Julieta Venegas: "Sé más en teoría de las drogas que en la práctica"

Acaba de lanzar su nuevo disco, "Otra cosa". Está embarazada de cinco meses, de un psicólogo argentino, aunque no quiere hablar de cuestiones personales.
"Si no quieres bañarte, no te bañas". El manifiesto mugriento no sale de las fauces de Vicentico, sino que es Julieta Venegas la que defiende el eterno domingo que es trabajar en casa. Acaba de lanzar Otra cosa y si después de grabar el unplugged para MTV se embarcó en una gira con 25 personas, ahora habla después de haber probado una especie de agorafobia. Se pasó ocho meses encerrada escribiendo una cuarentena de canciones, arreglando ella sus propios temas y tocando casi todos los instrumentos. "Cuando me pongo así, casi no salgo, realmente", asume. "Lo único malo es que me pongo muy obsesiva, realmente no quiero hacer otra cosa. Lo otro malo es que pierdo objetividad. En realidad, nunca tengo mucha objetividad, pero cuando tengo muchas canciones como me pasó ahora... ¿Qué onda?"

No entiendo. ¿Te gustan todas o pensás que son todas una basura?

Esto es la onda: que me encantan todas y al día siguiente es que las odio. Por eso fue importante integrar a Cachorro López, porque es una persona que me da objetividad, ¿sabes? Era mandarle canciones y él me daba sus comentarios. Es importante que otra gente escuche y me diga. No puedes pensar que todo lo que haces es genial.

López le produjo el disco y le sirvió de excusa para venirse a vivir cuatro meses a Buenos Aires. Lo que escribió en México comenzó como un ejercicio de oficio y después fue a parar al disco. Y el trabajo inicial que hizo en Buenos Aires grabando las canciones derivó en un paquete criollo: desde las mezclas hasta las fotos de la portada, que fueron tomadas en el Jardín Botánico. "Sí, tengo un imán con la Argentina, eh. De hecho, mi plan no era irme a Argentina. Quería hacer la selección de las canciones con Cachorro y regresar a grabarlo aquí, en México. Pero llegué a Buenos Aires y, la verdad, me jala. Me entiendo muy bien con la gente de allá. Me siento como en casa, estuve cuatro meses y no lo sentí".

Un amigo mío cree haberte visto camuflada en una milonga.

¡No, camuflada no! Sí, fui a milongas, estuve tomando clases de tango. Me compré mis zapatos, lo que pasa es que en México todavía no he empezado. Buenos Aires me encanta. Estuve ocho meses encerrada en mi casa y después cuatro meses en Buenos Aires, directamente. Si estaba en México sabía que no iba a cambiar el canal.

¿Cachorro tiene confianza suficiente como para decir que alguna de tus canciones son una porquería?

Sí, Cachorro es tremendo. Yo: "Esta canción no me la comentaste". El: "No es de tus mejores momentos". OK! Le mandaba unas siete canciones nada más cantadas con el piano y "de las que me mandaste hay dos buenísimas". ¿Y las otras cinco? Ni comentario. Esto es una cosa de práctica: estás todo el día escribiendo y te van a salir cosas buenas y cosas gachas. Hay gente que trabaja con la inspiración, pero a mí me viene al estar escribiendo, no viene milagrosamente. Ese trabajillo de hormiga a mí me encanta.

