aparte ese beso era un beso que la gente estaba esperando y llegaba por ahí a los tres meses de estar la novela en el aire... ¡y no había más besos por semanas! Ahí estaba lo interesante de la intriga que iban creando los autores. Y ahora, yo no estoy haciendo de galán, pero debe ser difícil para un galán encarar una situación de beso. Debe pensar "cómo hago, te voy a besar como creo yo pero sin rozarte ni por error con la lengua, sin molestarte para que no me acuses de nada". Debe ser complicado.

-¿Te tocó contar cómo ibas a besar?

-No, para nada. Era como un apretón de manos, algo normal. Es verdad que no debe haber lengua, aunque por ahí se te puede escapar un poquito. Nunca se quejó nadie en mi caso. Los míos eran muy reales porque yo siempre digo que besaba con el cuerpo. No eran esos besos de "cola para afuera".

-¿Y cómo fue el romance en tu vida privada? Sos muy reservado, contaste que tuviste tus amores...

-Tampoco “tus amores”, ja, ja, ja. Me he enamorado una sola vez. La otra vez estaba en un programa de televisión y decía que no me gustaría volver a enamorarme. Obviamente si aparece el amor no lo voy a rechazar. Pero ese cosa que duele y sentís acá (se revuelve el pecho con la mano en señal de angustia). Yo la he vivido y no quiero pasar por eso. Pero sí conozco lo que se siente cuando uno está enamorado. Pienso que para besar como yo besaba en televisión o para seducir de esa manera, alguna vez tenés que haber vivido esa experiencia.

-Por lo que veo terminó mal. ¿Qué creés que fue lo que falló?

-Era bastante ingenuo con respecto al amor. No es bueno que lo diga, pero te lo voy a decir a vos. Yo creía que el amor era para toda la vida. Pero no siempre es así. Y ahora con los celulares y todo, mucho menos.

"Debe ser difícil para un galán hoy en día encarar una situación de beso. Debe pensar 'cómo hago, te voy a besar como creo yo pero sin rozarte ni por error con la lengua, sin molestarte'. Debe ser complicado".

-¿Cómo te llevás con la tecnología?

-Manejo whatsapp, mail y “te llamo, me llamás”. Tengo Facebook y Twitter pero no en el celular y el Instagram lo maneja mi prensa que es Christy Russo y que me insiste que quiere fotos mías tomando café o haciendo cosas y yo le digo que no, que mi vida es mi vida. Mi vida es privada. No me gusta eso de “estoy cruzando la calle” o “estoy con mi perrito”. Siempre he pensado que si te mostrás mucho se rompe la magia, que el público no se canse de uno, que no me vea todos los días en la televisión o protagonizando un escándalo.

-Nunca se te vio en eso...

-No, no. Dios me libre.

-¿Cómo seguirá tu 2019?

-A fines de marzo terminamos con Mentiras Inteligentes y es muy posible que podamos estrenar Lectura sobre Justino, la película autobiográfica que dirigí. Está hecha, ya la llevé al festival de la India, se estrenó en Paraguay, la llevé al festival de Punta del Este, Ottawa, Chicago, muchos lugares. Este año, si Dios quiere, con Julieta Cardinali y Mike Amigorena la vamos a estrenar acá. Tiene también un elenco de excelentes figuras de Paraguay. Se trata sobre mi adolescencia, recreamos y vivimos momentos de mi vida, inclusive la muerte de mi papá. La filmamos íntegramente en San Bernardino, mi pueblo y fue una experiencia maravillosa.

Arnaldo André, íntimo: "Me enamoré una sola vez, era bastante ingenuo; creía que el amor era para toda la vida"