Exclusivo: Cómo será la vuelta de Susana Giménez

Tras un verano intenso -con juicio en Uruguay, un novio igualito a un ex y su hija agarrándose a golpe limpio en la calle- regresa Susana.

No pasó ni una semana y estamos hartos de las polémicas berretas de Tinelli. Pasaron de simples riñas mediáticas a cachetazos, acusaciones familiares y desafortunadas referencias a enfermedades. Lo mismo nos pasó con Mirtha Legrand, que empezó su temporada de almuerzos denunciado que la AFIP la apretaba por defender la democracia y terminó reconociendo que no va a invitar a Florencia Peña a su mesa porque piensa distinto a ella. Ni hablemos de "Botineras", que era una comedia grotesca y ahora es un drama policial/sexual. Pasamos por alto lo poco creíbles que son los besos de "Malparida"; la tele nacional necesita alguien que la salve.

Por eso, desde la tierra del glamour llega en su jet privado la diva por derecho propio en el país. La única en el medio que se niega al canje y se compra todos los modelos que usa en Miami pagando dólar sobre dólar. La mujer que no se ruboriza al armar una revista con su nombre y se pone en tapa luciendo 25 años menos y 30 kilos más flaca... ¡Susana Giménez!

Ella es la única que puede evitar que la tele naufrague en las aguas de la chavacanería y el mal gusto. Encantada con la frecuencia semanal que probó con éxito en 2009, la rubia retoma su clásico envío este domingo a 21.30 por Telefe. Y lo mejor de todo es que, a pesar de toda la expectativa que genera su regreso, nadie espera ninguna novedad del programa.

Casi casi todos sabemos qué pasará el domingo: comienza con un pequeño musical en el que participarán una docena de bailarines. Entra Susana y mueve los brazos, termina la música y grita un poco. "¡Qué bueno estar de vuelta! ¡Los extrañé!". Luego de elogiar la escenografía, que será idéntica a la de los últimos años, muestra su ropa ("¡con medias Silvana, por supuesto!") y se va al escritorio meneando su figura de la mano de un Susano.

Desde allí dirá que es "im-pre-sio-nan-te" la cantidad de flores que le mandaron, agradecerá a un par (seguro que los ramos de Telefe, más algún anunciante y el de Teté Coustarot) y recordará a algún artista que se haya muerto hace poco en su portarretrato.

Inmediatamente después dirá algo del Martín Fierro y el Mundial y explicará cómo es su nuevo juego telefónico (que es el mismo de siempre) y pondrá al aire algún scketch en el que hace de alguien de bajos recursos que se come las eses.

Después de un par de chivos obligados -¿un casino? ¿un jabón para la ropa?- se va al living y recibe a algún invitado cábala. Seguro que es Darín, que tiene peli nueva y viene de ganar el Oscar. En la mitad del reportaje llega Antonio Gasalla como La Abuela y se queda charlando.

Ahí, por fin, el personaje le pregunta todo lo que queremos saber del verano Susana: el juicio a la revista uruguaya que dijo que lavaba dinero, la pelea de su hija con la amante del marido y, por supuesto, qué pasó con Popi, el joven novio con el que paseó en el verano, una mezcla de Roviralta con su hermano Patricio.

Y cuando todo se ponga bien jugoso –con Susana gritando que no quiere hablar, Darín apretándola y Gasalla diciendo algo subido de tono- ella dirá que "ya nos tenemos que ir, el tiempo pasó volando" y se despedirá hasta la semana que viene.

Y todos felices, porque nadie habrá salido defraudado.

Después de todo, ¿no es ella la que canta "Soy Susana, soy siempre igual"?