El mundo según ojos argentinos

"Clase turista" Propone recorrer el mundo con la mirada de los emigrados que viven en otras ciudades.
Conocer uno de los pocos lugares en Los Angeles donde se puede tomar fernet, una capilla en Las Vegas donde te casa un falso Elvis Presley o el ascensor más rápido de Japón pueden ser buenos objetivos si lo que se pretende, al momento de viajar, es correrse, mínimamente, de los circuitos turísticos más tradicionales. Algo que, por momentos -aunque no siempre-, logra Clase turista, el mundo según los argentinos (miércoles 23.30, por Telefe).

La premisa del programa, y su diferencial respecto a decenas de otros ciclos de viajes, es muy buena. La idea de recorrer ciudades de la mano de argentinos que, por distintas razones, viven en ellas, establece un punto de partida más que interesante. Dotando a todo el recorrido de una mirada muy particular, en tanto propia.

Cuando uno recorre, por caso, Londres, Viena o Estambul conducido por un guía profesional, lo que recibe es una información neutra. Recorrer Tokio, Río de Janeiro, Las Vegas, Los Angeles o Roma (las cinco ciudades visitadas en el primer mes de programa), llevado por un argentino, lo que se pierde en rigor se gana en frescura.

Los improvisados cicerones cubren un abanico laboral y profesional amplio, aunque en casi todos los casos tienen un "registro" parecido en virtud de su condición social y económica. Y van desde un bartender en Las Vegas hasta un luthier en Tokio, pasando por un profesor de yoga en Las Vegas o el futbolista Nicolás Burdisso en Roma.

De lo que no puede desprenderse Clase turista -y lamentablemente tampoco lo intenta-, es del carácter misceláneo que lo emparenta con cualquier tour convencional. Podrán ser otros los objetivos, los acentos o los abordajes, pero hay un vértigo abarcativo, desprovisto de pausa, que al igual que en las versiones "all inclusive", termina por cansar, aún en la diversidad.

No obstante eso, el programa hace la diferencia, no tanto cuando recorre el Trastevere romano, el tren bala japonés o la falsa Venecia de Las Vegas, como cuando una argentina cuenta que en Los Angeles no se dicen piropos, otro argentino, que en Tokio no hay pájaros, hay cuervos, o un tercero que, en los casinos de Las Vegas, no hay relojes.