Jacobo Winograd, el iracundo

Silvia Süller, Ricardo Fort, los "Gran Hermano", las vedettes... Jacobo ya se peleó con todos. ¡Ahora fue por Anabela Ascar!
En 1962 apareció por primera vez en los kioskos estadounidenses "El increíble Hulk", un cómic destinado a convertirse en un clásico.

Su protagonista era el Dr. Banner, un científico de buen corazón que a raíz de un accidente adquirió la habilidad de aumentar de tamaño, volverse verde y destruir todo a su paso si lo hacían enojar.

Aunque no se ponga verde, lo más parecido que tenemos a Hulk en la tele argentina es Jacobo Winograd, ese inclasificable personaje mediático que supo reinventarse cada año y mantenerse activo y vigente cuando sus compañeros de rubro iban cayendo en el olvido. Pasó Samantha, pasó El Laucha, pasó Zulma... ¡pero Jacobo queda!

Luego de una infancia con bastantes privaciones, de la que él suele hablar con nostalgia, sus inicios en los negocios no quedan del todo claros aunque él no tiene tapujos en afirmar que el alquiler de autos y la compañía femenina le dieron una modesta fortuna.

De todos modos, fue a mediados de la década del 90 que apareció por primera vez en pantalla en el programa "Mediodía con Mauro". Allí opinaba sobre el caso Cóppola, en ese entonces la cámara y el público lo amaron.

Con una dicción dificultosa, un atolondramiento general y cierta propensión a elevar el tono de voz sin demasiada justificación, Jacobo se convirtió en un invitado fijo del ciclo de Mauro Viale y un personaje que daba que hablar.

Su consagración definitiva fue en el mítico "Zap", aquel envío de nuestro amigo Marcelo Polino que se anticipó a su tiempo y le dio a la llamada "caja boba" algunos de sus momentos más recordados. Desde allí, Jacobo se convirtió en una estrella y recibió su mote maldito en manos de Silvia Süller, "Chizito".

Fue entonces cuando quedó configurada para siempre la habilidad que emparenta a Jacobo con el Dr. Banner. Comienza tranquilo, sonriendo, explicando despacio de lo que vino a opinar. Pero a los pocos segundos comienzan a asomarle por el cuello de la camisa algunas gotitas de transpiración y las venas del cuello se le hinchan.

Inmediatamente, en un abrir y cerrar de ojos, aparece empapado como si le hubieran echado un balde de sudor, se le desabrochan cinco botones y comienza a gritar levantándose de su silla.

Es así, que entra en un estado de absoluta ira, a imagen y semejanza a Hulk, en el que grita, camina, escupe al hablar, alza la mano, mira a cámara, denuncia y lanza algunas de las frases más geniales.

"¡Se sienta en el Pinocho!", "¡No son gatos, son pumas de bengala! ¡Yacarés mesopotámicos", "¡Grabenlón... archivenlón... confidéncienlon... manéjenlon..." y otras perlas del lunfardo contemporáneo fueron creadas en este estado de alteración de ánimo y conciencia que, de todos modos, jamás podrá ganarle al clásico "Billetera mata galán", con la que incluso tituló su primer libro.

Pero, al igual que el gigante verde de las historietas, Jacobo no mide sus acciones cuando habla. Y así que esta semana osó discutir con la reina de los mediáticos, Anabela Ascar. La emperatriz de Crónica TV lo había invitado a "Hechos y protagonistas" y de buenas a primeras montó en cólera cuando la rubia le dijo que no le gustaba que fuera al programa los invitados que iban a hablar mal de alguien.

"¡Vos trajiste a cada personaje, que yo soy el Padre Farinello al lado de lo que vino a este programa. ¡Qué cambiada estás Anabela! ¿A quién querías? ¿Al vegetariano? ¿Al comelechugas? ¡Ponete una verdulería, querida!", le dijo enfurecido. Y la conductora tomó nota, ¿se viene el divorcio del año?.


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