Un acuerdo pre-prenupcial ¿te va?

Hay quienes prevén las condiciones para una posible separación mucho antes del matrimonio: que compartir no sea una condena ¡Firmame acá!
El otro día conocí por primera vez a una pareja que firmó un prenupcial. O, más precisamente, un pre-prenupcial. Para él es la primera vez que vive en pareja. Pero para ella no. Ella ya convivió, se peleó y se separó y salió bastante lastimada de la división de bienes. Le costó un buen par de años y bastante esfuerzo volver a adquirir ciertas cosas con las que su ex se había quedado. Ella ahora sonríe y dice "me estafó". Debajo de esas palabras la muchacha deja flotando, muda, la certeza de que eso no volverá a suceder.

La chica no es una chica desconfiada. Me explicó cómo, con su ex, habían encarado con enorme felicidad el equipamiento de la casa y la vida en común. Y cómo, tiempo después, la relación empezó a deteriorarse y antes de que fuera demasiado tarde decidieron separarse. O tal vez ya era demasiado tarde porque la separación fue tremenda. Y en ese proceso de rencores y agresiones, él terminó quedándose con casi todas las cosas que, según ella, habían adquirido desordenadamente entre los dos, como parte de una felicidad que parecía imperecedera, cuando pensaban que todo iba a ser compartido.

Así que esta vez ella le propuso a su actual pareja descartar malos entendidos. La verdad es que no intervino ningún abogado. En realidad lo que hicieron fue una especie de inventario pormenorizado en el que figura cada cosa y de quién es. También figuran las nuevas adquisiciones. Si las compraron entre los dos, ahí consta fehacientemente el precio y cuánto pagó cada uno. Cosa de que el día que decidan que la cosa no va más, puedan organizar una salida justa y equitativa.

Y si no se separan, bueno, tienen un papel en el cajón de la cómoda que pagaron entre ambos.

Ella me contó que cuando se lo propuso, él se sintió un poco ofendido. Y ella lo entendió. Pero luego él fue quitándole dramatismo al tema, entendió que ese papel en la cómoda a ella la dejaba más tranquila. Entendió que, en este caso, era una manera sencilla de quitarle a ella un fantasma de encima y entonces accedió al acuerdo.

Y a mí también me dio una sensación parecida: en la medida en que me contaba más y me explicaba por qué y como, empecé a dejar de sentir que era una cosa espantosa. ¿O sí lo es?

¡Los espero en Facebook!