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El libro prohibido de Internet

Una chica tímida de Boston se cambió el nombre por Show-n-tell y se metió en las comunidades de videchat sexual, donde participó activamente durante cuatro años. El resultado fue publicado un libro, con imágenes y textos sobre los motivos del exhibicionismo virtual. Porno amateur, entre el anonimato y la vulnerabilidad de estar desnudo frente a la computadora, en una entrevista con la chica que estuvo ahí.

Excitarse frente al monitor. Le pasó a una chica joven y tímida de Boston, que un día se compró una webcam e instaló todo el soft para chatear con una amiga. Después esta artista, diseñadora gráfica y profesora descubrió otra función para sus nuevos accesorios de PC. Aunque tiene un nombre muy sensual, en febrero de 2001 decidió cambiarlo por Show-n-tell y comenzar a recorrer las salas de videochat sexual. Pero no sólo para mirar. Se involucró de tal manera que acató las reglas de mostrar-para-mirar que son estrictas en ese mundo virtual y paralelo, hasta excitarse frente al monitor. Entonces la experiencia ya estaba en su cabeza como un proyecto artístico, que cuatro años después se publicó en formato libro con el título de webAffairs, con 144 páginas de capturas de pantalla pixeladas de exhibicionismo sexual, en las variantes más extremas: heterosexuales, solos, en parejas, gays, bisexuales, drag queens, de todas las edades.

En una comunidad donde la mayoría son hombres (algunos muy agresivos, que reclaman todo el tiempo a las mujeres que hagan su streap tease), Show-n-tell (algo así como Mostrar y contar) no sólo entró para mostrar lo que veía, sino que escarbó en los motivos de los que asisten al chat como al bar a tomar algo. Y reproduce las conversaciones, las historias de vida y sus propias impresiones de un espacio privado -incluso "más seguro"- donde muchos experimentan de forma excluyente una vida social.

Una práctica cada vez más extendida en tiempos de amplio acceso a las computadoras personales, conexión a Internet banda ancha y cámaras hogareñas. "Me encontré que muchos eran personas creativas que usaban la computadora para trabajar", dice uno de sus textos. Más allá del libro, el proyecto webAffairs ya recorrió varias galerías de arte con proyecciones de lo que su webcam captó y en el el Día de San Valentín hizo una presentación de cómo se relacionan las personas a través del sexo en el espacio virtual. Del porno amateur al contraste entre estar desnudo y vulnerable, hablamos con la autora.

¿En qué cambió tu idea de los chats de sexo y el uso de webcams desde que te involucraste personalmente?
Cambié un montón durante el proceso. Primero porque fueron casi cuatro años y cualquiera cambia en tanto tiempo. Como artista, siempre busqué que mis proyectos de experimentación produjeran un cambio en mí, para mejor. Y este en particular me permitió explorar la construcción de identidades sexuales de la sociedad, vivir relaciones fuertes que también se reflejaron en la imagen de mí misma. Lo que no implica que me haya transformado en una exhibicionista...

En la introducción a su libro, publicado por Eighteen Publications y que se consigue a 40 dólares por Internet, Show-n-tell reconoce: "conocí personas que de otra manera nunca hubiera conocido, y a la vez aprendí que podía conectarme con gente de la misma manera, más espontánea, que lo hacía de más joven. Al principio, sólo chateaba con hombres completamente vestidos, y llegué a mantener conversaciones filosóficas con una ventana donde sólo se veían unos genitales". Aunque aclara: Show-n-tell es una identidad virtual y no es ella, entre varias razones, porque existe en un mundo donde las mujeres, paradójicamente, no son muy valoradas.

¿Llegaste a excitarte?
Sì, participé de lleno en la comunidad. Creo que para hacer un buen proyecto de documentación uno debe estar lo suficientemente afuera como para observar, pero también adentro como para experimentarlo.

¿Qué fue lo que más te sorprendió estando frente a la PC?
Cada página del libro es una experiencia que viví. Al principio cualquier cosa te shockea, pero a medida que pasa el tiempo tu nivel de tolerancia crece, y si superás el shock inicial llegás a apreciar las relaciones humanas que ocurren en los chat rooms. Me involucré en la vida de las personas, el sexo fue el telón de fondo.

¿Creés que existe una vida virtual diferente a la vida real?
Podría argumentar que son mundos separados. Y, en realidad, durante mis aventuras en el espacio virtual tuve que cuidarme de que no se confundieran. Estoy casada y tengo una buena relación con mi marido, que también es artista. Nuestra negociación a través de este tiempo es parte del libro. Escribí sobre gente que tiene relaciones online como un escape de los dramas de su vida personal, pero no quería ponerme en riesgo. Para muchos es un lugar para experimentar con identidades diferentes. Por ejemplo, es perfecto para desarrollar las fantasías de los travestis, fetichistas y los gays que no salieron del closet.

¿Qué comenta el público en las proyecciones o instalaciones de la obra?
Cada proyección es única, pero a la mayoría de la gente le vuela la cabeza el tema porque es algo desconocido, que todavía es una subcultura.

El libro como resultado de todo el trabajo, ¿estaba proyectado desde el inicio?
Sí, apenas estuve online y vi las imágenes y la forma de comunicación que ahí se daba supe que quería hacer un proyecto en otro formato. Soy artista, sé de diseño gráfico y un libro objeto es definitivamente el medio para combinar texto e imágenes, además de las paredes de una galería. Es un libro sobre sexo, pero sobre mucho más que sexo. Mejor dicho, el sexo es mucho más de lo que pensamos que es.

¿En qué se diferencia un chat o videochat de sexo con otras experiencias en Internet?
En otros chat rooms la gente comparte intereses. El sexo es muy diferente. A veces la gente no se conecta en absoluto y sólo tiene una experiencia sexual diferente de la real, que es opresiva. El anonimato de la comunidad les da una libertad que ningún otro espacio ofrece.

En general, ¿se entiende tu trabajo como artístico?
¿Si creen que es pornografía? Es un trabajo de documentación de pornografía amateur. No produje yo esas imágenes, sino que recopilé lo que otros crearon. Como artista, observé una subcultura de la sociedad que está creando su propio porno, independiente de la imagen del porno corporativo. No hago porno, no es mi intención. Por otro lado, la pregunta revela aspectos importantes de lo que el porno es, y para eso habría que remontarse a la historia de la pornografía y de cómo nació el término. Que no existía antes del siglo XVII, es muy reciente y vinculado a luchas políticas de la Iglesia en Europa en ese período.

¿Repetirías la experiencia?
El trabajo artístico requiere estar abierto a experiencias como esta todo el tiempo, pero no creo que pueda repetirla porque nunca más volveré a ser virgen.