Sorry, gorda, es la testosterona

Cada uno de los actos masculinos más característicos está justificado por la presencia de altas dosis de testosterona: ellos también son hormonales.
Hay que hacer un poco de justicia. Cada dos por tres se acusa de "hormonal" a una mujer, pero resulta ser que probablemente el caballero que profiere el improperio, mientras lo dice, tiene el cerebro embebido en testosterona. ¿Y qué? ¿eso no cuenta? Vaaaaamos...

De la misma autora que hace unos años generó revuelo con un libro sobre las mujeres, llegó ahora "El cerebro masculino" y allí ella revela la verdad de toda la milanesa: los hombres están hasta la coronilla (literalmente) llenos de testosterona.

Y eso explica varias conductas indiscutiblemente varoniles. Como por ejemplo: no escuchar a las mujeres cuando se quejan. Esa especie de insensibilidad, esa forma indecorosa de mirar la delantera de alguna dama que pasa mientras su propia novia llora en la silla de al lado. Eso es por la testosterona.

La cosa comienza a edades tempranas y se agrava en la adolescencia. La autora lo explica como para que se entienda: dice que si la testosterona fuera cerveza, un niño de nueve años tendría el equivalente a un cuarto litro encima, pero para cuando cumple los 15 está como si se hubiera tomado nueve litros por día de cerveza. Es decir, sin beber nada, un adolescente varón está como borracho.

Una vez más, si el hombre de tus sueños luego de hacer el amor instantáneamente cierra los ojos y comienza a babear la almohada, es la testosterona. Lo llaman "narcolepsia postcoital".

Y otra cosa: cuando son incapaces de ser comprensivos frente a un problema ajeno, cuando sueltan una solución mecánica sin mostrar una mínima emoción, también es la testosterona.

Ya sé lo que dirán algunas: ahora parece que la culpa es de la hormona y no de ellos. Puede ser. Pero lo bueno es que ya está declarada la hormonalidad masculina: ahora que la empiecen a disimular.

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