El vínculo argentino continúa: llamó a Adrián Dargelos (Babasónicos) y a Ale Sergi (Miranda!) para componer a dúo. "Creo que es la parte más importante de una canción", dice. "Creo que con el unplugged me quedé saciada de invitados". Es que para su proyecto anterior, además de armarse un banda multinacional, para grabar el programa (y disco) invitó a Gustavo Santaolalla, La Mala Rodríguez, Jaques Morelenbaum, Marisa Monte y más. "Tuve tantos duetos, que me encantaron, pero para este disco tenía tanto tiempo sola, encerrada, que dije que estaría padre componer con más gente, amigos. Este disco no tuvo presión, no había ninguna prisa. Cuando llegué a Buenos Aires tenía un montón de canciones, pero igual me decidí a componer con otros. Con Adrián teníamos un montón de tiempo diciendo que queríamos escribir algo juntos, con Ale, pues también, hemos hecho giras juntos y me atrae esa cosa que tiene como que es muy pop pero es muy freak. No es cursi, no puedes describirlo, es un pop raro. A mí se me hizo como muy refrescante salirme de mi casa y sentarme con gente que me cae bien. Ale me quería llevar para la luz en las canciones, pero yo le decía que no, que le pusiéramos algo de mal rollo. Adrián es lo contrario: más oscuro, casi fetichista de las palabras.

La canción que escribiste con Dargelos dice algo de "bajo mi lengua". Ya sé que no habla del ácido lisérgico, pero...

¡Ja! Entre paréntesis, tengo que decir que el título ya estaba desde antes de escribirla. Y no, no tiene que ver con el ácido o algo parecido. Está hablando de las cosas que te guardas y no dices. ¡No está hablando de las cosas que te metés abajo de la lengua!

Bueno, está bien. ¿Cómo es tu relación con las drogas?

No tengo una relación, pero me encanta el tema. Creo que he leído más, sé más en teoría de las drogas que en la práctica. Me atrae más el tema que lo que he experimentado con ellas. Me divierte, porque ahora ya sé los efectos que producen en la gente, así que veo a alguien y "ah, está cruzado" o "el éxtasis que te metiste tiene demasiada anfeta". Tampoco es algo que me importe tanto. No soy muy dada a las adicciones. Ni al alcohol. No es que empiezo a tomar y ya no puedo parar.

Nació en San Diego, California, y probó comenzar a vivir de la música en Monterrey, al norte del México. Le puso música a una obra de teatro, pero las cosas se dificultaron y probó mudarse al DF a los 22. "Creo que desde que me vine a la Ciudad de México tengo un instinto de protección, porque me vine sola. Nunca he perdido el control, porque siempre tengo una cosita que me dice la que se cuida eres tú ".

En tu familia no hay músicos, ¿no?

Mi hermana es fotógrafa y mi papá también. Pero los demás, ninguno tiene que ver con la música. Empecé porque mis papás no querían que viéramos tanta tele, así que fue casi casualidad: me metieron en clases de baile, de cocina, de pintura y entre esas estaba el piano. Y el piano luego me jaló. En ese momento de mi vida, tan chica, era una cuestión de identidad, me gustaba sentir que algo en esa casa y algo en la vida era mío. A ninguno de mis hermanos les gustó la música y al poco tiempo salieron de las clases. Yo fui la única que se quedó con la música: "este es mi territorio".

¿A qué edad empezaste?

A los ocho, muy chiquita. Piano clásico. Dejé el clásico cuando entré al primer grupo, que se llamaba Chantaje. Me invitaron unos amigos de la escuela a tocar teclados y, al poco tiempo como no tenían vocalista, empecé a cantar.

¿Siempre viviste de la música?

No, no siempre, también tuve algunos trabajos reales. Trabajé en una tienda de discos en San Diego y más tarde traté de vender ropa, pero me corrieron porque la verdad es que era malísima. Aquí en México di clases de inglés. Pero la verdad es que sé inglés, porque toda la vida vi tele y hablé en inglés, nada más. Soy totalmente fronteriza, pero nunca tomé una clase de gramática, así que a la hora de enseñar era una maestra desastre. Yo creo que todos mis alumnos se sintieron un poco timados, pero me funcionó por un tiempo. Cuando apenas llegué al DF fue eso de lo que viví, habrá sido un año. Después musicalicé una obra de teatro y ya empecé a trabajar en música con un poco de ayuda. Después salió mi primer disco, empecé a tocar y ya no paré.

(Fuente:Clarin)