Noche de sexo como el común de los mortales

No hubo fogata, ni velas, ni nada especial; dos personas, una cama, y música acorde. Las imágenes.

A menudo se suele alargar hasta el hartazgo el encuentro sexual entre los protagonistas de una telenovela. A menudo los televidentes suelen definir este momento como el más esperado de toda la historia.

De hecho, los tiempos que manejan los autores difieren mucho de la realidad, en donde los plazos para el encuentro íntimo entre dos personas suelen ser muchos más cortos.

Sin embargo, según parece, la primera vez de "el Chiqui" y Laura en "Botineras" parece haber pasado de lo más desapercibida: tuvo poca promoción, menor expectativa y hasta llegó de una manera sorpresiva, poco esperada.

La situación fue la siguiente: el personaje interpretado por Romina Gaetani se encontraba ciertamente acongojada por la muerte de su ex marido Marcos (Maxi Ghione). Y Cristian Flores (Nicolás Cabré), sin conocer esta situación- porque todavía desconoce la verdadera identidad de su amada-, y con sólo escuchar su voz compungida, le sugirió que lo acompañara a conocer un departamento para mudarse. Laura lo dudó unos segundos y luego aceptó.

Arribó al departamento y "el Chiqui", ni lerdo ni perezoso, echó al vendedor inmobiliario. A continuación, la pareja se adueñó del espacio - amueblado, por cierto- y, luego de una breve charla y un pedido de abrazo por parte de ella, terminó haciendo el amor en una cama que hasta sábanas tenía.

No hubo fogata, ni velas, ni casa en la playa, ni jacuzzi, ni nada especial; sólo dos personas, una cama, algunos movimientos eróticos y una música acorde.

El público que sigue la ficción de Telefé asistió ayer al momento más esperado de este cuento que involucra a futbolistas y mujeres esbeltas; de hecho aconteció tempranamente, porque la escena llegó a sólo dos meses de iniciado el ciclo.

El público puede haber sentido dos cosas: desilusión por la falta de espectacularidad , o agradecimiento, puesto que no es muy común ver una escena tan real en televisión; y no por el rigor de los actores, sino por la espontaneidad y sencillez con la que llegaron a la cama. Después de todo, así pasa en la vida real.